
Hay tragedias que nunca se olvidan, ni 40 años después, que son justamente los que se cumplen mañana del fatídico accidente en el aeropuerto de Los Rodeos en el que murieron casi 600 personas, la mayor catástrofe aérea de la historia, y en la que todo el pueblo de Tenerife se volcó para ayudar en lo posible, dejando una huella imborrable en la Isla. Aquel 27 de marzo de 1977 de intensa niebla, dos aviones Boeing 747 colisionaron en el aeródromo de Tenerife Norte, y de los 644 ocupantes de ambos aparatos, turistas holandeses y americanos en su mayoría, solo 61 sobrevivieron.
Los jumbos, los más grandes de su época, implicados en el accidente fueron el vuelo KLM 4805 de la línea aérea holandesa KLM que cubría el trayecto desde el aeropuerto de Schiphol, en Ámsterdam, a Gran Canaria, y el vuelo PAA 1736 de Pan Am que volaba desde el aeropuerto John F. Kennedy de Nueva York, donde hizo escala tras haber despegado desde Los Ángeles, con destino también a Gran Canaria.
Sin embargo, la colocación de una bomba por parte del Movimiento para la Autodeterminación y la Independencia del Archipiélago Canario (MPAIAC) en el aeropuerto de Gando (Gran Canaria) provocó su cierre y obligó al desvío de ambos vuelos y otros hacia el de Tenerife Norte, ya que el del Sur aún estaba en fase de construcción.
Factores
Varios factores confluyeron en la tragedia: una densa niebla que redujo muchísimo la visibilidad, un mal entendido entre la torre de control y el KLM y la prisa de este avión por salir cuanto antes hacia Gran Canaria para volver a Holanda antes de que se cumpliera el máximo de horas de vuelo permitidas y no tener que hacer noche en la Isla.
Según informó entonces DIARIO DE AVISOS, “fuentes solventes nos informan que, sin el menor síntoma de duda, la torre de control actuó correctamente. En presencia del propio controlador presuntamente inculpado se demostró, pues, su inocencia, y -a reserva de lo que pueda demostrarse finalmente- quedó también sin explicación el porqué del despegue precipitado del jumbo de la KLM”. “El piloto del avión holandés se encontraba dispuesto a iniciar el despegue pero todavía no había recibido el permiso de la torre de control. El jefe de los investigadores holandeses en el aeropuerto tinerfeño de Los Rodeos reveló que el piloto del jumbo de la KLM despegó advirtiendo tan sólo a la torre de control que iniciaba la operación pero demasiado tarde para evitar el choque con el avión de la Pan Am”, recoge la crónica.
El controlador le explicó al piloto de la KLM que debía esperar a que se despejara la pista de rodadura paralela a la principal, ocupada por otros aparatos, y en la entrada a ésta última se encontraba el avión de la KLM, que, según parece, despegó sin la autorización precisa por un malentendido con la torre de control, cuando la aeronave de la Pan Am circulaba ya por la pista principal para acceder a la de rodadura. Aunque, tiempo después, desde KLM achacaron la culpa a problemas en el sistema de radiocomunicación con la torre.
La espesa niebla hizo que los dos jumbos no se vieran hasta que ya fue muy tarde y no se pudo evitar la tragedia. Ambos aparatos chocaron poco después de las 17.00 horas y los miles de litros de combustibles que cargaban, sobre todo el KLM que acababa de repostar en la Isla, provocaron intensas llamas y explosiones. Ninguna de las 248 personas que volaban en el KLM logró sobrevivir y de las 396 que iban en el Pan Am, solo 61 lo hicieran.
Las crónicas de la época recogen la solidaridad y colaboración que mostró el pueblo tinerfeño en una tragedia que aún hoy sigue muy viva en la Isla.
El primer testigo
Francisco Gonzálvez fue la primera persona que llegó, junto con su compañero de trabajo Antonio García, al punto exacto en el que colisionaron los dos aviones Boeing 747. Francisco tenía entonces 34 años y trabajaba como señalero en el aeropuerto Tenerife Norte, guiando los aviones para que aparcaran.
Sobre las 17.00 horas, “oíamos por la emisora a la torre autorizar al KLM rodar al punto de espera de la cabecera, donde empiezan los aviones a despegar, yo le di la señal al KLM de que podía pasar al punto de espera -recordó-. Y entonces por el transmisor oímos que autorizaban a rodar al de Pan Am y oíamos el ruido del avión, pero no lo veíamos. En un momento hubo un claro en la niebla y vi que iba por la pista de aterrizaje, pero tenía que desviarse de la pista por la salida rápida, aunque no llegó, porque en ese intervalo despegó el KLM, al parecer sin autorización de la torre, y se encontró con el Pan American de frente. Intentó levantar pero no pudo”, detalló Gonzálvez.
