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ciencia

De las 3,6 pulgadas de Piazzi al Telescopio de 30 Metros

Los observatorios canarios del IAC han sido protagonistas de la carrera científica y tecnológica de las tres últimas décadas, cuyas raíces se remontan a mediados del XIX

Imagen de la cúpula del Gran Telescopio Canarias. IAC

Imagen de la expedición de 1856 a Las Cañadas del Teide.| NATIONAL GALLERIES

La elección de La Palma como alternativa a Hawái para albergar en su Observatorio el Telescopio de Treinta Metros (TMT) invita a pensar en la evolución que ha experimentado Canarias como referente mundial de la investigación astronómica en estas últimas década. Hubo que esperar más de un siglo tras la expedición del científico Charles Piazzi Smyth en 1856 a Las Cañadas del Teide con su telescopio de 3,6 pulgadas (unos 9 centímetros) para que las cumbres de La Palma y Tenerife se transformaran en el ojo derecho de la ciencia que estudia el Universo y escenario de decisivos avances tecnológicos. Hoy, esta batería de telescopios que trufan los observatorios del Roque y del Teide, son una expresión de una cultura universal que emana de un cielo privilegiado.

Estas estructuras desde las que asomarse al firmamento no han parado de evolucionar. Y en este proceso, el tamaño de los telescopios sí que importa para avanzar en la investigación del Universo porque cuanto mator es su diámetro “nos permite recoger más luz y ver objetos que son más débiles”, explicó Carlos Martínez, subdirector del Instituto Astrofísico de Canarias (IAC). De hecho, esta nueva generación de telescopios gigantes tienen el reto de conocer si existen condiciones para la vida en otros planetas.

Martínez establece un paralelismo entre lo que en su día se denominó la carrera espacial y la evolución de los telescopios, que ha ido asociado a una continua revolución tecnológica donde los observatorios canarios han sido protagonistas en los últimos treinta años.

Con la construcción del Telescopio William Herschel, de 4,2 metros, que vio la primera luz en 1987 en el Roque de Los Muchachos, junto con el Hale de los Estados Unidos, de 5 metros, se llegó “al límite de esa carrera”. De hecho, Martínez recuerda que los rusos construyeron uno de 6 metros en el Cáucaso y fracasaron. Solo funcionaban los 3 centrales.

El problema residía en conseguir que un espejo de esas dimensiones tuviera la rigidez suficiente para que mantuviera la forma. Para sortear esta dificultad, una primera vía apostó por hacer los espejos “más finos”. Así se hizo la serie de 8 metros, donde están el VLT de Chile y el Subaru japonés.

El Gran Telescopio Canarias estaba proyectado inicialmente así, con un espejo monolítico de 8 metros. Pero justo al revisar el proyecto, en Arizona vio la luz el Telescopio Binocular de 8 metros también, pero con una nueva tecnología. El espejo, ahora, en vez de ser de una sola pieza, era segmentado. El IAC decide entonces contactar con el científico que desarrolló la tecnología, Jerry Nelson, de quien reciben “toda la colaboración para adaptar su diseño mejorándolo”. Así se construyó el GTC, que hoy en día es el mayor telescopio óptico – infrarrojo del mundo con 10,4 metros.

La Palma ha pujado por entrar en la carrera de esta nueva generación de gigantes que viene después del Gran Telescopio Canarias, no solo con el TMT. El Europeo Extremadamente Grande (E-ELT), que será el mayor del mundo con 39 metros, lo perdió en el último round con Chile. Martínez recuerda que el proyecto inicialmente era de 100 metros, pero “al pasar a los números, se fue encogiendo hasta los 39 metros”.

Está convencido que aunque el TMT se quede en Hawái, Canarias no saldrá de la carrera. “Nosotros no perdemos nunca la esperanza. Los rusos están en la carrera y algún día decidirán hacer el suyo, China también lo está. Este Observatorio, en todos los ranking, está siendo el primero, segundo o tercero”, subrayó.

Recreación del Telescopio Solar Europeo. | IAC

DIURNO

Pero los observatorios de Canarias no solo han ido evolucionando en la observación nocturna hasta convertirse en referentes mundiales. También lo son en investigación solar. Manuel Ceballos está especializado en este campo y dirige desde el IAC el desarrollo del proyecto del Telescopio Solar Europeo, que será el más grande del continente en su categoría, con cuatro metros.

Para los orígenes de esta ciencia en las Islas habría que remontarse a finales de los setenta con la instalación del primer telescopio solar en el Teide de 40 centímetros. “Era muy sencillo, modesto, pero confirmó la calidad del lugar para la observación solar”. Desde entonces comenzó una continua evolución hasta los cinco que existen actualmente repartidos en sendos observatorios.

Primero fueron los alemanes, en la década de los ochenta, en el Teide, con las dos torres: Vacuum Tower y el Gregory-coudé, este último sustituido a comienzos del siglo XXI por el Gregor, de 1,5 metros. Allí también está el Themis, de 90 centímetros. La Palma cuenta con otros dos solares: el refractor sueco de un metro y el Telescopio Abierto Holandés.

Para la investigación solar el tamaño también importa, pero, como indica Ceballos, la relación es de uno a diez: “Cuando nosotros tenemos un metro, ellos tienen el de 10 metros; cuando saltemos al 4 metros, ellos tendrán el 40”.

Telescopio de Treinta Metros (TMT). | DA

[su_note note_color=”#d0d3d5″ radius=”2″]En esta carrera que evoluciona los telescopios cada vez a mayores dimensiones, ¿qué ocurre con los que se van quedando pequeños en los observatorios canarios? El subdirector del IAC asegura que “siguen haciendo falta” porque mientras que los más grandes se emplean para ver “una zona muy pequeña, los detalles, los pequeños tienen un campo más grande de visión”.

La especialización de estos telescopios de entre 2 y 4 metros, en los que ha habido que disminuir el coste de la operación, es uno de los caminos. En el William Herschel, donde participa el IAC junto con los británicos y holandeses, decidieron dotarlo de un solo instrumento. Un espectrógrafo que mida las galaxias del hemisferio norte.

“Están intentando ser los mejores en su campo y dan buenos resultados”, aseguró Carlos Martínez. Mientras que aquellos que son de un rango inferior a dos metros son robóticos o remotos. La realidad es que “nadie quiere cerrar sus telescopios”, concluyó.[/su_note]

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