En el Cristino de La Laguna, se cerró esta semana el VI Encuentro de Arte y Pensamiento, que viene celebrándose desde el 2010, con fallo en el 2015. Han pasado por su sala 40 conferenciantes, el 75% hombres y el 25% mujeres, 2/3 de fuera y 1/3 de Canarias. Coordinados por Fernando Castro Borrego y Clara Armas. Más de la mitad han sido historiadores del arte, luego filósofos, críticos de arte, pintores, periodistas y escritores. En el Cristino, las conferencias-coloquio han girado en torno a lo sagrado, trascendencia, mítica, vanguardia, modernidad, poesía, estética, imagen, muerte, secreto, sueños, identidad, deseo, onírico, surrealismo, silencio, pensamiento, investigación, espiritualidad, arquetipo, religioso, paradigma, crítico, materia, sufrimiento, expresiones en torno al convulso arte del siglo XX, cuya deconstrucción exige del pensamiento.
Los encuentros del Cristino han tenido una excelente acogida entre un público selecto y aficionado. Cinco entidades canarias compiten. La Fundación César Manrique, en Lanzarote; el TEA-Óscar Domínguez, en Santa Cruz; el Néstor y el Centro Atlántico de Arte Moderno, en Las Palmas, y el Cristino, en La Laguna, soportados casi todos en un gran artista canario de referencia. En el Cristino, su alianza con la Universidad lo hace diferente. Se ha tenido tradicionalmente al arte como un componente del bienestar, como algo que carece en sí mismo de utilidad. Rica, compleja y evanescente, expresión de la historia del momento. Hoy el arte expande sus significados desde una postura nihilista, negando todo principio religioso, político y social. Se coloca ensanchando los límites de la experiencia, colaborando a configurar nuevas mentalidades, ocupándose de lo excepcional, anticipando el futuro.
Arte y pensamiento se complementan en el nuevo milenio a la velocidad de la globalización, de las nuevas técnicas y de la conectividad, que está reinventándolo todo. Permite el arte que hagamos cada uno versión propia, que aprovecho para valorar tres temas que me ocupan. Nos dice Alvin Toffler, en su obra La Revolución de la Riqueza (2006), cómo se mueve el mundo globalizado, aventurando un futuro que cambiará todo. El prosumo (producción y consumo) estará ligado a la reconfiguración de las nuevas formas del trabajo, que están apareciendo ligadas a la creación de bienes, servicios o experiencias destinadas al uso propio. La sociedad del conocimiento los comparte, superando tiempo y espacio.
Me interesó entrar con el arte a valorar el arquetipo, en el cual se diferencian los enfoques occidentales y orientales, que centramos en la figura de Carl Jung. En su prólogo del I Ching (Libro de las Mutaciones), traducido por Richard Wilhelm (1949), sitúa la diferencia entre el pensamiento occidental, soportado en la “causalidad” y el oriental, que lo hace con la “sincronicidad”. En esta se considera que la coincidencia de los hechos en el espacio y tiempo significan algo más que el azar, existe dependencia de los hechos y los estados subjetivos del observador. Bella idea para el arte. Y como no puedo desprenderme de mi naturaleza utilitaria, reclamo en España una Ley de Mecenazgo, también para el arte. Sería tan sencillo como copiar los modelos de Francia, Alemania, Inglaterra e Italia, donde con impuestos primados a personas físicas y jurídicas se impulsa el arte. Habrá que cambiar la cultura hispana, donde arte y cultura, son fórmulas de marketing político. En EE.UU. el apoyo es mucho mayor, así dictan hoy los caminos. Como vemos el arte impulsa el pensamiento. En el Cristino.
