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Un canario en Texas: “He operado del corazón a más de 6.000 personas”

El eminente cirujano tinerfeño,que preside la Asociación de Amigos de Canarias en Estado Unidos, visitó las Islas para pedir apoyo con el fin de realizar un conjunto escultórico en tierra estadounidense que recuerde a los fundadores isleños de San Antonio
Alfonso Chiscano, en la sede de la Autoridad Portuaria, durante su visita a Santa Cruz de Tenerife. DA
Alfonso Chiscano, en la sede de la Autoridad Portuaria, durante su visita a Santa Cruz de Tenerife. DA

Alfonso Chiscano tiene un corazón muy grande. Y el corazón es, al fin y al cabo, el motor de su vida. No solo por el amor que aún siente por su tierra de nacimiento, Canarias, y por la de adopción, Estados Unidos, donde también encontró el amor, sino porque es un brillante cirujano cardiovascular y torácico, y porque su vida la guía un humanitarismo constante.

A sus 79 años, sentado en el hotel Mencey de Santa Cruz de Tenerife, durante una corta visita a su municipio natal, el doctor evoca aquel día en que fue con su esposa, una enfermera estadounidense con quien trabajaba en Houston desde principios de los 70, a conocer la ciudad de San Antonio… y se encontró en Los Álamos una piedra de molino con una inscripción: “Traída por emigrantes canarios en 1731”. Su voz se quiebra por la emoción, mientras lo recuerda para DIARIO DE AVISOS.

Casi tres siglos después, Chiscano preside la Asociación de Amigos de Canarias de EE.UU. y ayuda a la Asociación de Descendientes de Canarios en San Antonio de Texas a buscar fondos para erigir un gran conjunto escultórico en la plaza principal de esa ciudad norteamericana, que recuerde a las 52 familias isleñas que la fundaron.

Para Chiscano todo empezó en realidad en los difíciles años 50 de la posguerra española. Quería ser médico. Su padre era radiotelegrafista en el correíllo La Palma, y no tenía dinero para pagarle los estudios. “El Cabildo me dio una pequeña beca de 3.000 pesetas al mes, y gracias a eso me fui con 17 años a Barcelona en 1958, a estudiar; con eso pagué libros, pensión y comida, aunque tuviera agujeros en los zapatos. Aprendí a luchar”, relata este tinerfeño que admite tener ya el corazón dividido entre ambas orillas. Profesa por ello especial cariño al Cabildo. Curiosamente, la mitad de la entrevista con DIARIO DE AVISOS tuvo lugar en el despacho del presidente de la Autoridad Portuaria, Ricardo Melchior, expresidente del Cabildo, con quien se reunió recientemente. La otra mitad, próximo ya su regreso a EE.UU., en el hotel Mencey, donde se alojó.

Llegó a Detroit de la mano de un compañero de estudios en Barcelona, quien le comunicó que había una plaza de cirugía cardiaca libre, y no lo dudó. “Cogí un avión, apenas llevaba 50 dólares, una raqueta de tenis y casi lo puesto; y desde entonces hasta hoy”, rememora Chiscano, cuyo gran corazón también le llevó a enamorarse de una enfermera de Michigan con la que ha tenido cuatro hijos y ocho nietos, a los que va trayendo poco a poco a ver su Tenerife natal.

Ingresó en la Universidad de Detroit, donde hizo el internado, siete años de cirugía general, luego cirugía torácica; después, ya fue a Houston, “donde estaba la cirugía cardiaca más avanzada”. Durante décadas ha contribuido a mejorar y a prolongar la vida de muchos pacientes: “He operado del corazón a más de 6.000 personas”, afirma, con la humildad que caracteriza a las personas verdaderamente brillantes en su profesión.

En su otra patria conoció diversas realidades sociales: “Al principio, en Michigan, vivimos mi esposa y yo el frío y los conflictos raciales, vimos la huelga de 1965 entre blancos y negros; y en el hospital en un mes operábamos más balazos que en la guerra de Vietnam; casi 200 personas al día llegaba a operar de eso. Así que decidimos irnos a San Antonio”.

Ha asumido el modo de vida de EE.UU., sobre el que asegura que existen muchos prejuicios en Europa. Aunque no niega que hay problemas, como en todas partes, él ha podido progresar allí gracias a los aspectos positivos y las oportunidades que da el país al emigrante.

“Me levantaba a las cinco de la mañana, iba a seis o siete hospitales cada día, y no ha sido por hacer dinero, sino que es tu obligación de ayudar como médico a los pacientes y también a la sociedad”, explica este canario-estadounidense. Y añade que “luego revertimos a la sociedad, ayudamos a las iniciativas culturales, al que no tiene dinero, a las iglesias…; y todo eso entra en un ámbito personal que hace que tú te sientas mejor y mejores la sociedad que te rodea”.

Sonríe Chiscano cuando se le pregunta si ya está jubilado: “Los médicos no nos jubilamos en EE.UU., nos morimos con las botas puestas. Sigo en la Escuela de Medicina. La gente se sigue muriendo, y mi mente continúa al servicio del objetivo que siempre me ha movido: ayudar a los demás”. Admite que no es la lógica europea, pero se afana por explicarlo: “Voy a cumplir 79 y ojalá que Dios me dé cerebro para otros 30, porque no solo es operar, sino ayudar a la Sinfónica, al niño al que le pega la madre, a la persona que necesita tres dólares… Si te paras tú se para toda esa cadena de civilidad. Todo el grupo, toda la sociedad, funciona con la misma filosofía y teoría allí”.

Confiesa su asombro por el sistema de pensiones público en Europa, y se admira de que aún pueda subsistir ese modelo. “En EE.UU. -comenta- los médicos no tenemos pensiones, por lo que he cotizado me dan un cheque al mes”. Por eso, su intención ahora es lograr que los estudiantes de Medicina a los que aún forma “compren a través de seguros una cantidad de dinero que le den cuando se jubilen”.

Tiene Chiscano una especial satisfacción profesional en Tenerife, pues en 1986 vino a poner en marcha el servicio de cirugía cardiaca del Hospital Universitario de Canarias. “Estuve un mes y los primeros 20 casos los hicimos entre un famoso cardiólogo ya muerto, Diego de Armas, y un servidor”, recuerda, siempre con ese brillo en los ojos que anuncia una íntima emoción.

Sobre la Canarias actual, anima a los jóvenes a tener “el ímpetu” que tuvo su generación para salir adelante en momentos duros. “Yo recuerdo ver a mi madre en la antigua recova de Santa Cruz, cuando yo era chiquito, después de la guerra, haciendo cola para comprar un poco de hígado”, evoca. Aunque conoce las dificultades en España por la última crisis, observa que los estudios universitarios son más baratos aquí que en EE.UU., “donde cuestan caro”, y aconseja a los jóvenes canarios formarse, porque “la educación mejora al individuo, y también a la sociedad”. Eso sí, cree que en España hay una tendencia a que “la gente parece preferir a veces que le ayude el Estado y trabajar menos, pero con esa teoría la juventud no funciona”, reflexiona este emigrante canario que cree tanto en el esfuerzo personal como en la solidaridad con los demás.

Chiscano, que es Medalla de Oro de Canarias, tiene desde el año 2002 en la capital tinerfeña un busto, en la plaza de San Antonio de Texas, ubicada en la calle de Méndez Núñez, junto al edificio de la sindical. Curiosamente, su sueño es poder ayudar a que, en la plaza principal de la ciudad estadounidense donde vive, los 52 canarios que la fundaron también tengan una gran escultura en su recuerdo. Nadie duda de que, con su incombustible corazón, también lo logrará.

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