Mientras la rama dura de la curia se acantona en la inmutabilidad del dogma y el imperio de la tradición y dispone sus guerrillas y añagazas para abortar las reformas, el Papa Francisco continúa, firme y constante, en su empeño de abrir la iglesia a los desafíos de los tiempos y a las demandas de los católicos de base. En la exhortación apostólica Amoris Laetitia, el Sumo Pontífice que pidió a los pastores “que olieran a ovejas”, encauza y enmienda, desde la razón y las buenas formas, los acuerdos de los sínodos de la Familia, celebrados en 2014 y 2015, que significaron de facto un duro desencanto, vestido de buenos modales, a la comprensión de la situación de los divorciados que, contra la imposición de los jerarcas integristas, quieren permanecer en la fe católica. Ahora en un documento posibilista y valioso, sin cambiar la letra de las conclusiones sinodales, plantea la necesidad de escapar de la acartonada rigidez para entender y tratar el modelo de familia. El providencial sacerdote que ocupa la Silla de Pedro recuerda las dos actitudes que aparecen en la historia de la Iglesia, los verbos enfrentados entre los que hay que decidir: “Marginar o integrar”. Para satisfacción del Santo Padre y de los practicantes y laicos que, a diario, se agregan a su lista de seguidores y admiradores, la elección está clara. Y, para esperanza de todos, aparecen influyentes seguidores que engrosan la causa de la gracia y la misericordia contenidas en la doctrina que predicó el Nazareno. “Nadie puede ser condenado para siempre – escribió Bergoglio en su primoroso documento – porque esa no es la lógica del Evangelio”. El culto cardenal Christoph Schönborn, miembro de una aristocrática familia austríaca, que se formó en la Orden de Predicadores y fue alumno predilecto de Benedicto XVI, se adhirió públicamente a esta posición y, a partir del documento papal, pronunció una frase que, por su talento y autoridad moral, suena a sentencia: “Seguir aceptando la prohibición de los sacramentos para los divorciados como una verdad o algo caído del cielo no tendrá ningún sentido”. Secundado por el secretario sinodal Lorenzo Baldisseri – “El acompañamiento forma parte de las doctrinas de la Iglesia” – este apoyo tiene una especial relevancia por la personalidad de Schönborn que, tras una brillante carrera académica y eclesiástica y la realización de delicadas misiones para la Santa Sede, accedió al Arzobispado de Viena en 1995 y al Colegio Cardenalicio tres años después; y mantiene un extraordinario prestigio personal e intelectual que lo situaron entre los cardenales papables en los dos últimos cónclaves.
Christoph Schönborn
Mientras la rama dura de la curia se acantona en la inmutabilidad del dogma y el imperio de la tradición y dispone sus guerrillas y añagazas para abortar las reformas, el Papa Francisco continúa, firme y constante, en su empeño de abrir la iglesia a los desafíos de los tiempos y a las demandas de los católicos de base
