
Es uno de los grandes líderes de la comunicación de este país. Ha creado un estilo propio, con reminiscencias de aquella radio de leyenda que eclosionaba en plena Transición, cuando él daba sus primeros pasos, mezclada con una personalidad arrolladora que traslada, con una naturalidad que sorprende, a la antena de la COPE cada mañana. Esta semana ha estado en Tenerife, donde ha realizado su programa Herrera en COPE para todo el país con motivo del Carnaval. Carlos Herrera (1957), ganador de cuatro Premios Ondas, nos atiende nada más apagarse el piloto rojo del estudio volante después de seis horas de emisión. Nos advierte de que tiene la cabeza “como un bombo” y se muestra cercano y conversador.
-En 2017 celebrará un doble aniversario redondo: llegará a los 60 años de edad y cumplirá 40 desde que se puso por primera vez delante de un micrófono en Radio Sevilla.
“Sí, lo de la edad me produce la misma molestia que cuando cumplí 40, es decir, un ladrillazo en la cabeza. En cambio, no tuve esa sensación con los 50, que me parecieron estupendos. Y respecto a la radio, efectivamente, han pasado cuatro décadas, aunque en Sevilla empecé de manera muy informal. Mi primer contrato como locutor fue en Radio Mataró al año siguiente. Ganaba 16.000 pesetas al mes, que en aquella época no estaba mal, me daba para vivir”.
-Aquella radio, en plena transición, marcó una época y despuntaron grandes nombres propios. ¿Qué aprendió en esos primeros años?
“A mí me gustaba mucho la radio barcelonesa, que era de diseño. Técnicamente perfecta, innovadora, festiva y con unos nombres irrepetibles: Arribas Castro, Estadella, Turia, Pallardó… Era una radio en la que podían coexistir Encarna Sánchez, con un mensaje más popular, Arribas Castro, más surrealista, genial e inspirado, con Constantino Romero o el mismísimo Luis del Olmo. Era una radio profesional, de altura y de calidad. Todo lo que he visto después, siendo muy bueno, no me parece lo mismo que yo vi en aquel tiempo, incluida la radio que hago yo”.
-Su programa, Herrera en COPE, se inspira entonces en aquella radio que tanto le marcó…
“Es que soy hijo de aquello. El otro día se lo decía a Luis del Olmo y lo reconocía Iñaki Gabilondo también: el que crea el formato que todavía sigue vigente es Luis. Yo sigo haciendo cosas que él empezó a hacer por las mañanas”.
-Precisamente, se ha puesto una medalla, días atrás, al lograr reunir en su estudio nada menos que a los tres tenores de la radio española de los últimos 40 años: Iñaki Gabilondo, Luis del Olmo y José María García. ¿Cuánto le costó?
“Fue de lo más curioso. Cuando nos sentamos todo el equipo en las fechas previas y vimos que el 13 de febrero era el día de la radio dijimos: ¿qué hacemos? ¿Hacemos algo? Y dije, vamos a llamar a Iñaki, que es muy amigo mío. Y también, por qué no, llamamos a Luis; y puestos, ya llamamos a García. La siguiente pregunta vino inmediatamente: ¿Podrán, querrán? Pues pudieron y quisieron. Esa fotografía a mí me reporta un gran valor añadido: sentarme con tres a los que yo he admirado profundamente. Yo estaba encantado. He aprendido mucho de Luis, de Iñaki, que es un profesor extraordinario, la serenidad doctoral, y de García, el bueno y el malo, un periodista irrepetible. Soy amigo de los tres”.
-Usted puede presumir de algo que no ha conseguido ningún otro comunicador en este país: haber trabajado en las cuatro grandes cadenas nacionales: Radio Nacional, la SER, Onda Cero y la COPE. Es como si hubiera jugado en cuatro equipos españoles de la Champions…
“Creo que es así, no me constan precedentes. Con programa titular con su peso adecuado creo que he sido el único. Iñaki Gabilondo y González Ferrari también estuvieron en casi todas, aunque en algunas como directores, dedicados a la gestión, alejados de la antena. Y a Luis le faltó la SER. Yo las he conocido todas y de todas guardo un recuerdo más que agradable, porque he sido razonablemente feliz y he hecho programas de los que me siento orgulloso”.
