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cultura

Una década ‘fabricando’ cultura

Una exposición resume la trayectoria de la revista palmera 'La fábrica', en cuyas páginas convivieron Premios Nobel con autores locales
Varias portadas de la revista. | DA
Varias portadas de la revista. | DA

Hace algo más de una década salía a la calle el último número de la revista La fábrica. Una publicación hecha en La Palma y que se atrevió, con humildad pero sin complejo alguno, a echar un pulso a las capillas que dominaban la cultura desde los centros de poder del país. Desde la ultraperificidad al cuadrado de una isla menor partió este proyecto que se distribuyó en toda España y por cuyas páginas fueron desfilando firmas reconocidas de la creación literaria y artística mundial, junto con autores canarios en esa “miscelánea de arte y literatura” que era La fábrica. Textos de Augusto Roa Basto, José Saramago, Wole Soyinka o Paul Auster convivieron en las mismas páginas con la firma de escritores canarios como Elsa López, Nicolás Melini, Luis León Barreto o Andrés Sánchez Robayna.

El responsable de esta osadía fue el escritor Anelio Rodríguez Concepción, que puso a caminar esta fábrica de imaginación y creatividad acompañado de su primo, el músico Francisco Medina. Ahora, la Fundación CajaCanarias ha organizado una exposición en la que se recoge una muestra representativa de las distintas expresiones artísticas que confluyeron en la revista y algunos de los manuscritos de los autores que participaron en esta publicación.

Porque al igual que en literatura, La fábrica también fue un caleidoscopio de las distintas expresiones artísticas y en sus páginas están impresas obras de Antonio López, Eduardo Chillida, Paco Guimerá, Francisco Concepción, Pedro González, Manolo Blahnik o Gunter Fischer Piscat, que ilustró el primer número de la revista en el año 1995. Pintura, grabado, escultura, fotografía caminaron junto con la palabra escrita en esta publicación.

Presentación de la exposición. | C. B.

Sin dogmatismos creativos ni obediencias espurias, La fábrica se fue haciendo con un prestigio entre las publicaciones culturales del país y alcanzando el reconocimiento más preciado de todos, el de los propios autores. Y todo ello con unos recursos económicos muy limitados y la colaboración de la Ediciones La Palma, que estaba en manos de la escritora Elsa López, que amplió la proyección de esta delicatessen cultural haciéndose cargo de su distribución.

Anelio Rodríguez señaló que uno de los aspectos relevantes de esta muestra es que pone de manifiesto que con escasos recursos se puede alcanzar la excelencia. Fue precisamente en un contexto histórico en el que en España se vivía en plena “cultura del pelotazo”, donde no solo estaba inmerso el mundo inmobiliario sino también “la cultura con c mayúscula”, cuando nació esta revista con la suma de pequeñas aportaciones de empresas y entidades locales.

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