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soliloquio

¿Y ahora qué?

Comparto con usted la locura por la lectura y por la escritura. Me apasiona y no es sencillo leer a Javier Marías, un erudito de las letras, las palabras y el lenguaje, que no solo domina la prosa a lo Delibes, sino que tiene la libertad que le propina la capacidad para ser un articulista suelto

Comparto con usted la locura por la lectura y por la escritura. Me apasiona y no es sencillo leer a Javier Marías, un erudito de las letras, las palabras y el lenguaje, que no solo domina la prosa a lo Delibes, sino que tiene la libertad que le propina la capacidad para ser un articulista suelto. Recién leí dos artículos suyos, dos de sus últimas reflexiones, a la sazón relacionada con dos cavilaciones que me asaltan a menudo; las dicotomías y las golfadas. Las primeras me acompañan desde mis iniciales confesiones, aquella cola para mentir siempre ante el confesor se me hacía interminable a la vez que por ella me deslizaba hacía unos ingenuos infiernos producto del onanismo y el desconsuelo. Las segundas me cabrean desde su conocimiento cuando me di cuenta que no era igual ser un trasto que un golfo.

Al hilo de lo anterior, me agradó con fruición la lectura de: “Esto no estuvo aquí siempre” y “Los peores y los mejores”, ambos de Marías, Javier el amigo de Blanca, son de una boga que duele. El primero habla de los caudillitos al uso, gentes de parcas y cargadas espaldas con pullover, y, el otro, Trata de intelectuales que se mojan poco por esto y por aquello.

Los peores se hacen fuertes cuando los mejores carecen de convencimiento. Cuando éstos se amedrentan y desisten. Cuando temen verse “sobrepasados” o repudiados. Cuando deciden que razonar, argumentar y pactar ya no sirve de nada. Ese “ya” es lo más peligroso que existe. Señala el momento en que los inteligentes arrojan la toalla, en que se resignan a no ser escuchados, en que se persuaden de que sólo el vocerío vale para hacerse oír, y de que, por tanto, una de dos: o hacen literalmente mutis por el foro o se suben a la grupa del simplismo y el estruendo, del blanco o negro, del conmigo o contra mí, de los patriotas y los antipatriotas, o, como sufrimos aquí a lo largo de cuarenta años, de los españoles y los antiespañoles.

Al hilo de los voceríos, me resulta aún peor la vileza de los que solo cuentan una parte de la verdad y viven para engordar su personal altanería, la que solo sirve para obtener los besos y los aplausos de sus altaneros de clá de la corte de los milagros puño en alto.

Me temo que se tienen que acabar las poses pusilánimes y las defensas pasivas con la mano tendida aunque solo sea para pactar quimeras. Me contaron que en política va de suyo tragar, mentir e inventar, no lo acepté por principios; confrontar, hablar y pensar me parece lo respetuoso con las personas y las urnas. Las machangadas son para el bareto con los camaradas no para la cámara de nuestros representantes.

Las tristezas no se hicieron para las bestias, sino para los hombres; pero si los hombres las sienten demasiado, se sienten bestias.

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