
Para el filósofo y escritor Jostein Gaarder (1952), la conservación del medio ambiente es el gran reto de esta generación. Para el noruego, explicar las consecuencias del cambio climático o de la pérdida de especies es también una deuda pendiente con sus lectores, entusiastas de El mundo de Sofía (1991), su libro más vendido -un auténtico best-seller mundial- y donde, reconoce, no dio respuesta a estas cuestiones que considera fundamentales. Por eso, en 2013 publica La Tierra de Ana, una fábula medioambiental para hacer reflexionar a los jóvenes, el mayor de sus retos. También es el creador de la Fundación Sofía, que fomenta la conservación del medio. “No tenemos derecho a dejar el planeta peor de lo que lo hemos encontrado”, es su punto de partida. Así lo aseguró la noche del pasado jueves en la mesa de diálogo que extendió la Fundación CajaCanarias, a propósito de su Foro Enciende la Tierra. Esta era la tercera que acogía en esta edición el Espacio Cultural capitalino, a la que asistieron más de 350 personas interesadas en la obra del filósofo, que incluye otros títulos como El misterio del solitario o La joven de las naranjas. Junto a Gaarder se sentó la activista iraní Nazanín Armanian. El filósofo es, en definitiva, un hombre esperanzado, que ve el pesimismo como el reflejo de la vagancia. Comprometido con su causa, “transmitir conocimientos a través de las historias”, responde a DIARIO DE AVISOS.
-Siempre ha dicho que la pregunta filosófica más importante es “¿cómo será el planeta del ser humano del futuro?” ¿La respuesta está en sus libros?
“Despejar esa incógnita es un enorme desafío para la humanidad. Por eso, para mí, es una de las grandes preguntas filosóficas: cómo salvar la vida en el planeta. Hace algunos años volví a leer mi obra El mundo de Sofía, y me di cuenta de que no había planteado esta pregunta en sus páginas. Entonces me vi obligado a escribir un apéndice en otro libro, y así nació La Tierra de Ana. Es embarazoso que no haya escrito nada sobre la ecología en aquel primer volumen”.
-¿Cómo se imagina que será el planeta del futuro?
“El mayor problema que enfrentamos hoy en día es el del calentamiento global, cuyas consecuencias ya las podemos ver. Están, por ejemplo, las sequías, que provocan oleadas de refugiados climáticos, los que se ahogan en el Mediterráneo o en el Atlántico para buscar un mejor porvenir y no están huyendo de guerras o conflictos. Hay pruebas científicas de que algo drástico va a ocurrir. Y es que nunca antes en la historia hemos tenido tanto dióxido de carbono en el aire. A eso hay que sumar a un nuevo y poderoso presidente en Estados Unidos que no cree en el calentamiento global. Mientras tanto, se ven cómo se están derritiendo los casquetes polares en el Ártico, cómo la temperatura media se ha incrementado en un grado centígrado más que en la era preindustrial. El futuro, por tanto, es ya, y tenemos que trabajar para cambiar las cosas”.
-¿Una persona con tanto poder, como el que tiene ahora Donald Trump, puede cambiar el destino de toda la humanidad?
“Es muy extraño y esperemos que no pueda hacer todo lo que quiere. Sus propuestas tienen que pasar por el filtro del Congreso, del Senado y del sistema jurídico estadounidense; esta es mi esperanza. Él ha querido, a golpe de decreto, vetar la entrada musulmanes al país, pero no ha podido aplicar esta idea suya porque, afortunadamente, existe un órgano judicial. Quizá Donald Trump tenga que responder ante la justicia en el futuro, porque está mintiendo una y otra vez, y un presidente no puede mentir y mentir hasta el infinito”.
-¿Qué asuntos preocupan a un filósofo en pleno siglo XXI?
“Me preocupa mucho la pérdida de especies vegetales y animales, como consecuencia también del calentamiento global y de la crueldad del ser humano. Es verdad que todavía tenemos leones, elefantes, jirafas, pero en menor cantidad. En este sentido, hay dos tipos de amenazas: las especies que se extinguen, la más grave; y las especies que todavía existen, pero que ven su número muy reducido. La pérdida del número de abejas es un problema realmente preocupante, por ejemplo. Hay que tener en cuenta la labor que realizan en la polinización de las plantas”.
-En el Foro Enciende la Tierra habló sobre el punto de no retorno como civilización. ¿Dónde marcaría ese punto?
