Las desconsoladas viudas del Carnaval despidieron anoche, un año más, a Don Carnal, en la tradicional comitiva del Entierro de la Sardina, que, en esta edición, empezó a las 22.00 horas, una hora más tarde de lo que venía siendo habitual.
Desde la céntrica calle de Juan Pablo II, y con extrema puntualidad, arrancó el cortejo fúnebre que acompañó a la Sardina del Carnaval de Santa Cruz de Tenerife hasta su destino final en la hoguera. Entre risas y llantos, decenas de mascaritas, viudas descaradas, personajes eclesiásticos desvergonzados y figuras de pesadilla despidieron, a ritmo de salsa y merengue, a Don Carnal hasta el año que viene.
En apenas media hora ya había entrado por la calle Méndez Núñez, continuación de Juan Pablo II, el último de los participantes en el desfile, que fue ágil, sin espacios y mucho más animado que en otras ediciones, gracias también a la alta participación de mascaritas y viudas que se unieron al cortejo, así como de público, más numeroso que en años anteriores.
Al son de Pepe Benavente
El cortejo fúnebre arrancó ‘solemnemente’ con dos tradicionales guardias británicos que portaban una corona de flores, rodeados de viudas gritonas, mascaritas y curiosos personajes que se han convertido ya en un clásico de esta cita nocturna, que gana público y participantes año tras año.
El desfile contó también con sus coches fúnebres, carros elaborados por las propias mascaritas y con dos carrozas, en una de las cuales repitió Pepe Benavente cantando en directo, una novedad que se introdujo en el cortejo del pasado año.
Tras finalizar la calle de Méndez Núñez, el desfile continuó por El Pilar, Villalba Hervás, La Marina y hasta la avenida Marítima, donde la Sardina fue quemada.
Además, al final del recorrido, las viudas y mascaritas pudieron bailar junto con los artistas El Morocho y Pepe Benavente en la Alameda del Duque Santa Elena.

