Fotos ANDRÉS GUTIÉRREZ
Algún día tenía que pasar y fue ayer. Las lesiones y la acumulación de encuentros generaron una factura que el Iberostar Tenerife recibió ayer, ante el equipo italiano Sidigas Avellino, que se impuso por 66-78 a un malacostumbrado -por suerte- Santiago Martín. A todo ello hay que sumar un trío arbitral que se equivocó, además en momentos cruciales de un encuentro que, a pesar de todo, se perdió por el cansancio acumulado tras ganar el pasado domingo al Barcelona.
Quince minutos duró la frescura local, con el mismo guion que en sus últimos compromisos, es decir: Doornekamp anotando, atrevimiento ofensivo y un ritmo insostenible para el rival de turno. Así le ha ganado a casi todos los equipos de la Liga Endesa y los de la Champions League y así se fue al final del primer cuarto con ventaja (28-17).
Los italianos, que no llegaban al nivel de los tinerfeños, se pusieron manos a la obra desde el segundo parcial. Llegaron a ir perdiendo de 14 (42-28); por eso, que empezaran a funcionar en los últimos minutos, justo antes de llegar al descanso, lo que motivó una desventaja de nueve puntos (44-35) ya era una buena noticia para ellos.
Esas buenas sensaciones visitantes quedarían reflejadas tras el paso por los vestuarios. Ahí se torcería todo. El Avellino, en un abrir y cerrar de ojos, consiguió un 2-11 para empatar a 46, que sonó como un golpe en la cabeza de los aficionados aurinegros. Acostumbrados a ganar, aquello empezaba a no entrar en sus planes, justo lo contrario que sucedía con Joe Ragland, el habilidoso base estadounidense de los italianos que tenía tiempo para generar, anotar, acercarse a hablar con un aficionado y, ya casi al final, acercarse a comentar con Txus Vidorreta algunas jugadas polémicas. Avellino ganó esta manga por 8-18, siendo duro en defensa, aunque sin demasiados alardes, y evidenciando que el pasado fin de semana la competición paró en Italia, y que, si el compromiso al final se decidía por la cantidad de aire que tenía cada equipo en sus pulmones, ellos poseían más que nadie. La primera vez que el Avellino se puso por delante en el electrónico fue con el 49-51 y, a partir de ese momento, no dejaría escapar su posición de privilegio. A Ragland se le unión Adonis Thomas, pesadilla aurinegra también en la ida, para que su conjunto siguiera comandando en el electrónico (54-62). Luego, una técnica señalada por simulación a Bogris, que parecía falta en ataque visitante, una técnica al banquillo local, después de que un jugador italiano tardara más de ocho segundos en cruzar de campo y, algo más surrealista, algo pitado por los colegiados que ni el propio Vidorreta, en el pospartido, acertó a adivinar.
En medio, el Avellino fue un buen equipo, un muy buen equipo. Duros en defensa, sueltos en ataque y con la puntería necesaria para sentenciar a todo un Iberostar desde la línea de tres. “Para nosotros esto es increíble”, decía un aficionado italiano a las afueras del Santiago Martín. Y esa es la mejor medida de lo que está haciendo el Canarias este año, aunque ayer le tocara perder.