-Hablando de recuerdos, ¿Qué guarda en su memoria de aquella sorprendente apuesta de presentar un programa dedicado a la copla justo antes del informativo nocturno de referencia, Hora 25, en la SER?
“Lo gracioso es que a la mayoría de oyentes que me escuchaba no le gustaba la copla. Coincidió en un momento en el que estaban vivas las últimas figuras. Cogimos ese material, que tenía cosas extraordinarias y mucha basura, y le dimos un lenguaje, es decir, si hasta ese momento las coplas estaban presentadas con nacional folclorismo, le pusimos un poquito de ácido con un cierto apego y cariño, pero marcando una cierta distancia. Debo decir que a mí la basura me atrae mucho. Yo tengo una enfermedad: el mal gusto me encanta. El programa lo oía todo el mundo y yo me lo pasaba de puta madre. Y el género se revitalizó, volvieron las grabaciones y las actuaciones”.
-Volviendo al presente, las mañanas radiofónicas, sobre todo a primera hora, son trepidantes, de un ritmo casi frenético. En cambio, su propuesta es más pausada, más amoldable a su registro. Ahí también ha optado por marcar un paso distinto a los demás.
“La mañana tiene horas. Yo soy amigo de los breaks, es decir, de romper, de sorprender. Y en ese sentido, hay tramos del programa, por ejemplo a partir de las 10, donde el ritmo es más vertiginoso, con una realización que responde al concepto de radio espectáculo, mientras que a las 6 es una propuesta más informativa y reflexiva”.
-¿El Estudio General de Medios (indicador de las audiencias en la radio) dice la verdad?
“Es un estudio con un mecanismo muy anticuado. Se basa en el recuerdo y comporta preguntas que van mucho más allá del campo de la radio. Te da unos datos estadísticos que me parecen pobres, y luego, claro, viene la cocina, que es susceptible siempre de influencia. El EGM no hay que tomarlo como valor en absoluto, pero sí marca una tendencia. Es decir, cinco seguidos subiendo, aunque sea poco, quiere decir que el producto tiene tendencia al crecimiento. Y si son cinco seguidos bajando, yo me lo pensaría”.
-Además de mojarse cada día en antena, no rehúye las polémicas en Twitter, donde ha protagonizado encendidos debates. ¿La clave de su éxito es comprometerse, traspasando, incluso, la frontera de lo políticamente correcto?
“Yo me mojo en cuestiones fundamentales. Sobre las humanas y accesorias entiendo que tampoco compensa tomar partido claro. Soy rotundo en la defensa de la unidad del país y en la lucha contra el terrorismo. Ahí no tengo lenguajes amoldables. Es verdad que el que no piense como yo en ese aspecto, seguramente se sienta defraudado conmigo por ello, pero le procuro compensar sabiendo que en otros asuntos soy muy negociable en casi todo. Todos los liberticidas que de forma rabiosilla están paseando esa bronca tabernaria en las redes sociales me parecen dramáticamente lelos y pajilleros mentales”.
-¿Este país ha perdido una de sus esencias, el sentido del humor?
“Hemos hecho una cosa peor, hemos utilizado el supuesto humor como un arma destructiva. Hay gente que presume de tener sentido del humor, pero es para utilizarlo como artefacto de destrucción contra el otro, y no admite que con humor le hagan una crítica. Eso pasa hasta con las agrupaciones de Carnaval de Cádiz, que pueden reírse de todo el mundo, pero nadie se puede meter con ellas. ¿Pero no se trata de ejercer aquí la crítica? Ese es el problema del sentido del humor, que se utiliza como una suerte de ariete”.
-Rajoy, Iglesias, Rivera, Susana Díaz… ¿Son políticos que están a la altura de las circunstancias que vive el país?
