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a veces soy humano

El gobierno de las personas

Conteniendo las náuseas se desayuna uno cada mañana con una sesión radiofónica de noticias en cuyo centro está la clase política profesionalizada que ha hecho, o quiere hacer, de la representación de los ciudadanos su modus vivendi. Cuando parece que recupero el aliento y la tranquilidad, mi cuerpo zozobra de nuevo. No debido al café solo y corto que me tomo en el local de costumbre, es que he abierto un periódico y de nuevo las pésimas noticias relacionadas con la incapacidad para gestionar, el mamoneo de los fondos públicos o las trapisondas consistentes en decir una cosa en público, para acabar haciendo exactamente lo contrario en cuanto se apagan los focos y los micrófonos.

Si se quiere sobrevivir en política, si se quiere disfrutar cómodamente del erario público, con la perspectiva de los años de experiencia y observación acumulados al respecto, puedo afirmar que dicha estirpe es capaz de cualquier cosa con tal de aferrarse al cargo, al sueldo, a las prebendas y al peloteo circundante que les rodea habitualmente. La política como actividad y su elenco de actores habituales se sitúan hoy en día en lo más bajo de la consideración ciudadana, ubicación ganada a pulso por la mayoría de nuestros representantes. Al igual que uno se sienta a escoger las lentejas frente a un plato de fondo blanco, casi idéntico examen habría que practicar para detectar a un político capaz, serio y congruente.

Es necesaria una revolución, tanto de la vieja como de la autodenominada nueva política. Hay que derrocar egos, mover los sillones, sacar de la esfera pública a todos los que insisten en hablar entre ellos como si fueran los únicos protagonistas de la historia. Hay que relevar a los políticos de las frases hechas; las manipulaciones burdas; las campañas estériles… esos y esas cuya máxima preocupación es lograr colgarse todos los días de las páginas de los medios de comunicación, las señales radiofónicas o las pantallas de televisión, además también ahora contagiando las redes sociales. No quiero ser injusto, todos no son iguales pero…

Necesitamos personas, ciudadanía en estado puro. Sin dependencias externas más allá que las ganas por hacer algo diferente al servicio de los demás; sin fidelidades miedosas y perrunas a sus líderes; sin agenda ni acciones en el mercado de los favores; sin capacidad para mentir y embaucar permanentemente. Necesitamos un gobierno de personas que rescate la actividad política dirigida a la solución de los problemas de la gente, sin títeres, ni grupos de presión o testaferros de voluntades cautivas.

@felixdiazhdez

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