Si bien la llegada de peregrinos y de fieles es muy inferior a la que se da el 15 de agosto, hoy también fue un día grande para el Candelaria, un municipio que le debe su nombre a aquella talla de madera que encontraron los guanches en la playa de Chimisay hace más de cinco siglos.
El hecho de que el 2 de febrero fuera declarado hace 13 años por el Cabildo de Tenerife como fiesta insular ha servido para aumentar la presencia de devotos venidos de todas partes de la Isla, unos caminando, otros en bicicletas, muchos en coche y casi la gran mayoría en guaguas. Muchos llegaron hasta la Villa Mariana para cumplir una promesa, la gran mayoría, porque ya lo hace por tradición y también los hay que asisten por curiosidad, entre ellos, un buen número de turistas.
La festividad de Candelaria, que recoge el momento bíblico de la presentación de Jesús en el templo, es eminentemente litúrgica y así se traduce en todos los actos programados a lo largo de la semana, desde la emotiva procesión de Las Candelas, en la víspera, o la presentación ayer por la tarde ante la Virgen de los niños nacidos el año pasado, que cerró una jornada cuyo epicentro estuvo en la homilía del obispo de la Diócesis Nivariense, Bernardo Álvarez, y en la procesión que a continuación se celebró alrededor de la plaza, con la Patrona luciendo un traje amarillo, algo que según su camarero, Jaime Estévez, “no se hacía desde hace 50 años”, cuando ese hábito era común entre nuestras abuelas, como promesa por las desgracias superadas.
Bernardo Álvarez, durante una eucaristía que duró casi una hora, destacó el papel de los ancianos, recordando las figuras bíblicas de Simeón y Ana. Fiel a su estilo, jugó con los símiles para lanzar un mensaje optimista a los mayores, aprovechando que “Candelaria es la luz que ilumina el camino”. “Es como la energía eléctrica -dijo- la luz está ahí, pero hay que encenderla. La palabra de Dios convierte a todos en personas iluminadas, no solo hay que enchufarse, sino conectarse a él, porque quien se encuentra con Cristo es como quien se opera de cataratas”, destacó.
El obispo marcó la diferencia entre el viejo y el anciano: “Los viejos son los que tienen miedo a la muerte y hacen el ridículo vistiéndose como los jóvenes; el tiempo de la vejez no es un naufragio ni tiempo de arrojar la toalla y, como dijo Simeón, no es ninguna desgracia ser anciano, porque cuando conoces a Dios ya puedes morir en paz”. Criticó que hoy solo cuente “la fuerza y la riqueza” y reconoció: “Ya me gustaría tener a mí el empuje del anciano papa Francisco, igual es porque no me he dejado iluminar lo suficiente”, remarcó antes del Credo, a poco de dar inicio la procesión. Antes de la misa, a las 11.30 horas, partió del Ayuntamiento la procesión cívica con el traslado del pendón hasta la Basílica, con la participación de la Banda Municipal de Santa Cruz de Tenerife y la Banda Las Candelas, así como los policías locales de Santa Cruz y Candelaria con traje de gala, un acto presidido por la alcaldesa del municipio, Mari Brito, y el resto de la corporación municipal. A la llegada al templo le esperaba el obispo y un ramillete de autoridades, como la presidenta del Parlamento de Canarias, Carolina Darias; la delegada del Gobierno, Mercedes Roldós, y el presidente del Cabildo, Carlos Alonso, acompañado de otros miembros de la Corporación insular, mientras que el Gobierno autonómico estuvo representado por la consejera de Políticas Sociales, Cristina Válido. Además participaron los alcaldes de Teror -municipio hermanado con Candelaria-, Arafo, Arico, San Miguel, Güímar y El Sauzal, y representación de los municipios de La Matanza, Tacoronte y El Rosario, y las senadoras Isabel García y Olivia Delgado, junto a una amplia representación del Ejército, Policía Nacional, Policía Canaria y Guardia Civil.