“A mí me gustaría saber qué va a ser Rivera cuando sea mayor. No apunta malas maneras, muchas de las cosas que dice son también defensa de cuestiones elementales. Yo le agradezco mucho su postura inequívoca que ha defendido a veces en soledad y con mucha valentía en Cataluña. Por eso, siempre tendrá conmigo un plus de mayor bondad, aunque hay otras cosas en su mensaje que deberían madurar. Rajoy es un valor muy sólido y creo que es el político más injustamente infravalorado de este país. Susana es una buena política de partido, conoce bien los mecanismos, sabe cómo tiene que hacerse con el poder, aunque le sobra teatralización demagógica en determinados momentos, que es uno de los defectos de la política con los que yo peor me llevo. Iglesias es un bronquista tabernario, es una performance. Su forma de pensar encierra un peligrosísimo sentido liberticida de atentado a determinados derechos elementales, como el derecho a la propiedad o a la libertad individual, en virtud de los derechos sociales. Esa bruma llamada derechos sociales justifica que determinadas personas pierdan derechos individuales. Y la historia nos dice que eso, cuando se ha querido poner en práctica, ha sido un desastre”.
-¿Donald Trump es el malo de la película?
“Es fantástico (sonríe). Siempre me ha parecido un tipo histriónico, que ha gobernado sus empresas a golpe de impulso, no digo que no sea un hombre preparado y listo. Ha llegado a ser presidente de Estados Unidos en contra de todos, de los demócratas, de los republicanos, del establishment, de Wall Street, de los europeos y de la prensa. Por eso, cuando ha ganado ha dicho: no le debo nada a nadie y voy a gobernar como yo quiero gobernar. Es un tipo que tiene acciones irreflexivas tomadas a sopetón y que, desde luego, parecen inmaduras. Pero a los suyos les gusta mucho”.
-¿El futuro de Europa está amenazado por los populismos?
“Sí. Mira a Holanda, qué puede pasar en Alemania, en Francia Le Pen lleva cinco minutos de ventaja, Fillon se está recuperando un poco y el socialista francés es como para echarse a correr, pero para perderte en un bosque y no salir hasta que llegue la primavera. En Italia se votó que no a la reforma constitucional, que a mí me parecía razonable, de Mateo Renzi, y en Gran Bretaña ganó el brexit. Curiosamente, el país más equilibrado, con un crecimiento más destacable en la Unión Europea y en el que se ha conseguido una cierta estabilidad política gracias a esa capacidad que tiene Rajoy, es España. ¿Llegará la sangre al río? No lo sabría decir. ¡Ah! Y Putin en Rusia, esa es otra”.
-¿Cataluña, esa tierra que conoce muy bien y en la que dio sus primeros pasos profesionales en la radio, tiene arreglo?
“Sí, pero me pregunto dónde están todos los que yo he conocido en Cataluña, tíos razonables, sensatos, serenos, gente segura que pisa firme y que no le gusta meterse en aventuras raras. ¿Dónde está toda esa gente que es mayoría frente a los que han caído en el espejismo de lo imposible? Creen que una ilegalidad puede convertirse en legal solamente porque la impulse una minoría algo mayoritaria de personas que se han creído el cuento de la independencia. Si es que no solo no lo pueden ser, sino que además no les conviene que lo sean, y, sobre todo, no quieren serlo. Con lo cual ahora todo eso hay que meterlo en un tarro, y meter la crema disuelta en un tarro lleva trabajo, pero es inevitable hacerlo”.
-¿Por qué se ha llegado a esta situación? ¿Por qué no se ha sabido atajar a tiempo?
“Una región que tiene un PIB locomotora de la economía nacional, que culturalmente ha sido un acomodo de épocas creativas, no puede caer en manos de gente absolutamente mediocre, mentirosa y entre ellos mismos traidores como los que ahora mismo mandan en Cataluña. ¿Qué ha sido de Convergencia, que tenía 62 diputados y era el refugio de la clase media catalana? Se lo ha cargado un tipo que se llama Artur Mas y que ha dejado el partido en escombros. Mandan unos tipos zarrapastrosos, unos sandalios piojosos intelectuales como los de la CUP y hacen presidente de la Generalitat a un individuo que es la mediocridad en persona, como es el tal Puigdemont. Oiga, eso no puede ser. Pese a todo, yo creo que la situación es reconvertible, pero desde un gran pacto de Estado entre las fuerzas razonables en el que hay que ver dónde se situará el PSOE, que viene siendo casi siempre el gran problema de la estabilidad de España”.
