Atravesamos en cuatro días dos elecciones, el Brexit y la segunda vuelta de las españolas. Imprescindibles y con varias coincidencias. Ni las encuestas previas, ni los institutos de opinión, ni los partidos políticos acertaron. La crisis del proyecto europeo se acentúa. La pasada recesión se ha cerrado en Europa con un escaso crecimiento, un insostenible Estado de bienestar y la creciente crisis de los refugiados. En todo ello se pone de manifiesto la debilidad de la UE, para abordar escenarios de alto riesgo sistémico. Europa se debilita claramente con la salida inglesa. Pierde soporte en el flanco atlántico, en la defensa común, como potencia económica y diplomática, en la esfera internacional. Se rompe el equilibrio liberal-estatista de la Vieja Europa. Se desencaja al amigo americano. La crisis, que es de la globalización, trae a escena los nuevos populismos, que en Europa se manifiestan al sur con formas de izquierda, España, Grecia, Italia, y al norte con formas de derechas, Le Pen en Francia, la UKIP, Holanda, Austria, Alemania. En Estados Unidos, el televisivo caso Trump. En Sudamérica, el chavismo, Bolivia, los Kirchner y tantos otros. En esencia los populismos, bajo la teoría de defender al más débil, precisan ocupar el Estado, al que convierten en defensor de la población, acabando finalmente trastocándolo en mecanismo para mantener su poder y hegemonía política. Predominan planteamientos emocionales sobre las racionales, se manipula la información y los medios, se refuerza el liderazgo carismático. La economía es imprevisible y oportunista. El enemigo siempre está fuera.
Las democracias representativas nos hacen libres e iguales ante la Ley. Con Constitución, división de poderes, sufragio universal, derecho de propiedad, libertades de expresión, prensa y asociación, respeto de los Derechos Humanos. Suele coincidir que los países con mayor nivel de democracia tienen mayor PIB per cápita, mayor índice de desarrollo humano, menores índices de pobreza, corrupción y desigualdad. En el Brexit ganó el populismo y en España la Democracia. Con todos sus errores no nos hemos disparado en el pie, como ahora los ingleses con casi ya cuatro millones de arrepentidos y habiendo perdido en cuatro días más de lo que han pagado en Europa en toda su historia. En España hemos reaccionando con cordura ante el Brexit, que no figuraba en las encuestas. Sólo con comparar lo que aleja nuestra democracia de las obligaciones señaladas podemos verlo. Una democracia consciente, que corrija las derivas estatistas, con derechos y obligaciones para todos. No podemos permanecer impasibles, pendientes de lo que otros decidan por nosotros.
En medios de la prensa salmón aparecía en estos días George Soros, húngaro americano, financiero y filántropo, presidente de la Open Society Foundation, donde, luego del Brexit, señalaba que la Europa que conocemos hoy está “tocada de muerte”. Preocupante cuando lo dice quien señala la crisis actual de la globalización como la más grave que ha conocido. Alguien que ha venido defendiendo la urgencia inaplazable de la moneda única europea.
La pérdida de Inglaterra dificultará su evolución hacia la sociedad abierta, que muchos reclaman, dada la natural deriva estatista de la Europa continental. Hará insostenible el Estado de bienestar y la Europa común. Elegir ser populista o demócrata: that is the question.
