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Elecciones decisivas

Cansados del juego de la “política de suma cero”, consecuencia del escaso respeto de nuestros partidos políticos hacia la sociedad civil que los sostiene, ahora los partidos se nos acercan pidiendo el voto para el 26 de junio.

Cansados del juego de la “política de suma cero”, consecuencia del escaso respeto de nuestros partidos políticos hacia la sociedad civil que los sostiene, ahora los partidos se nos acercan pidiendo el voto para el 26 de junio. Por ello hago mi análisis, para alejar mi decisión de la abstención y de la pasión que algunos defienden. Lo hago en torno a cuatro temas que me parecen decisivos: Estado, empresa, educación y familia. Y una postura previa que veíamos en el artículo pasado de Impuestos Infinitos, donde decíamos que el Estado ha ido creciendo sin límite, apoderándose de más funciones de la sociedad civil, con el fácil mecanismo de aumentar la presión fiscal. Por ello el conflicto político básico no es de ideologías, sino de forma de ocupación del Estado. Las sociedades hedonistas formadas en el relativismo son víctimas propiciatorias de la situación. Indignadas ante la pérdida del consumo, cayeron en su día en el espejismo de Zapatero y hoy en el podemita. En esta sociedad fracturada, buena parte de las clases medias piden más Estado, en lo que coinciden los populismos de izquierda y derecha, elevando impuestos, regulaciones y barreras proteccionistas. No es por ello contradictorio, sino coincidente, ver a Verstrynge con los podemitas, al igual que localmente a Paulino Rivero, con los mismos, en la Ley del Suelo de Canarias. Se sacrifica la libertad individual, la iniciativa de empresa al Estado, que crece junto al aumento de los supuestos “derechos sociales”. Que si los dejamos los blindan constitucionalmente, como lo ha dicho hasta el “errático” Sánchez, que también se apunta a deshacer la reforma laboral, subir impuestos directos y los de la propiedad. Volver al pasado es todo lo que ofrecen. Nuestra postura con el Estado es que debe ser único en igualdad de derechos y deberes. España es el Estado más desconcentrado del mundo, por encima de Estados federales. Con su confederalismo, que no existe en ningún lado del mundo, el PSOE nos ofrece el discurso de su incapacidad para definir algo cierto en positivo.

La deconstrucción podemita produce un estado ingobernable, aliado a todos aquellos que quieren multiplicarlo. La finalidad del populismo no es reducir la pobreza, sino beneficiarse en gestionar el asistencialismo. Lo mismo que sus homólogos venezolanos fracasados. Para ello deben ocupar el Estado. Con la empresa otro tanto. Ésta precisa libertad, seguridad jurídica y bajada de impuestos y si quiere competir en la globalización, bajar las cuotas empresariales de la seguridad social, a financiar reduciendo el gasto público sobrante. Necesita flexibilidad del modelo, con formatos empresariales nuevos y estructuras de costes renovados. Con todo ello se insiste en volver hacia atrás. La escuela en España copió el modelo de la escuela comprensiva de la Europa socialdemócrata de los años 60, donde la disciplina no debe imponerse, los exámenes son segregacionistas, la competencia es perniciosa por lo que se aprende jugando, lo contenidos no son importantes. Se acabó con el esfuerzo, la disciplina y el mérito, que había conformado la base de la humilde escuela española de posguerra. Nos fuimos con ello a la cola del Informe PISA. Y por último, la familia, la base de la sociedad civil, también deconstruída por la ideología de género, la falta de ayudas familiares, el mercado laboral imposible y el relativismo moral. Atender la respuesta a estos cuatro temas es el reto de las opciones electorales, donde casi ninguno se acerca. Igual la solución es que todos nos ignoren, ello sería cierto si bajaran los impuestos. Nuestro modelo es inclusivo, el otro excluyente, al prohibir las opciones ajenas. Por lo que creo y veo, votaré con la cabeza y el bolsillo.

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