En una sociedad pequeña como la palmera, donde “todos se conocen” y donde la vergüenza social está presente ante situaciones como el paro, la pobreza o el maltrato machista, también los más pequeños, niños y jóvenes, han sido víctimas de una doble moral encubierta por un exacerbado derecho a la intimidad abanderado por la administraciones, y por la presión y el juicio social frente a una situación de acoso escolar que en muchos casos no afecta a los supuestos acosadores, sino a las víctimas.
Ninguna de las familias con hijos que han sufrido largas situaciones de acoso en algunos centros educativos de La Palma, especialmente en uno de los únicos dos colegios concertados de la Isla, han podido superar esa “vergüenza social” a la hora de dar la cara, y optan por mantenerse en el más absoluto anonimato. Animados por acciones como la emprendida esta misma semana por el Cabildo palmero, a través del programa La Palma Stop Bullying, para prevenir e identificar el acoso y el ciber acoso en el entorno escolar, explican su dolorosa experiencia, en la que, invariablemente, han optado por un cambio de centro, incluso fuera de la Isla y a costa de un desarraigo emocional para garantizar la salud mental y el normal desarrollo de sus hijos.
El riesgo de suicidio, el abandono temporal de las clases y el tratamiento psicológico derivado de situaciones de acoso en aulas y espacios comunes de algunos centros palmeros, se han mantenido veladamente escondidos, pese a lo cual la presencia policial en casos muy concretos y en cumplimiento del protocolo de actuación impulsados por padres y tutores ha llegado a provocar una marea de comentarios entre las comunidades escolares afectadas e incluso, el juicio paralelo por la petición de la aplicación de ese protocolo de protección al menor. Estos menores han sufrido, de forma continuada en el tiempo, amenazas, vejaciones, coacciones, insultos y lo peor de todo, un aislamiento deliberado y un hostigamiento que, lamentablemente, han conseguido amedrentar e intimidar a la víctima, mientras que las familias se quejan, en la mayoría de los testimonios de los que emana un enorme sentimiento de impotencia, de la inacción y la falta de colaboración de los equipos directivos de los centros, salvo alguna excepción.
Los alumnos de 1º de la Educación Secundaria Obligatoria de cuatro institutos palmeros, acogen estos días la realización de un programa que se prolongará hasta el mes de junio y con una novedosa herramienta: el Teatro Fórum, también conocido como el Teatro del Oprimido cuyo creador, el brasileño Augusto Boal, ideó la transformación de los espectadores, en este caso los alumnos palmeros, en protagonistas de la acción dramática. Así lo explica el actor teatral y miembro del equipo de durante estos meses trabajará con los alumnos Iriome del Toro, que junto a su compañera Naira Gómez, permitirá que los jóvenes alumnos, de entre 12 y 13 años de edad, puedan preparar acciones reales de acoso que ellos mismos podrán ir modificando.
Iriome y Naira están convencidos de que hay que prevenir el acoso escolar mediante el compañerismo, la empatía, y la integración dentro del entorno escolar y fuera de él. A través del Teatro y en el marco de este proyecto se fomenta, asegura, la tolerancia, el respeto y se fortalece la autoestima”.
La consejera de Juventud del Cabildo palmero, Ascensión Rodríguez, explicó que “desgraciadamente el acoso escolar es un fenómeno cada vez más frecuente en las aulas, por lo que desde el Cabildo apoyamos programas como éste, que inciden en la formación para prevenir fomentando la tolerancia, el respeto y fortaleciendo la autoestima, la comunicación y la empatía tanto en el entorno escolar como fuera de él”. El trabajo de Iriome y Nayra consistirá en implicar al alumnado en la preparación de pequeñas escenas que serán expuestas finamente al resto de los alumnos, padres y madres, permitiendo la interacción. El taller culminará, tras el trabajo previo en los centros, con una representación en la calle que hará visible el problema del acoso escolar.
En La Palma, más allá del conocimiento más o menos extenso de los casos de acoso escolar por parte de amigos y familias -además de por parte de los equipos directivos de los centros educativos- solo se ha hecho público el testimonio de un padre que públicamente y en el transcurso de su intervención como concejal en un pleno municipal, relató el calvario que había sufrido su hija al padecer durante tres años acoso escolar en un centro concertado por parte de otros alumnos.
“Durante 3 años mi hija sufrió acoso escolar bastante grave; hemos tenido hasta parte de lesiones”, llegó a relatar el edil, quien criticó que cuando se pusieron en contacto con la Consejería de Educación para que activara el protocolo previsto en estos casos, le comunicaron que no podían intervenir porque era un centro concertado. “Es muy triste que el único apoyo que hemos tenido ha sido a través del psicólogo del Ayuntamiento de Santa Cruz de La Palma”, llegó a relatar. Este padre recordó los momentos dolorosos vividos con su hija, que se daban en el colegio pero proseguían también en la calle. El concejal se emocionó en varias ocasiones recordando cómo asistía hace unos años a una situación en la que “prácticamente le destrozan la vida a una niña en la etapa más importante, que es su infancia”.
Por su parte, el director insular de Educación, el nacionalista Gregorio Alonso, destacó el interés del proyecto puesto en marcha por el Cabildo y, en contradicción con lo afirmado por esta familia, aseguró que “el protocolo por acoso escolar se pone en marcha tanto en los centros concertados como en los centros públicos”.
