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liga femenina 2

Lucía cocina el ascenso

La jugadora del Clarinos alivia entre fogones los nervios previos a los partidos con la idea fija de clasificarse para la Fase de Ascenso
La jugadora gallega reconoce echar de menos a su familia y a su sobrina, recientemente nacida. Sergio Méndez
La jugadora gallega reconoce echar de menos a su familia y a su sobrina, recientemente nacida. Sergio Méndez

Faltan solo algunas horas para que el Clarinos afronte un nuevo encuentro correspondiente a la Liga Femenina 2 y, en su casa, Lucía Méndez, no para en la cocina. “Hacer de comer me relaja antes de los partidos. Mucho. Otras compañeras se distraen de otra forma, hacen la siesta…pero, para mí, nada como cocinar. Así no pienso en el partido”.

Esta afición, casi ritual, le viene desde que era “una renacuaja” justo cuando su abuela, que “cocinaba increíblemente bien” la utilizaba de pinche mientras comentaba que Lucía sería buena cocinera. Aquella abuela a la que la gente del barrio de Ourense en el que vivían le encargaba platos de la cocina tradicional gallega, metió ese gusanillo a la jugadora, algo que comparte, a veces casi como una terapia, con el resto de sus compañeras: “Creo que se me da bien. Comparto con ellas las cosas que hago. Por ejemplo, en Navidad les traje vieiras. Quedamos para cenar y cada una se encarga de aportar algo. Así nos reunimos fuera de la pista”.

Ese ambiente parece haber calado y, buena parte de responsabilidad de ello, más allá de su cocina, la tiene esta gallega que, un día, se enamoró de Tenerife: “No entiendo cuando la gente me pregunta si no me agobio por vivir en una isla, rodeada de mar, porque para mí es lo contrario: me agobia no verlo. Me encanta Tenerife, el clima, su gente… Me dicen que si no tengo el síndrome de la isla y respondo que lo que tengo es el síndrome peninsular”.

Por eso, tras marcharse del Clarinos el curso pasado, regresó desde que tuvo una oportunidad, reforzando a un equipo que la recibió con los brazos abiertos: “Por cuestiones personales pedí venir y Claudio García (entrenador del club) me hizo un hueco desde el primer momento”. Porque Lucía, como muchas deportistas femeninas de élite, deben compaginar la práctica del deporte con su vida laboral. En su caso, en una agencia de viajes que le da “todas las facilidades” para afrontar un día a día que, en muchas ocasiones, llega a ser muy agobiante: “Tengo la suerte de que en mi trabajo me apoyan. Es cansado, porque cada mañana me levanto a las 7.00 y tengo que trabajar, entrenar, estudiar y ocuparme de las cosas de casa. Mis horarios se comprimen y notas la diferencia con jugadoras que se dedican solo al baloncesto”.

Ser profesional tratándose de baloncesto femenino es, al menos en LF 2, casi una quimera. Atrás quedaron los años de bonanza y, una vez disminuyó el dinero, lo hizo también el nivel de las diferentes categorías: “Hemos vivido en crisis casi siempre. Yo pienso en la LF 2 de cuando yo tenía 18 años y es como la LF 1 de ahora, el descenso de nivel es por una cuestión económica. Ahora muchas veces jugamos contra equipos que son prácticamente todas júniors y tres o cuatro séniors de la casa, pero nada que ver con lo que había hace años”.

Igualdad
De ahí surge una inevitable comparación con el deporte masculino, el baloncesto, en este caso, que ha sufrido la crisis económica en sus carnes pero, aún con todo, mantiene “un respaldo económico importante”. “Siempre lo digo: si cobráramos igual que ellos por jugar en la misma categoría, seguramente, nos centraríamos más en el baloncesto, sin necesidad de tener que pensar también en una salida laboral”.

Pero, más allá de ser un problema económico, la igualdad es también una meta que, poco a poco, parece ir acercándose en deportes como el baloncesto, pero no en otras disciplinas: “El fútbol lo vemos como un deporte masculino y si preguntas a mucha gente solo sabrán nombres de hombres y eso, en baloncesto, no es así. Si hablas de baloncesto mucha gente sabe quién es Alba Torrens o Amaya Valdemoro”.

El sueño es llegar a ese nivel, ser un equipo de Liga Femenina, el objetivo, al menos, entrar en Fase de Ascenso, por ilusión y trabajo no será. “El otro día, antes de un partido, le decía a una compañera que tenemos un equipazo. Ojalá lo logremos. Por ahora, aunque me he planteado estudiar Hostelería, lo de la cocina es solo un hobbie que, además, me ayuda en mi carrera deportiva”, reconoce mientas Lucía sonríe y continúa, después de la entrevista, con su maratoniano día a día.

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