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diario del coach

Posverdad

Palabras escuchadas en una sesión de coaching: “mira, Andrés, prefiero que mi pareja me mienta diciéndome que me quieremientras así yo me quede tranquilo”

Palabras escuchadas en una sesión de coaching: “mira, Andrés, prefiero que mi pareja me mienta diciéndome que me quieremientras así yo me quede tranquilo”. Es el perfecto ejemplo de la posverdad, neologismo escogido por el Diccionario de Oxford como palabra del año que podemos definir como lascircunstancias en las que los hechos objetivos influyen menos a la hora de modelar la opinión que los llamamientos a la emoción y a la creencia personal. En el hipercomunicadomundo contemporáneo es más importante el punto de vista que la realidad. Por eso, la posverdad tiene un efecto narcótico: dime lo que quiero oír para hacerme la ilusión de que la realidad es como yo me la quiero imaginar.

Recientemente vimos cómo, para justificar una falsedad de Trump y sus asesores, al verse desenmascarados dijeron que no era una mentira, sino de una “verdad alternativa”. O sea: cada cual escoge la verdad según se sienta, pues hay tantas verdades como individuos o ideologías. De ahí al eufemismo hay un paso: no es que vayan a estrangularme (cosa que me pondría muy nervioso), es sólo que van a interrumpirme momentáneamente la respiración (verdad alternativa que no me causa tanta angustia… ¡hasta que me aprietan el cuello, claro!).

El coaching toma de la PNL una herramienta, el “Metamodelo de Lenguaje”, mediante la cual examinamos las palabras del cliente para detectar si generaliza (“todos los políticos son iguales”), elimina (“es que ya sabes cómo son las mujeres”) o distorsiona la información (“mi marido no me quiere porque el domingo se va al fútbol”). Estas son formas de posverdad cotidiana, de creencias elevadas al rango de realidad que determinan al final la conducta de la persona. Acaso el drama esté en que la posverdad nos mantiene en la zona de confort, narcotizados para no cambiar.

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