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Las cuatro formas de la verdad

El ejercicio real de la política contradice la moral y no puede depender de ella. Debe guiarse por la verdadera realidad, atenerse a lo que es y no a lo que debe ser

El ejercicio real de la política contradice la moral y no puede depender de ella. Debe guiarse por la verdadera realidad, atenerse a lo que es y no a lo que debe ser. El interés superior es ganar el poder, aunque ello vaya “contra la fe, contra la caridad, contra la humanidad o contra la religión”. El político debe ser amado y temido simultáneamente, actuar como bestia y como hombre. Mejor es parecer que ser, la mayoría sólo juzga por la apariencia y los resultados. El político gana aprecio acometiendo grandes empresas, adquiere respeto si es decidido, si es amigo o enemigo, jamás neutral o dudoso. Así, señala Maquiavelo en El Príncipe, tratado de economía política escrito en 1513, tomando como modelo a nuestro Fernando el Católico, cofundador del actual Reino de España, que debe actuar nuestro príncipe, hoy político.

La política y la verdad encajan mal. En política, el lenguaje deja de ser un medio de comunicación, para convertirse en un instrumento de manipulación. Las variadas capas del lenguaje, su ambigüedad, permiten mantener mensajes contrapuestos. La verdad es algo abierto, no tiene método, se construye. La verdad encierra cuatro formas de expresión en la política. Sostenemos para ello el discurso en la clásica definición de ella: mentir es “decir lo contrario de lo que se piensa, con intención de engañar”. Decir, pensar, intentar y engañar: con cuatro acciones se construye la verdad. Por ello nos cuesta entender la actual política española, escondida dentro de ella.

Hoy jugamos a valorar cómo se comportan nuestros cuatro grupos políticos, al “poder y a la verdad”, cuyo ejercicio venimos observando en dos elecciones y sus pactos. De izquierda a derecha, quien más ha retorcido la verdad en busca del poder ha sido Iglesias, de Podemos. La falta de apariencia ha lastrado los resultados que le daban las encuestas. Engañó a éstas, pero no a los votantes. Es quien más ha manejado el juego de la verdad política, en la búsqueda del poder.

Sánchez del PSOE, carece de las virtudes del príncipe, “amigo o enemigo nunca neutral o dudoso”, incluso en sus convicciones que aparentan no ser propias. Su expresión de la verdad es muy limitada, entre lo que “dice, piensa o intenta” y le resta por ello capacidad de maniobra para ganar el poder.

Con análoga dificultad en el manejo de la verdad se ha encontrado Rivera, de Ciudadanos. Los tres grandes problemas del país son la “unidad de España, el empleo y el gasto público”. Rivera ha sido premiado por el primero y no ha aclarado los otros dos. O príncipe o villano. En el juego de suma cero de la política, la verdad se debe al poder. Cuando vota el ciudadano lo restaura, al margen de los daños colaterales de la corrupción.

Rajoy, del PP, por experiencia, formación y gallego, está versado en el “juego de la verdad”, y aunque sin mucha convicción, acierta en el mensaje cuando dice que defiende España, que creará dos millones de empleos y que bajará los impuestos. Sólo en estas grandes empresas adquiere respeto el político, esto es servir al ciudadano en el juego de las cuatro formas de la verdad y en la resolución del poder al servicio del ciudadano. Pactarán.

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