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El teatro profesional de las Islas, en precario

El sector denuncia la falta de financiación y la ausencia de una programación estable pese a los buenos datos de recaudación y de espectadores

Si se echa un vistazo a los últimos datos proporcionados por la SGAE, en su Anuario de las artes escénicas, musicales y audiovisuales de 2015, se podría tener la sensación de que las artes escénicas, y en especial el teatro, comienzan a recuperarse después de los años más duros de la crisis económica. En el caso de Canarias, el número de funciones teatrales se incrementó considerablemente y se mantuvo entre 2014 y 2015: de las 202 funciones registradas en 2011, el peor año para la escena canaria, se pasó a 447 en 2015. También el número de espectadores se multiplicó, de los 66.562 apuntados por la SGAE en 2011, se han sumado 137.039 para 2015. El incremento de estos dos factores ha dado como resultado un aumento en la recaudación. De los 2.500.000 euros de 2011 se ha pasado a los 4.700.000 en 2015, una cifra de récord en el Archipiélago.

La tendencia es positiva, sin embargo, no es algo que puedan percibir las compañías canarias de teatro profesional -al menos no todavía-. “Nos adaptamos a la crisis que vive el resto de la sociedad un tiempo después, pero continuamos trabajando en esa dura realidad. En mi opinión, la situación de las artes escénicas en Canarias es mala o muy mala, penosa”, declara Ricardo del Castillo, director de Morfema Teatro. Esos datos, apunta, pueden ser resultado de la suma de las grandes producciones nacionales que han pisado las Islas en los últimos años, como es el caso de The Hole o Sister Act. “Como compañía canaria, si haces 15 funciones por los circuitos institucionales en un año -las que tiene en cuenta la estadística-, tienes mucha suerte”, apunta. ¿Cuáles son los factores que hacen que el teatro profesional siga estancado en la crisis? ¿Hay manera de remediarlo? ¿Qué se está haciendo al respecto? ¿Cómo hacen los profesionales para sobrevivir en un sector que todavía hoy vive en precario? Así lo ven sus protagonistas.

Helena Romero, Amanhuy Calayanes y Ricardo del Castillo. / Fran Pallero

Helena Romero, directora de Helena Turbo, acaba de estrenar una nueva obra, Esmeralda. “Aquí estrenar es como construir una catedral”. La producción de una obra es el mayor reflejo de la precariedad del sector. “El teatro es un campo de lenguajes múltiples; con la crisis hemos tenido que recortar por todas partes. Tuvimos que reducir el número de actores, de medios técnicos, buscamos textos que no generen gastos de autoría. Es difícil estrenar con un formato medio, las producciones se hacen bajo mínimos”, ejemplifica. Ella señala el problema en la falta de continuidad y de trabajo en la gestión cultural. “Lo que más nos interesa a las compañías de teatro es que la gestión cultural avance, pero no sobre el papel, sino sobre la sala, que esta tenga una programación, que sea transparente en sus presupuestos y que cada municipio se comprometa en acoger un número de funciones anuales”.

Para Amanhuy Calayanes, de Abubukaka, el problema se encuentra en la falta de mercado. “Creo que aquí nunca se ha terminado de consolidar un mercado por muchas razones: la insularidad, la falta de gestión cultural efectiva, la falta de constancia… De repente un municipio engancha un buen año de programación cultural, de repente desaparece. Todo es muy inestable siempre”.
Su compañía goza de un gran éxito en el Archipiélago. “Nosotros podemos tener unas 60 actuaciones al año, pero la mayoría son inventadas, pedimos a los teatros públicos que nos abran y nos jugamos a ir a taquilla”. Su público nunca le defrauda.

[su_note note_color=”#d0d3d5″ radius=”2″]El perfil de la escena canaria
2014 llegó para romper con la tónica crítica que definía el panorama escénico en España, también en Canarias. 2015, sin embargo, ha desinflado las cifras. No tanto como para alarmarse, más bien como para sospechar que el número de funciones, espectadores y recaudación se equilibra. No obstante, las Islas continúan a la cola. [/su_note]

Ricardo del Castillo lleva años trabajando por mantener a flote su compañía, Morfema Teatro. Para él, el problema reside en la falta de financiación. “Lo más importante es que los presupuestos de Cultura se incrementen. Este año, todos los presupuestos del Gobierno de Canarias se mantuvieron o incrementaron, menos el de Cultura, que disminuyó. Con esos datos no podemos decir que estamos saliendo de la crisis”. Tiene claro el diagnóstico: la precariedad de las compañías conducen a la baja calidad de los productos. “Hay que paliar esa precariedad, dotar de más dinero a los circuitos que ya existen”.

Para mejorar esta situación, esta semana tuvo lugar el primer encuentro de la Red de Artes Escénicas del Cabildo Insular de Tenerife, entre el lunes y el martes en el Aguere Espacio Cultural. “No sabemos todavía las consecuencias de esta red, pero al menos veo que se hace algo. Desde mi punto de vista, llevábamos cinco años huérfanos de cualquier tipo de acción”, apostilla el actor Amanhuy Calayanes.

Esta red buscaba mostrar las producciones profesionales hechas en Canarias a los gestores culturales locales para potenciar la contratación. Una idea que aplauden las compañías, pero que también colocan en tela de juicio. “Fue un curso acelerado de cómo programar a ciegas. La Red viene a responder a una problemática seria, los programadores culturales de las Islas no conocen el teatro que se hace en Canarias”, describe Del Castillo. “Tuvimos que presentar nuestras últimas producciones en solo 10 minutos. Éramos unas 40 compañías, cada uno quería dar lo mejor de sí, fue mucha información en poco tiempo para los gestores, no sé si eso va a revertir o si plantearán otra fórmula menos estresante para otras ediciones”, añade Helena. Estrés también es el término usado por Del Castillo. “Se puso patas arriba el circuito de teatro, ahora las compañías y los gestores tenemos que programar todo un año antes del 30 de noviembre, antes podíamos hacerlo 40 días antes de la actuación”. Las críticas son constructivas. “La primera vez se puede hacer de forma improvisada, las siguientes deben hacerse mejor, pero deben hacerse. Todo el sector ha colaborado, hay interés”, concluye Romero.

Hasta que no se mejore la inversión, hasta que no se cree un circuito y un mercado estable, y hasta que la gestión de la cultura no se organice de forma efectiva, estos tres protagonistas del teatro local no conciben una mejoría en el sector. Hasta entonces, seguirán trabajando en precario. “Te adaptas a las circunstancias, tienes que buscarte la vida en otras historias para poder seguir adelante”, subraya Del Castillo. “Tienes que diversificar, restringir gastos, trabajar el doble. Vivir del teatro, vivimos, pero en precariedad, sin olvidarnos de las consecuencias sociales, como no poder conciliar el trabajo con la maternidad. Yo fui madre a los 40”, concluye Helena. “Yo a los 42”, dice Del Castillo. “Yo con 37 ni me lo planteo”, finaliza Amanhuy.

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