
Bob Dylan suma el Premio Nobel de Literatura a su palmarés, donde también se cuentan varios premios Grammy, el Pulitzer, el Óscar y Globos de Oro. Cuando la secretaria permanente de la Academia Sueca, Sara Danius, anunció el fallo, se escucharon expresiones de sorpresa en la sala, también en las redes sociales, en las sobremesas y en los medios. Críticas y alabanzas a partes iguales. Y es que de Dylan no se encontrarán tantos libros como trabajos discográficos en las estanterías. Y sus títulos se compran más bien en las tiendas de discos y no en las librerías: es la primera vez en la historia que se concede este reconocimiento a un músico, y ya comienza a nombrarse a otros para próximas ediciones.
El jurado le ha otorgado el galardón -más un premio en metálico de 800.000 euros- al estadounidense por crear una nueva expresión poética de la música popular americana. “Se trata de un gran poeta capaz de reinventarse en sus 50 años sobre el escenario”. Algunos lo comparan con Homero o con Safo de Lesbos para buscar una justificación que rebaje el sonido de las críticas ante este “polémico” nombramiento. Aunque la mejor justificación aparece cuando se leen sus letras. Con la condición humana en el ojo del huracán, Dylan ha sido y será fuente de inspiración para toda una generación y una figura imprescindible para entenderla. ¿Es merecido? The answer, my friend, is blowin’ in the wind (la respuesta flota en el viento).
