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Cuando el dolor se adueña de tu vida

María, de 57 años, padece varias dolencias crónicas; tras la muerte de su pareja teme quedarse en la calle por no tener recursos
María del Cristo Arbelo nos recibió en su casa, en el lagunero barrio de San Benito, donde nos relató su drama cotidiano y nos enseñó fotos de su pareja. FRAN PALLERO

María no lo ha tenido fácil en su vida. Aunque ya desde muy pequeña tuvo que afrontar duros episodios, tanto familiares como a consecuencia de su salud, en los últimos días está afrontando, probablemente, uno de sus peores momentos: ha tenido que despedirse de su pareja, su pilar en estos últimos 17 años. A la dificultad de afrontar esta situación desde el punto de vista emocional, se le suma el miedo que confiesa tener cuando mira al futuro, ya que teme verse en la calle por no poder hacer frente a su situación económica. Esta angustia le ha llevado a contactar con DIARIO DE AVISOS para contar su historia y pedir ayuda a quien pueda echarle una mano.

María del Cristo Arbelo -le gusta que la llamen María- residen en el barrio de San Benito, en el municipio de La Laguna. Ella padece ocho enfermedades crónicas, avaladas por un informe médico, mientras que su pareja, fallecida hace hoy 12 días (el martes de Semana Santa) tampoco contaba con un buen estado de salud, puesto que a las patologías crónicas que tenía diagnosticadas se le sumó un cáncer que fue, finalmente, lo que provocó el trágico desenlace. José, como así se llamaba, contaba con una pensión de alrededor de unos 600 euros, a la que se sumaba la ayuda no contributiva de María, que ascendía a algo más de 400 euros. La protagonista de esta historia detalla que con la pensión que recibía su pareja hacían frente a los gastos del alquiler, agua y luz, mientras que con la de ella pagaban el resto de cosas. “Ahora con mis 400 euros no voy a poder pagar esto y tengo pánico de quedarme en la calle”. Ella es consciente de que el próximo mes sus recursos económicos no le van a permitir seguir abonando su cuota de alquiler (de unos 400 euros), por lo que, a la muerte de su compañero, se le suma esta preocupación. María señala que, hasta el momento, el propietario del inmueble se ha portado muy bien con ella. De hecho, cuenta, muy agradecida, que aún le debe algunos recibos atrasados de agua y luz. “Yo no le puedo hacer eso a este señor”, asegura, refiriéndose a la posibilidad de dejar de pagarle. Esta complicada situación económica le obligará a perder, también, su teléfono, lo que imposibilitará la conexión que tiene con Cruz Roja a través del dispositivo de teleasistencia.

A este panorama económico, al que tendrá que hacer frente en breve, se le añade su estado de salud. Las ocho enfermedades crónicas que padece desde muy joven le han provocado que, en estos momentos, apenas pueda salir de la cama y su movilidad sea muy reducida. Además, las condiciones de su hogar no son las más adecuadas para su estado de salud. Por ejemplo, al carecer de plato de ducha una actividad tan cotidiana como asearse le resulta bastante complicada y dolorosa.

Por eso, reclama ayuda para poder encontrar alguna vivienda que pueda pagar, más cercana al centro, ya que cada vez que tiene que realizar una gestión, como ir a la farmacia, al médico o al banco, le resulta un suplicio. Artritis reumatoide, dolores crónico, dos hernias discales inoperables, colon irritable, problemas de movilidad en pies y manos que no pueden ser operados, nódulos pulmonares, nódulos en el tiroide (que no pueden ser analizados), lupus eritematoso sistémico o la extirpación del útero son algunos de los problemas que afectan a esta lagunera de nacimiento que cuenta ahora con 57 años. “Tengo dolores día y noche”, explica. Para esta enferma, labores tan normales como coger un vaso de agua, vestirse, o dar algunos pasos resultan casi una tortura.

A María le gustaría poder mudarse a otra casa que le facilite la vida, aunque solo cobra una pensión de cerca de 400 euros. FRAN PALLERO

Pese a los dolores, con apenas 15 años y tras la separación de sus padres, tomó las riendas de su familia y se puso a trabajar fuera de casa limpiando -en su hogar ya lo hacía desde niña- para sacar adelante a sus cuatro hermanos. María tuvo que parar hace unos años, ya que su estado de salud no le permitía poder seguir afrontando estas labores físicas. En todos estos años, confiesa, haber sido el pilar de la familia, y aún lo es, al menos desde el punto de vista emocional, para sus tres hermanos (uno de ellos falleció) y sus siete sobrinos. De hecho, una sonrisa inunda su cara cuando habla de ellos, de cuando la llaman y van a visitarla. Pese a la buena relación, explica que la situación económica de sus allegados tampoco les permite que la puedan ayudar, ya que asegura, tiene dos hermanas que están también en una situación muy complicada.

En estos momentos, María dispone del servicio de atención domiciliaria, que acude dos horas diarias, de lunes a viernes, aunque en su situación, pide alguna otra colaboración, al menos para poder mudarse. Cuenta que hace unos años, solicitó más colaboración del Ayuntamiento, pero no fue posible llevarla a cabo.

Este medio se ha puesto en contacto con el Consistorio lagunero, que aseguró que con este nombre no tiene ningún usuario. No obstante, no descartan conocer el caso al detalle y ayudarla, en la medida de sus posibilidades.

Pese a la fortaleza mostrada a lo largo de su vida, ahora siente que no le queda mucho tiempo por delante. Aún así, aprovecha para lanzar un mensaje de positividad y ánimo. “Pido a la gente que aproveche cada segundo de la vida y que haya más amor”.

“MI PAREJA ME ENSEÑÓ QUE TENÍA DERECHOS COMO MUJER”

José fue el gran amor de su vida. Su historia se remonta a 17 años atrás. Él vivía en Tarragona. Había sido alcohólico y era uno de los coordinadores del centro que le ayudó a salir adelante. A esas instalaciones, María mandó a su hermano. Ahí empezó su relación, por carta, y a través de estas se enamoraron. Un año después José vino a la Isla y no volvió a alejarse de María. “Fue un ángel que me mandó Dios”, afirma. “Me enseñó que tenía derechos como mujer, porque yo pensaba que no tenía ninguno”.

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