Conoce porque las ha disfrutado, todas las fiestas de los pueblos de La Palma y desde que llegó a la Isla, asegura, “no he dejado de salir ni un solo sábado de fiesta”. Es el párroco de Barlovento desde hace dos meses, Ruben Gallego, un leones de 37 años que desde su llegada a La Palma hace dos años ha conseguido llenar las iglesias y pequeñas parroquias donde pronuncia sus homilías, siempre con menciones a temas de actualidad como la guerra, las injusticias sociales o la crisis.
Todo en un tono cercano y lleno de empatía para mujeres y hombres, mayores y jóvenes que cada eucaristía, ya sea en el barrio de Gallegos, en la parroquia Nuestra Señora del Rosario de Barlovento o en Roque Faro, El Tablado o Franceses, se acercan a celebrar misa con él.
Pese a todo reconoce que “hay gente a la que le gusta un aire nuevo en la Iglesia, y hay otra gente que me pide moderación y que no siempre están de acuerdo con un tono más jovial o más ocurrente”. “No puedo evitar ser así y estoy seguro de que hay muchos curas más serios, mas buenos y más trabajadores que yo, pero a mi no me sale ponerme exigente ni recriminar nada, solo quiero que los fieles, jóvenes o mayores, participen y disfruten sintiéndose cerca de Dios”.
Los vecinos de Garafía, cuando dos meses atrás la Diócesis Nivariense de Santa Cruz de Tenerife y su obispo Bernardo Álvarez, le destinaron a Barlovento, impulsaron la recogida de firmas en el portal change.org para evitar su marcha, una iniciativa que contó con el respaldo del Ayuntamiento norteño y que logró más de 2.000 firmas. Aunque finalmente se cumplió la orden de la Iglesia, Rubén asegura que “esto es como los que piden la independencia de Cataluña: sólo se pronuncian los que te quieren pero no se oye a los que no te apoyan y que pueden ser mayoría. Conmigo pasa lo mismo; habrá quien, como ocurre en todas partes, no me quiera”. Rubén es un hombre cercano que trasmite la palabra de Dios en un lenguaje que consigue una buena mezcla entre empatía, dinamismo y pasión por la fe que, aseguran vecinas y vecinos de Barlovento, “nos encanta; cada domingo volvemos a la Iglesia con más ganas” aunque reconocen que “lo más importante es que los jóvenes quieren oírle, quieren participar y eso sí que es una novedad”.
Relata el propio Rubén que “salgo de fiesta todos los sábados, a veces llegó muy tarde y cada domingo me llevo alguna reprimenda, pero creo que la diversión no está reñida con la fe ni con el dogma cristiano. Me gusta hacer deporte, me gusta estar con los jóvenes y me gusta que la gente se acerque a la iglesia y pueda conocer la palabra de Dios”. Ruben Gallego, que decidió hacerse cura desde muy pequeño “por el cura de mi pueblo, que era un hombre muy bueno y muy estricto”, cree que “hay que intentar atraer más gente a nuestra iglesia y hay que hacerles confiar. Hay una desafección generalizada, pero la Igleisa está haciendo lo que cree conveniente, se está involucrando cada vez más. El problema es que es difícil dar con la tecla adeucada. Los jóvenes tienen ahora más cosas que nunca, más recursos que en ninguna otra época, pero son infelices. Llegará un momento en que pueden encontrarse a si mismos pero tenemos la responsabilidad de ayudarles a encontrarse”, asegura.
Dos domingos atrás, tras iniciar la misa en la ermita de Gallegos asegurando que “hoy vamos deprisita porque sino llego muy tarde a dar misa a La Cadena y me pelean”, terminó el sermón explicando a las vecinas y vecinos que “esta semana no puede morirse nadie porque vamos a estar fuera; es mej0r esperar un poco, por lo menos una semana que ya estaremos de vuelta”. Los feligreses recibieron la singular petición del joven párroco entre risas.
