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domingo cristiano

¿Regenerar? Degenerar

Hoy comienza la Semana Santa, “una obra en tres actos”, como gustaba decir al obispo Felipe. Para algunos, puro teatro, el carnaval de los curas

Hoy comienza la Semana Santa, “una obra en tres actos”, como gustaba decir al obispo Felipe. Para algunos, puro teatro, el carnaval de los curas. Para muchos, unas fechas propicias para sumar números negros a la cuenta de resultados. Refiriéndose a estos últimos, escucho en televisión que “ésta va a ser la mejor Semana Santa en muchos años”. De hoteles y restaurantes iba la cosa, evidentemente.

Yo no veo mal alguno en que quienes no creen se refieran a estos días como si de un fenómeno puramente cultural se tratara, una especie de burbuja de las tradiciones que se ha fosilizado en el calendario y nos sale al paso año tras año. Lo que viene siendo arqueología religiosa. Peor sería que por decreto hubiera que bailar al son de tambores y cornetas procesionales, o al de cualquier cantinela que se impusiera como la única digna de ser bailada. Afortunadamente, esos tiempos han pasado.

Somos los cristianos quienes tenemos que regenerar la belleza y la hondura de estos días que llamamos santos. La belleza ha sido siempre una vía de encuentro con Dios. Lo bello, lo verdadero, lo bueno… nos pone. Aunque no soy yo mucho de procesiones, entiendo perfectamente la arrolladora fuerza de las imágenes y de los desfiles procesionales cuando están bien cuidados. Cuando no, resultan ridículos, como los de aquel cura que tenía un almacén de maniquíes que se iban convirtiendo en la Dolorosa, en santa Marta, en san Juan… según fuera necesario. Como lo están leyendo.

Y luego, la hondura. Ésa es la verdadera regeneración nuestra de cada día. La Semana Santa precisa de hondura, porque lo que se conmemora es lo realmente vital para la vida de un creyente en Cristo. La parafernalia, los actos, los mensajes, los comentarios, las homilías… O nos alejamos de las frases hechas y recurrentes, o mejor nos estamos calladitos. El misterio de la pasión, muerte y resurrección de Cristo encierra la definitiva palabra pronunciada por Dios sobre el hombre y sobre el mundo: las improvisaciones piadosas están reñidas con la madurez cristiana.

Regenerar la Semana Santa nos exige fidelidad a la tradición de la Iglesia y audacia para explorar lenguajes nuevos. Somos distintos a quienes nos precedieron en la fe, al menos en algunos aspectos. Este mundo nuestro es el mismo y absolutamente otro. Si no regeneramos, si sólo repetimos, estamos degenerando. Degenerar la Semana Santa es fosilizarla, conservarla bajo un guardapolvo con la intención de que no se estropee.

El reto es regenerar desde lo hondo, desde la siempre motivadora verdad del mensaje: que Dios ha entrado en la Historia, ha comido el polvo de los caminos para, finalmente, apuntar a un domingo sin ocaso. El futuro viene bueno, porque viene de Dios.

@karmelojph

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