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nombre y apellido

José Aguiar

Hoy se cumplen ciento veintiun años de su nacimiento en Vueltas de Santa Clara, Isla de Cuba – unos meses después regresó con su familia a La Gomera – y un siglo de su entrada como meritorio en el taller de José Pinazo (1879-1938)

Hoy se cumplen ciento veintiun años de su nacimiento en Vueltas de Santa Clara, Isla de Cuba – unos meses después regresó con su familia a La Gomera – y un siglo de su entrada como meritorio en el taller de José Pinazo (1879-1938). Había cursado el bachillerato en La Laguna y tenía, además, el aval de sus estudios en la Escuela de San Fernando por lo que fue aceptado de buen grado por el artista valenciano, que fue el más joven debutante en la historia de las Exposiciones Nacionales, autor de audaces composiciones grupales sobre temas costumbristas y folclóricos y por retratos de notable elegancia encargados y bien pagados por la burguesía madrileña. Concluida la carrera y el aprendizaje privado, la corporación gomera becó a José Aguiar Garcia (1896-1976) para una estancia en Venecia donde conoció en profundidad la pintura del treccento y la obra de su admirado Masaccio, alentó, a través de los maestros renacentistas, su vocación por las creaciones monumentales y favoreció su innata disposición para el color. En 1920 participó en el primer certamen estatal con “Comadres gomeras”; en 1924 acreditó el aprovechamiento de las enseñanzas directas e indirectas con “La Romería de San Juan”, una tela de gran formato que se conserva en su isla natal; en 1933, y con pleno reconocimiento en los círculos madrileños, opositó con éxito a la cátedra de dibujo de la Escuela de Artes y Oficios de Sevilla; en 1934 realizó su primer mural – “Friso isleño” – por encargo del Casino de Tenerife, y en 1935 expuso por primera vez en el Museo de Arte Moderno de Madrid. Vinculado al régimen vencedor, en la inmediata posguerra fue un artista requerido y mimado y dejó muestras de su solvencia técnica en murales y decoraciones en ministerios (Justicia y Secretaría General del Movimiento) y en las colecciones de distintas instituciones públicas madrileñas. Estableció su estudio en Pozuelo de Alarcón y asumió la decoración de la Basílica de Candelaria y el Palacio Insular. Más allá de sus posiciones ideológicas, fue un plástico de telúrica potencia, un colorista fastuoso que no tuvo rival en su época y que alternó sus ambiciosos frescos y encáusticas con magníficos retratos de políticos y eclesiásticos insulares y nacionales, bodegones exuberantes ponderados por la crítica, visiones atrevidas de la naturaleza canaria y creaciones religiosas y civiles con repertorios de personajes y actitudes gestuales que entraron, por méritos objetivos, en el catálogo del arte español del siglo XX.

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