Retroceder en el tiempo 500 años e imaginarse el casco de San Juan de la Rambla como un terreno volcánico, sin alumbrado, carreteras ni viviendas, puede resultar apasionante. Si a eso le añadimos que la historia la cuentan los propios protagonistas de la época, como el matrimonio de origen portugués conformado por Martín Rodríguez y Catalina Hernández, fundadores del municipio, cautiva aún más.
Y eso fue lo que sucedió ayer con ‘La Villa del Malvasía‘, una ruta turística que recrea el nacimiento de la localidad norteña a mediados del siglo XVI, en el que junto a Garachico era un puerto importante mediante el cual se exportaba el vino de malvasía.
Unas 50 personas participaron en el recorrido, que atravesó callejones históricos, bodegas e inmuebles que fueron cuna de este cultivo durante siglos guiados por Gloria Méndez Quintero, trabajadora del área de Patrimonio.
El punto de partida fue el risco Mazapé, donde se encontraron yacimientos arqueológicos de enterramientos aborígenes. Allí se contó la historia de la pareja que, decidida a establecerse en el pueblo con sus cinco hijos, arrendó terrenos de tierras de malpaís con el agua contenida en ellos para el cultivo de la preciada vid.
Juan Rodríguez, uno de sus hijos que también aterrizó del pasado, fue el primer alcalde de la localidad. O al menos el primero del que se tiene noticia. Apareció en La Alhóndiga, una especie de banco donde se guardaba el cereal para prestarlo o venderlo a los agricultores en épocas de necesidad y que debían devolver con el correspondiente interés. Esa cantidad servía para comprar trigo en épocas de escasez, ayudar a los necesitados e invertirla en obras comunitarias.
No se sabe con exactitud cuándo comenzó a funcionar la de San Juan de la Rambla porque los libros y documentos desaparecieron con el aluvión de 1826, pero en un testamento de 1592 de un nieto de Martín Rodríguez consta que había sido tenedor de trigo en La Alhóndiga y por lo tanto se deduce que en esa momento ya existía.
La calle estrecha que baja desde este inmueble, desemboca en la zona central del casco histórico, declarado hace 26 años como Bien de Interés Cultural y 41 desde que fuera proclamado Conjunto Histórico Artístico. Allí se encuentran la plaza y la iglesia y varios inmuebles que tienen un interés especial desde el punto de vista arquitectónico.
Uno de ellos es la actual casa parroquial, construida por el capitán de milicias Manuel Vicente Alonso del Castillo y su esposa Rita Antonia Oramas Bautista. Él fue alcalde en varias ocasiones y participó en la defensa de Santa Cruz de Tenerife cuando fue atacada por el almirante Nelson. Fueron grandes benefactores de la iglesia. Construyeron la capilla de la Inmaculada, donaron parte de su casa para los sacerdotes de la parroquia, y levantaron los colegios de la Villa.
Rosario Oramas fue junto a su hermano Basilio, cura del pueblo, fundadora y mecenas de la banda musical ahora conocida como Alcaraván. Ambos protagonizaron una de las escenas que más sonrisas arrancó al público.
Fue en el cementerio, tras visitar el calvario anexo, construido por los vecinos después que el aluvión de 1826 se llevara el primero, situado más cerca de la entrada a Los Realejos. Ambos dialogaban sobre sus empecinamientos cuando Rosario le recordó a Basilio, interpretado por el concejal de Patrimonio Histórico, Cayetano Silva, su fama con los amoríos y pródiga descendencia.
Esta característica suya fue tan conocida entre la población que se recogió en una copla popular que reza: “Este cura que procura hijos a la vecindad, éste sí que es un gran cura que aumenta la cristiandad” y que la Gloria Méndez citó con picaresca para deleite de los asistentes.
Personajes populares
En este viaje a través del tiempo también participaron otros personajes recreados por los vecinos, muy conocidos y queridos por los rambleros. Es el caso, por ejemplo, de Lola la partera, matrona y confidente de muchas familias, quien representó una de las secuencias más singulares. También lo fueron Felipe ‘el bobo’, recadero oficial y chico para todo de la época, o doña Rosario la panadera, famosa por la realización del pan y sus demandados pasteles y bizcochos.
Durante el trayecto se visitaron las casonas más significativas del conjunto histórico, varias ermitas y una bodega tradicional en la que su dueño, conocido por todos como ‘Perico’, invitó al público a degustar un vaso de vino en el patio. La ruta se prolongó dos dos horas y finalizó, pasadas las 13.00 horas, en la iglesia Matriz de San Juan Bautista.
Declive del cultivo
Fue allí donde la orientadora hizo referencia al libro Cinco siglos en la historia de San Juan de la Rambla, de José Antonio Oramas, en el que se recoge que el vino malvasía, ligado íntimamente a la historia del municipio, fue considerado como uno de los más exquisitos del mundo durante los siglos XVI y XVII. Su comercio decayó poco a poco, principalmente a partir del primer cuarto del XVIII debido a la especulación y las trabas a la exportación en otros países.
Sin embargo, su fama ha quedado para la historia y por lo tanto no se debe olvidar que desde este pueblo norteño y su puerto salieron los vinos hacia las más importantes mesas de europa.
Un intenso trabajo de documentación y 23 actores locales cautivan al público
‘La Villa del Malvasía’ fue creada el año pasado junto con los grupos de teatro locales La Chistera, La Alhóndiga y Hercrido en las jornadas conmemorativas de los 40 años del Conjunto Histórico Artístico. Las 23 personas que participan en la ruta logran cautivar al público y trasladarlo al pasado gracias a la simbiosis que tienen con los personajes que interpretan. También es de destacar el intenso trabajo de documentación realizado, en el que se han rescatado documentos de la época, y la colaboración de los vecinos, muchos de los cuales han prestado sus testimonios y recuerdos para la obra.

