Addoor Sticky
opiniÓn

Muertes y más muertes

Va a ser verdad lo que nos contó Quevedo sobre la muerte y la vida: “Lo que llamáis morir es acabar de morir y lo que llamáis nacer es empezar a morir y lo que llamáis vivir es morir viviendo”. “Tras ellos venía la locura en una tropa con sus cuatro costados: poetas, músicos, enamorados y valientes”...

Va a ser verdad lo que nos contó Quevedo sobre la muerte y la vida: “Lo que llamáis morir es acabar de morir y lo que llamáis nacer es empezar a morir y lo que llamáis vivir es morir viviendo”. “Tras ellos venía la locura en una tropa con sus cuatro costados: poetas, músicos, enamorados y valientes”… Quiero pensar que se le olvidaron los locos, esos a los que la vida y la muerte les parece una estupidez, cuestiones que nos planteamos los idiotas que nos creemos algo.

Me parece muy preocupante esta sociedad que cada vez se parece más a esas personas que rondan a las puertas de los juzgados para insultar y lanzar maldiciones al detenido de turno, normalmente esposado y por lo tanto indefenso en esos momentos, por grave que sea el delito del que se lo acusa.

Somos una una sociedad ávida de líos y de vísceras y no me refiero a riñones al jerez o mollejas en salsa de cerveza o higado de ternera con papas de mamá, me refiero a la tan denostada casquería, a la que hoy gracias a nuestras abuelas y a los franceses que a las mollejas las llamas “Ris” y a los hígados “Fuás”, comer casquería ha pasado de ser un asco a convirtirse en algo sofisticado y cuasi elegante, me olvidaba de la ensalada templada de mollejas con cigalas al vapor de algas, morros al vinagre de Pedro Ximenez y las carrilleras de ibérico caramelizadas con pera Williams. Una sociedad entregada a la casquería en todas sus vertientes, quizás fue así siempre pero la burbuja nos llevó al olvido,
que cada mañana se despierta pensando en ver a quién se lleva hoy por delante que si no cae nadie con motivo, se inventa o magnifica alguno para que no falte la ración del día.

Claro que no toda la sociedad es así. Entre nosotros sigue habiendo gente ecuánime, razonable y equilibrada, que sabe quitar importancia a lo que no la tiene. Pero lo propio de esta gente es permanecer callada, o al menos no alzar la voz, de tal manera que lo que manda y se oye es el griterío incesante de los irascibles, de los locos, de los que desean despedir y eliminar cualquier forma de sensatez ¡a las noticias diarias me remito!

Una peligrosa época en la que se consienten y admiten la más peregrina susceptibilidad y la más arbitraria subjetividad. “Si yo me siento ofendido, hay que escarmentar al ofensor”, es el lema universalmente aceptado, sin que casi nunca se pongan en cuestión las excesivas suspicacia o sensibilidad o intolerancia de los supuestamente ofendidos. Siempre quedará algún loco a quien ofenda nuestra mera existencia. Ya va siendo hora de que algunos digamosde vez en cuando como escribió J. Marías: “Si he ofendido a alguien, me temo que es problema suyo y de su delicada piel. Quizá convendría que fuera al dermatólogo”.

Pues sí, una vez más en la historia de los mundos volvemos a jugar aleatoriamente con la vida y la muerte, da igual; la infancia que la senectud, como en Niza hemos podido sufrir, el caso es llevarse por delante esta molesta convivencia que hemos conseguido. Mientras en el avión escribía estas letras, al otro lado del pasillo un grupo de chicas hablaba de una agencia de modelos en La Camella, me hizo recordar al romántico Lord Byron: “El amor halla sus caminos, aunque sea a través de senderos por donde ni los lobos se atreverían a seguir su presa”.

Ramiro Cuende Tascón

TE PUEDE INTERESAR