
Hay lugares que llegas a valorar tanto o más por cuestiones inmateriales que por aquello que dictan los sentidos. Decir eso de un bar, donde el gusto, el olfato e incluso la vista aparentemente dominan puede parecer contradictorio, pero no lo es. Comer bien, con productos de calidad, saludables, elaborados y con un buen servicio es fundamental. Pero salir además del local con una sonrisa, con la sensación de haber ganado horas al día después de mantener unos instantes de buena conservación, en definitiva, con el cuerpo repuesto pero todavía más el alma para proseguir con la faena diaria, es lo que convierte a los buenos lugares en especiales.
Esta experiencia es la que viven a diario muchos de los clientes del Bar Bahía de Santa Cruz de La Palma. Un establecimiento familiar, con más de cuarenta y cinco años de historia, dirigido con talante y talento por Diego Afonso Feliciano, hijo del fundador de este negocio, cuya barra y terraza se han consagrado como uno de los principales puntos de encuentro de la capital palmera.
En la pequeña calle Lemus, al inicio de la calle Real, las puertas del Bar Bahía dan la bienvenida al día desde primera hora de la mañana, cuando la ciudad todavía duerme y solo la habitan los empleados de determinados servicios públicos o empresas de reparto. Poco a poco, con las primeras luces de la mañana, la terraza se va cubriendo de efímeras tertulias, que se repiten cotidianamente para saborear el primer café de la mañana.
El momento más fuerte del día llega después, con los desayunos, cuando se vuelve en un ir y venir de bocadillos, sándwiches o tapas, como sus sabrosas croquetas, tortillas de papas o de verduras para los amantes de los vegetales, y las albóndigas para los incondicionales de la carne. Los zumos y batidos naturales son también uno de sus fuertes. Todo esto servido con eficacia por el equipo que dirige Diego Afonso: David Díaz, Heradio Rodríguez y Antonio Govantes.
Pese a mantener la tradición culinaria, que se ha tenido que ir adaptando a los gustos de la clientela con el paso de los años, Diego Afonso también innova en la cocina, con platos que le han granjeado premios, como el de la quinta edición de la Ruta de las Cruces y Tapas, el Chupete de turre, o la tortilla de calabacín, zanahoria y queso curado al aroma de miel de abeja, también premiada y que solo hace una al día. Las 8 porciones en que la divide son un bien codiciado por sus clientes.
Estos y otros platos, como la ensaladilla, los churros de pescado o la pasta, se sirven también a la hora del almuerzo o el aperitivo, cuando ya ha desaparecido el alboroto de la mañana y entra el remanso de las primeras horas de la tarde.
Es también el momento de ir recogiendo la terraza, de la limpieza y de adelantar la faena para que todo esté listo la madrugada siguiente en el Bar Bahía o el Centro Médico, como también se conoció popularmente a este establecimiento que en su interior alberga un pedazo del alma de la capital palmera.
El hígado en mojo es uno de los platos tradicionales que ha desaparecido en la mayor parte de los establecimientos, pero que el Bar Bahía conserva y tiene una gran aceptación entre su clientela. “Nos adaptarnos al presente, pero sin olvidar nuestro pasado”, defiende Afonso.