-¿Qué huella le dejó el episodio que sufrió en Radio Nacional, cuando fue el destinatario de un paquete bomba de ETA?
“No fue agradable. Yo sabía que aquello podía pasar en cualquier momento porque, como te decía antes, en mi caso hay elementos que no permiten lenguajes acomodaticios. Mi discurso ante el terrorismo de ETA fue inequívoco desde el primer día. Dije lo mismo siempre. Cuando mataron a Carrero Blanco yo no era de los que decían qué gran favor le ha hecho ETA a la democracia. ETA nunca hizo un favor a la democracia, todo lo contrario. Aquello me pilló en Radio Nacional, que era un altavoz potente y estábamos en la socialización del sufrimiento. Era consciente de que podía pasar y pasó. Tuve suerte porque no explotó. Luego quisieron matarme una vez más, pero no me encontraron. También tuve suerte. Eso no hizo cambiar mi discurso, aunque entiendo que alguien lo pueda haber hecho porque somos humanos. En este tema ha funcionado un cierto pacto de Estado: cuando los buenos, que somos más, se pusieron a trabajar en el mismo sitio y en la misma dirección, ganan”.
-Terminamos en un tono muy distinto: esta semana ha realizado su programa desde Tenerife, que es una isla a la que viaja con cierta frecuencia desde hace años. Y es un gran amante de su gastronomía.
“Te puedo asegurar que para mí uno de los restaurantes favoritos de España es el Coto de Antonio, en Santa Cruz. La cocina es sencilla, pero de una efectividad demoledora, aplastante. Hacen el mejor mojo que conozco en Canarias y soy mojista hasta el punto de que podría diferenciar la procedencia de 10 mojos que me pongas delante. ¿Y qué decir de ese cabrito al ajillo? Es un escándalo. Me pasó lo mismo con un mero que comí estos días en Sagrario. Me provoca melancolía pensar que me voy de la Isla y no podré degustar ese manjar durante un tiempo”.
-Y tenemos entendido que es un gran conocedor y defensor de los vinos de la Isla.
“En vinos yo destacaría el progreso asombroso que se ha producido en la última década. Lo noto, incluso, cuando vengo de año en año. Es que solo Tenerife tiene cinco denominaciones de origen, ¡y es una isla! Hay algunos vinos que son absolutamente delirantes. Me conmueve la voluntad del sector de superación, de aprender, de crear y de mejorar. Podría ser una gran metáfora de todo”.
EL PERIODISTA QUE LLEVA UN MÉDICO DENTRO
“Llevo diciendo que cumplo 60 años (será el 8 de julio) a ver si así me voy acostumbrando. Lo llevo mal, aunque veo a amigos míos con esa edad y están estupendos”, admite Carlos Herrera, uno de los grandes comunicadores de este país, que desde septiembre de 2015 lidera las mañanas de la Cope y que reúne cada día a casi dos millones de oyentes, según el último Estudio General de Medios. Es un líder que no rehúye la polémica en twitter, donde también habla claro, como lo avala la gran legión de seguidores que tiene: 332.000. Este almeriense, médico no ejerciente, seguidor del Betis y aficionado a los toros, de carácter extrovertido, se pasa siete horas diarias encerrado en un estudio de radio auscultando al país. Hablando, escuchando e interpretando. Con el rigor que exige una actualidad que no da tregua, pero sin renunciar nunca al humor, al que recurre con una naturalidad pasmosa. Ha conducido diferentes programas en Televisión Española, Antena 3 y Canal Sur, y ha escrito varios libros, la mayoría relacionados con su experiencia radiofónica y con la cocina, que es otra de sus grandes pasiones.
