Cuando escribo faltan horas para ir a votar al Campo de La Manzanilla. Nos toca dirimir en las urnas los destinos de España para los próximo cuatro años o para 24 meses caso de que a algún cretino se le ocurra en aras a una exhibición populachera someterse a una moción de confianza a mitad de camino con el fin de echar el rato. Son las nueve, desayuno y me voy a votar, ando tapándome la nariz. No me extraña nada de lo que pasa. Ya voté.
Ya son las once de la noche de un domingo, no uno cualquiera, es el veintiséis de junio de este año, empiezo a ver los rictus, los ceños, las risas, los morros y otros gestos en las caras de los candidatos electos y no. Siempre sorpresas, es lo que tiene el pueblo cuando pasa por las urnas y deposita las papelas por la ranura custodiada por los miembros de las mesas a los que nadie agradece su papel, su importante contribución a la cosa común en un domingo que nunca se repetirá. Por la tele la cara de los líderes evidenciaba la verdad, los resultados eran los que eran, y, aún más claro, son una foto fija de la España que somos. Un país en el que la derecha es una piña en torno a sus cosas y la izquierda se parece más a la Banda del Mirlitón, la de Ismael aquel folclorista que cayó en desuso al poco de empezar por las desavenencias de sus acólitos, que a una legión organizada. Lo explico con algo más de detalle, dirimo.
La izquierda es una turba indomitae, hasta el punto de travestirse ideológicamente según y cómo brisque el interés circular. Empiezo por los socialistas que viven marcándose y a poder ser cortando la hierba bajo los pinreles del elegido de turno ¡Observe! A las pocas horas saltaron a la palestra con descaro la andaluza Díaz y el extremeño Vara, ellos no habían sido. La de los socialistas andaluces admitió que el resultado electoral del PSOE había sido “malo” y abogó por “tomar nota”, “aprender”, ir a la oposición y “reconstruir el partido”. El oliventino que en su día dijo que “la gente espera del pesoe menos cuentos y más soluciones”, hoy dice que: “Si algunos de los que están en Madrid no se han enterado todavía lo que sentimos los españoles de la periferia, es que la gente está harta…”. Al parecer los andaluces y los extremeños, tierras en las que en las últimas ganó el pepé lo tienen todo claro. El caso es medrar en casa para pillar señorío, el resto cafufa…
Los dirimidores por excelencia y sabiduría metodológica son los circulares, los de unidos tampoco podemos. Al poco, como siempre saltó al ruedo uno de los padres de la criatura, el gentil Monedero: “A Unidos Podemos le ha faltado calle y le ha sobrado mercadotecnia”, y como de todos es sabido “la teoría de sistemas establece que todos los factores coevolucionan; buscar un único factor no es correcto” ¡Eh! ¡Olé tus bemoles! Por otra parte entre Pablo Manuel e Iñigo corren malos tiempos, si bien, la que sale al paso como siempre es Bescansa que cometió el error de no hacer su propia encuesta, la podemita no para de flagelarse por el “tortasso”. Mientras esto sucedía Echenique se vino arriba y luego negó que cuando dijo lo de “extirpar las malas hierbas” se refería a hacer una purga en los sectores críticos de la formación, aunque sí se ha mostrado contra los “cortijos” y “reinos de taifas” en su morada. ¡Toma gasolina!
Todos en sus cuitas, los de enfrente saltando en el balcón, con la vice bailando descocada, como debe ser. Como escribió Rubén Darío en Azul, para los griegos el merito de la obra estriba en el asunto, antes que en el estilo; en la idea poética, no en su ropaje. La clámide no hace al hombre ¡Demasiado ropaje…!
Ramiro Cuende Tascón.
