
Hay vocaciones que se encuentran en el camino, que llegan por casualidad y se construyen con el tiempo. Pablo Hernández González-Barreda tiene su propio despacho en la Universidad Pontificia Comillas de Madrid. Para hablar con él nos deja su propio número de extensión. En su voz ya no suena tanto el acento canario. El orotavense solo tiene 29 años y hace 11 que emprendió su aventura en la capital. “Cuando llegué, con 18, como tantos otros tinerfeños, tenía claro que quería estudiar la carrera de Derecho y Empresariales”. La acabó y continuó estudiando.
“De joven me imaginaba haciendo cualquier otra cosa en el mundo del derecho o de la empresa, pero nunca sospeché ocupar un despacho en una universidad, dar clases y dedicarme a la investigación fiscal”. Hoy es una de las jóvenes promesas en este campo. Lo dicen su currículo que, simplificado, ocupa siete páginas, y la multitud de reconocimientos, el más reciente a su tesis doctoral: Premio 2015 por la Universidad de París 1 Panthéon Sorbonne. “Con mi investigación quería hacer algo más profundo -detalla-, dar una visión más global sobre un asunto que hoy está de actualidad: una ley que intenta frenar el abuso de las multinacionales para reducir su gasto fiscal”. Empezó a redactarla en 2012. El punto final lo escribió en 2015. Tres años cargados de viajes, trabajo e investigación.
La génesis de su periplo arrancó con la petición de una beca. “Entré en un concurso y me la concedieron”. El enfoque de su trabajo era transgresor. Por eso obtuvo la beca. Por eso obtuvo el premio. Investigó las leyes y asuntos fiscales en la Universidad de París, en bibliotecas y archivos de Viena, Ámsterdam o Reino Unido. “Creo que esa visión internacional fue la que más gustó; además, ahora parece estar de moda la planificación fiscal para reducir gastos en las multinacionales, por ejemplo, las tecnológicas, como Facebook o Google, que se establecen en Irlanda para pagar menos impuestos y, desde allí, llegar a toda Europa”.
Pablo intenta reducir los términos técnicos, explicar tres años de investigación con palabras sencillas. “El trabajo versa específicamente sobre la cláusula del beneficiario efectivo”, resume. Mientras daba respuesta a sus hipótesis y llegaba a la conclusión de que, “tal y como está la normativa, es muy complicado que exista una regulación de este abuso”, vivía también una experiencia “extraodinaria, vital”, donde conoció a gente que “realmente ha marcado un antes y un después” en su vida. El crecimiento y aprendizaje no fue solo intelectual.
Ahora espera a que la Universidad se ponga en contacto con él para recoger el premio. “Antes de fin de año se realizará la entrega del reconocimiento a mi trabajo, y además daré una ponencia al profesorado”. Confiesa sentirse nervioso ante lo que viene, pero también con ganas de que llegue. Y es que hay vocaciones que se encuentran en el camino. Este es el caso de Pablo Hernández.
