
El árbitro de vóley playa tinerfeño José María Padrón tocó el cielo con la yema de sus dedos el pasado 17 de agosto al dirigir como principal la gran final de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, donde las alemanas Laura Ludwig y Kira Walkenhorst lograron el oro al superar por 2-0 a las brasileñas Agatha Bednarczuk y Barbara Seixas De Freitas en el espectacular estadio de Copacabana. A sus 45 años, más de diez en la élite del vóley playa, Chema Padrón certificó su condición de uno de los mejores árbitros mundiales protagonizando una histórica actuación en sus segundos Juegos, alcanzando el mayor reconocimiento posible, un gran colofón para una actuación de veinte encuentros.
Hace unos días que llegó a Tenerife pero aún continúa en una nube. “No sé cuántas llamadas y mensajes he recibido pero han sido tantas que incluso durante los Juegos tuve que desconectar el móvil, para poder concentrarme en la competición y para evitar que me arruinara la factura al final de mes (Ríe). Ha sido alucinante ver a la gente volcada conmigo cada vez que me conectaba a las redes sociales, y recibir las felicitaciones de muchísimos amigos y gente desconocida que se sentían orgullosos de que les representara y llevara el nombre de Tenerife. Aunque no recibimos una medalla, los árbitros también somos deportistas, no solo son los jugadores, los entrenadores, preparadores físicos, masajistas, psicólogos, recuperadores, incluso el público que está en la grada y que anima y se emociona con el juego, con el triunfo o la derrota, cada uno en su rol los considero deportistas”. Su designación no fue una sorpresa pues Padrón está en el top de los mejores árbitros de vóley playa del mundo y ha dirigido en los últimos años muchas finales en mundiales, europeos, Grand Slam y World Tour. Pero una vez completado este objetivo, José María se marca nuevos retos deportivos. “Mi mujer me preguntó ¿Y ahora qué reto te marcas tras poner el último cromo que te faltaba en tu álbum (finales de mundiales, europeos, World Tour, Juegos Olímpicos), pues ésta es la culminación del trabajo? y sin pensarlo, respondí, ‘Pues nada, empezaré otro album nuevo’”.
Y además de Padrón, Susana Rodríguez pitó como principal la final de voley sala femenina. “Fue espectacular dos representantes españoles en los Juegos y ambos principales en dos finales. Detrás de este éxito hay muchísimo trabajo, no es ir a la tómbola y sacarte la chochona. Dirigir la final es la recompensa al trabajo realizado, pasar desapercibido y que nadie se acuerde de nosotros. En mi final, con 13.000 personas en el estadio de Copacabana y jugando Brasil, salí felicitado por el trabajo realizado y sin un pero a mi labor pese a perder las anfitrionas por 2-0. Ese es nuestro premio, nosotros no subimos al podio y recibimos una medalla. Salimos por la puerta de atrás, vamos a nuestra caseta, y nos abrazamos satisfechos por el trabajo realizado”, recordó.
José María Padrón dirigió en los Juegos de Río de Janeiro 20 partidos, 7 como primer árbitro, 6 como segundo y 7 de tercera (reserva por si algún titular tuviera una indisposición, y que además tiene como funciones el control de los Challenge que piden los equipos si fueran negativos). Esta cifra es idéntica a la que hizo en los Juegos de Londres, donde pitó como principal una semifinal y fue suplente de la final masculina.
“Las jornadas eran maratonianas, pero no como una prueba del World Tour, pues habían tres turnos. En la competición de grupos, un día pitaba mañana y noche, el siguiente alternaba y solo pitaba en el turno de la tarde. En cada turno se jugaban cuatro partidos, de los que pitaba uno o dos, y al final no son tantos. Pité 20 partidos en 13 días no son nada si los comparas con los 25 a 38 en cinco días en una prueba del Circuito Mundial. La competición olímpica no es pesada, pero si estás mucho tiempo en el recinto, por lo que tienes que buscarte distracciones como la lectura, oir música y trabajar con el psicólogo de la Federación Internacional ejercicios de relajación, concentración, equilibrios y juegos de entretenimiento”. Cuestionado por la organización de estos Juegos de Río en comparación con Londres, Padrón señaló que “con todo lo que se había dicho, íbamos un poco con la mosca detrás de la oreja, pero la verdad es que en el vóley playa fue espectacular. El estadio que montaron en la playa de Copacabana para casi 13.000 personas y toda la infraestructura anexa (carpas de jugadores, organización, comedores, médicos, etc.) era de altísimo nivel. La retransmisión de televisión fue para quitarse el sombrero, y el estadio impresionante, y aunque se llenó a partir de cuartos de final, desde el primer día había una gran entrada con más de 8.000 aficionados. Se cumplió lo que todos esperábamos, que el vóley playa iba a ser uno de los deportes rey por afluencia de espectadores y compra de derechos de imagen por las televisiones. No tengo argumentos negativos, también porque Brasil es sinónimo de vóley playa, La seguridad fue muy importante, con militares y policías en todas las calles y rincones de Río”.
RECUPERAR ‘SU VIDA’
Los Juegos de Río de Janeiro fue la última cita de una intensa temporada para José María Padrón. Ahora llega un período de descanso necesario con su pareja y la familia y el momento para recuperar su vida laboral y todos esos días fuera de Tenerife (más de 130 de los 365 que tiene el año). “Hay que recuperar el tiempo perdido con la familia y amigos, contando las anécdotas que, aunque ya llevo varios días repitiendo lo mismo, no me aburre ni me cansa”, afirmó.
También es el momento para que José María Padrón continúe trabajando en su empresa (es autónomo) “pues el voleibol es un hobby y, aunque sea una actividad pagada, no es mi profesión ni vivo de ello”, finalizó.
