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El Consejo Insular de Aguas asegura que las canteras frenarían una inundación

Según el informe, la red de drenaje en los barrancos de Güímar es “compleja y caótica”, pero sitúa en 500 años el peligro de avenidas
El último gran destrozo por las lluvias en los barrancos se produjo en el camino de La Ladera hace tres años / DA

Un informe del Consejo Insular de Aguas (Ciatf), de mayo de 2010, recoge en 72 páginas el estado de situación de los barrancos de Güímar (Badajoz, La Ladera y Los Guirres) en relación con las canteras de áridos, y concluye que el riesgo de avenidas, como la trágica de 1826, no se debe precisamente a la presencia de las y los ocho grandes hoyos dejados en los barrancos y su entorno.
Según ese informe, los servicios técnicos del Ciatf están de acuerdo en que la situación de la red de drenaje del Valle de Güímar puede calificarse de compleja y caótica. Los cauces de los barrancos han sido afectados, directa o indirectamente, no solo por las canteras de extracción que los han hecho desaparecer en parte, sino también por la reconversión de alguno de ellos en pistas de acceso, incluso asfaltadas; o los estrechamientos del cauce generados en algunos tramos, bien por las propias canteras, bien por las fincas de cultivo; o las disminuciones de capacidad que provocan los tendidos de tuberías sin enterrar en el interior de las obras de drenaje. Reconoce el informe que el contacto de las escorrentías con alguna de las inestables paredes de las canteras ha dado lugar a importantes daños al dominio público que ha habido que reparar.
Desde el Ciatf se apoya la recuperación de dicha red, si no es posible a su estado natural inicial, al que garantice el drenaje de las escorrentías más extraordinarias, desde la cumbre hasta el mar, sin afecciones a personas y bienes. Lo que no se comparte son los efectos potencialmente más destructivos que, según la Asociación en Defensa de los Barrancos Saturnino García, se derivan tanto de la existencia de las canteras como de la autopista TF-1.
El análisis pormenorizado en relación con las canteras y las infraestructuras viarias ha permitido obtener las siguientes conclusiones: “Las canteras no solo reducirían los caudales de avenida, sino que en algunos casos los harían desaparecer en su totalidad, ya que los hoyos no se rellenarían ni rápida ni lentamente: un temporal de lluvias de período de retorno de 50 años, asimilable a un medio largo plazo, originaría unos volúmenes de escorrentía (líquida y sólida) en la cuenca del barranco de Badajoz próximos a los 800.000 m³. Pues bien, la cantera existente por encima del badén (Hermanos Morales) que interceptaría casi en su totalidad la riada puede albergar más de 1.000.000 m³. Las cuatro canteras que escalonadamente interrumpirían el flujo de las escorrentías procedentes del barranco de Badajoz cubican más de 7.000.000 m³, por lo que ni las avenidas con período de retorno de 500 años afectarían más allá del ámbito de dichas canteras”, indica el informe.

El riesgo muy grave no se debe a las canteras

Desde el Ciatf se aboga por la desaparición de las canteras, viales y demás obstáculos que ocupan los cauces, para así hacer posible la recuperación de los barrancos a su estado natural. Ahora bien, la presencia de aquellas no representan actualmente un potencial de riesgo hidráulico, por lo que el Ciatf no va a argumentar lo contrario para justificar tales desapariciones. La única situación localizada de riesgo muy grave no se debe precisamente a la existencia de las canteras, concluye en el informe.

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