
Poco después de las nueve de la noche del pasado miércoles, una llamada al 1-1-2 del vigilante de seguridad de la empresa Kalise en el Polígono Industrial Valle de Güímar desató las alarmas. “Ha habido una explosión, hay una fuga de gas”, fue el primer aviso, y a partir de ahí, la avenida principal del polígono se convirtió en un gran parking de coches de Guardia Civil, policías locales de Candelaria, Arafo y Güímar y bomberos voluntarios del Valle.
Media hora más tarde, al decretarse el nivel 3 de emergencia, llegaron los bomberos de Santa Cruz, una prueba evidente de la necesidad de contar en el Valle con un centro comarcal de seguridad, una demanda ya planteada en el Cabildo.
Tinerfe Fumero es el primero que relata la noticia en la web de DIARIO DE AVISOS y sobre las once menos cuarto nos trasladamos hasta el Polígono con Víctor Brito, de Mírame TV, los dos únicos periodistas presentes a esa hora en el lugar de los hechos. Alguien dijo entonces que se había desalojado el caserío de El Socorro, pero en realidad lo único cierto es que la Policía Local alertó a los vecinos de que cerraran las ventanas por miedo a inhalar ese gas “tan cantoso”, como lo define el ingeniero jefe de Kalise, Jorge Naranjo, que el día después quitó hierro al asunto. “Fue exagerado llamar al 1-1-2 y por eso se montó tan gran dispositivo; solo fue un susto”, argumentó, al tiempo que mostraba la pequeña válvula dañada que ocasionó que el gas saliera del cuarto de los compresores.
Sin embargo, no es menos cierto que en el cordón de seguridad montado la noche del miércoles, con un perímetro de 500 metros, el olor era insoportable y la sensación de agobio también, sobre todo cuando logramos acercarnos, gracias a una mascarilla que nos cedió un policía de Candelaria, apenas a 50 metros de la Kalise, media hora antes de que se diera por sellada la fuga, en torno a la medianoche, justo cuando llegaban al lugar otros periodistas.
Los bomberos abandonaban aliviados el polígono y los ediles de Seguridad de Arafo y de Candelaria, Juan Ramón Martín y Carlos Sabina, también, mientras todos buscaban al alcalde Lemes, que no contestó ni las llamadas de su concejal -cambió de móvil-. Brito estaba liada con Bajo la Cuesta y Luisa Castro no pasa de su raya azul. Así funcionan las cosas en un Polígono aún sin entidad que lo conserve y que lo proteja.
