Addoor Sticky
opinión

Rita y Fidel

Empezaré por ella, que se fue primero. Yo conocía personalmente a Rita Barberá. Durante los ocho meses que viví en Valencia,casi cada semana estaba en alguna reunión a la que ella asistía. No me caía bien. Me parecía prepotente, revanchista, irrespetuosa, pendenciera.

Empezaré por ella, que se fue primero. Yo conocía personalmente a Rita Barberá. Durante los ocho meses que viví en Valencia,casi cada semana estaba en alguna reunión a la que ella asistía. No me caía bien. Me parecía prepotente, revanchista, irrespetuosa, pendenciera. Empero, era una trabajadora infatigable, sin horarios ni días de descanso.Y luego se fue él, el comandante de nada, el predicador de sueños que esclavizan, el dictador de sentencias de muerte sobre la carne y sobre el espíritu. Es fácil imaginar la conmoción que sus muertes causaron entre quienes los sentían cerca o los que querían tenerlos lejos.

Lo que nunca me figuré es que, con la sangre temblorosa de ella aún sobre la mesa de autopsias,nos colasen el repugnante espectáculo de negarle un minuto de silencio en su memoria. No digode homenaje ni de enaltecimiento. Sólo de respetuoso silencio por la existencia de un ser humano que acaba de extinguirse.Que no lo hicieran los de Podemos ni el salpicón de mareas donde habitan los pandilleros de la política no me extrañó. Bah, estamos acostumbrados ya a ese cacareo y a suuniverso paralelo.
Y también era previsible que aquellos a los que él arruinó la vida, que se cuentan por decenas de millones durante 50 años de endiosamiento, festejaran su caída definitiva. Hay razones que sólo el dolor entiende.

Lo terrible es que en la redes sociales miles de personas –sin contacto alguno con ambos-se sumaran a la bajeza de maldecir a un ser humano en el momento de su muerte… uf, eso es otro nivel.Politizar la muerte es descomponer por entero el valor de la vida. No respetar el momento de suprema soledad de una persona, ese instante de desierto en que se enfrenta a la rotunda fragilidad de su existencia… No respetar la muerte es escupirle a la cara a la vida.
No hay que querer a Rita Barberá para cerrar los ojos un instante y permitir que vibre al menos una cuerda del armazón interior que nos hace seres humanos. No hay que perdonarle nada ni olvidar nada. Y tampoco es necesario comulgar con Fidel para pensar en la persona que se va, más allá del personaje. Basta con mirarse a uno mismo, todos nos iremos.
La falta de lucidezpara entender esto sólo puede provenir de esa caverna en la que dejamos crecer lo peor, allí donde las personas se convierten en instrumentos y la estrategia se disfraza de verdades.Reconozco un escalofrío que me sobrevive desde que vi a otros hombres empeñados en no admitir la humanidad de quien dice adiós por el solo hecho de ser de otro bando, como si el valor de la vida dependiera de lo que se piensa o de un logotipo.
Hoy empieza el Adviento. “Andemos como en pleno día, con dignidad. Revestíos del Señor Jesucristo”, es el mensaje que se escucha en todos los templos invitando a la dignidad. No te asustes, Señor, de lo que somos, de cómo nos estropeamos, se me ocurre contestar. Y a ver si es verdad que, en lugar de apuntarnos a la miseria, nos animamos a dar luz al mundo: mejorando nuestra vida y abrazando los dolores de los demás.

Rita y Fidel, jamás habríamos sido amigos, pero eso dejó de importar desde el minuto uno. Ustedes y todos los fieles difuntos descansen en paz. Y que sea Dios quien juzgue.
@karmelojph

TE PUEDE INTERESAR