“Dicen que si la torre le dijo al comandante de la Pan Am que saliera por la tercera intersección, pero es imposible porque es una transversal recta y un avión de esas dimensiones no gira así como así -explicó este extrabajador del aeropuerto-. Para mí que lo mandó a girar por la salida rápida, pero el otro despegó antes de tiempo, según dicen, fue sin permiso. Yo conozco al que estaba en la torre y él me dijo que se le dijo que mantuviera posición hasta que la Pan Am saliera, pero despegó sin permiso”. “El problema era que a la KLM se le cumplían las horas de vuelo y tenía dos para salir de aquí, llegar a Las Palmas y volver a salir, o si no tenían que hacer allí noche y creo, a mi juicio, que el de la KLM con las prisas se precipitó y entendió que estaba autorizado para despegar”, añadió.
A pesar del brutal choque de los jumbos, Gonzálvez afirmó que al principió no oyeron ni vieron nada. “Estábamos delante de Tráfico y vemos un coche de Cepsa hacia nosotros y nos dijeron que había fuego en la pista y que fuéramos a ver qué era. Pedimos permiso a la torre para entrar y antes de llegar a aquel desastre ya había trozos por todos lados… Nos encontramos con una llamarada enorme, no había nadie caminando, solo restos de gente esparcidos… Eso no se olvida”, rememoró. Era el KLM, que al intentar levantar el vuelo chocó con la cola del Pan Am, que iba rodando, “y cayó y explotó y se desintegró, solo quedó la cabina y montones de cuerpos ahí dentro calcinados. Fue horrible, no lo puedes olvidar. Y luego verlos a todos puestos en el hangar…”.
Él y su compañero Antonio García fueron los primeros en avisar a la torre de control, que aún no se había enterado de nada y alertó a los bomberos. “Y entonces el compañero me dijo que más abajo había otro resplandor y seguimos 200 metros, porque no se veía nada, y encontramos el Pan Am que estaba también ardiendo -relató-. Estábamos impactados, y tengo en la cabeza al comandante en la puerta del avión gritando con los brazos abiertos: ¿Qué pasa aquí?”. “En ese se salvó mas gente -añadió-, pero luego explotaron los motores y una azafata que había allí guiando a la gente para que saliera, un trozo de aspa salió volando y le cortó la cabeza. Fue horroroso. Eso lo tienes en la mente”. Y es que hay imágenes y tragedias que jamás se olvidan.
Las autoridades no permitieron una edición especial del periódico
En la época del accidente DIARIO DE AVISOS no se publicaba los lunes, pero el periódico intentó sacar una edición especial por el accidente, que había tenido lugar el domingo 27 de marzo. Sin embargo, la normativa vigente exigía el permiso de las autoridades de Información y Turismo, que no lo concedieron, por lo que no se pudo publicar nada del accidente al día siguiente, lunes 28 de marzo, sino el martes 29.
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No se celebrarán actos este año
Ni desde el Ayuntamiento de La Laguna ni desde AENA está previsto realizar este año ningún acto en recuerdo de las víctimas del accidente.
Monumento en Mesa Mota
Hace 10 años, el 27 de marzo de 2007, se inauguró en Mesa Mota un monumento en recuerdo de las víctimas, en el marco de un acto institucional que se celebró en el auditorio Adán Martín y que reunió a familiares de las víctimas y de los supervivientes. ‘La escalera de caracol’ es una escultura de acero de 18 metros de altura del artista Rudi Van De Windt.
Otros accidentes
Antes de la tragedia de 1977, Los Rodeos ya había sido, lamentablemente, escenario de otros accidentes, aunque ninguno tan grave como el de 1977. Solo cinco años antes, en 1972, un vuelo de Spantax capotó al despegar y hubo 155 muertos, casi todos alemanes. En 1968, un DC -3 de Spantax cayó al mar cerca de El Sauzal y murió una persona. Antes, en 1965, un vuelo de Iberia colisionó con un bulldozer en la pista y murieron 60 personas. Y en 1966, un avión militar (en el que iba el entonces ministro de Trabajo) cayó en La Esperanza y perecieron cuatro personas.