“Las palabras que pronuncié durante la mesa de diálogo podrían resumirse en ese título: El punto de no retorno. Creo que esta generación marcará el punto de no retorno si no comienza a trabajar desde ahora en la conservación del medio. Después puede ser demasiado tarde. No obstante, yo no soy pesimista. Para mí un pesimista es un vago. Yo soy optimista, porque eso significa que trabajo para cambiar algo. Es más, hay un término entre pesimismo y optimismo en el que siempre me encuentro: la esperanza, que camina de la mano de la lucha, del combate. No digo que el cambio climático sea el único problema global, está también la opresión a las mujeres, pero es que hay una conexión entre estos problemas”.
-En varias entrevistas ha defendido el papel de la mujer en la organización del mundo…
“De hecho, considero que cuando los países ricos ayudan a los pobres, podrían dar la cooperación a las mujeres. Ellas siempre están más predispuestas a proteger el entorno, a sus familias, y eso es vital. En el Foro, Nazanín Armanian ofreció un gran discurso sobre la opresión de las mujeres, no solo en países musulmanes, también en otros territorios. En este sentido, creo que hemos llegado demasiado lejos en ciertos países del mundo”.
-También ha dicho que el hombre vive ahora en “la cultura del selfi”, y lo calificaba como “un tipo de ceguera”. ¿Se puede salir de esa ceguera o ya es un rasgo de esta sociedad?
“La palabra selfi, en sí misma es muy interesante, porque viene de selfish, en inglés, que significa egoísta. Son los jóvenes, sobre todo, los que viven en esta cultura, pero también algunos adultos, que están más preocupados de su reputación en las redes sociales que en el destino del planeta. Siendo nostálgico, en los 70, cuando yo era un estudiante, nos preocupaba y mucho, la política, la economía, ahora no es así”.
-¿Qué lugar ocupa la filosofía en esta era de redes sociales, de medios de comunicación online, de consumo rápido de la información?
“Hay mucha filosofía publicada en la red, la gente la comparte y así extiende el mensaje, pero hay que tener mucho cuidado con la veracidad de lo que se lee y la influencia de los comentarios. La redes sociales han creado una gran dependencia en la gente, y una dependencia basada en la vanidad, nos da la impresión de que estamos en el centro del mundo. Y es que si echo la vista atrás, cuando yo era joven casi nadie vivía una vida pública, y ahora casi todos tienen una vida pública. Este hecho nos convertirá en una sociedad muy diferente”.
–El mundo de Sofía, publicado en 1991, es todavía hoy un best-seller mundial. ¿El contexto histórico ayudó a conseguir ese título o cree que en 2017 hubiera conseguido el mismo éxito?
“Yo siempre me pregunto por qué; cómo ese libro extraño, a mi juicio, que es una novela, pero que también trata sobre filosofía, se convirtió en un superventas. He llegado a la conclusión de que son varios los motivos y uno de ellos tiene que ver con el momento en el que se escribió, 1991. En ese momento, Europa del Este empezaba a establecerse como una sociedad nueva, democrática, y en los pueblos rondaban muchas preguntas, como ¿qué es la justicia? Curiosamente, esto es lo que se pregunta la protagonista en el libro. Por eso, El mundo de Sofía tuvo tanto éxito en Europa del Este, en países como Rusia. Por otro lado, entre los 80 y 90, la Iglesia católica romana perdió mucha influencia entre los creyentes que se preguntaban otras cosas, buscaban otras respuestas. También considero que este volumen trata la filosofía a través de una historia, un método que siempre he preferido antes de la explicación científica, enciclopédica. La última razón por la que se vendió tanto el libro es porque plantea preguntas universales. Ya estemos en Tokio, Tailandia o Perú, todos nos preguntamos las mismas cosas”.
-¿Ana y Sofía serían amigas?
“[Ríe] Yo creo que sí. Sofía le preguntaría mucho a Ana sobre medio ambiente y se enfadaría conmigo porque nunca le hablé de estos asuntos que significan tanto para el futuro del planeta. Serían buenas amigas porque, además, tienen más o menos la misma edad”.
-Su libro ilustrado Me pregunto (2012) expone las 50 grandes preguntas filosóficas. ¿Tiene una que sea su favorita?
“Mi favorita es la pregunta original: qué es este mundo y de dónde viene. Me apasiona el estudio y los avances de la astrofísica. Sabemos lo que ha ocurrido después del Big Bang, pero nadie sabe lo que había antes. Recientemente he escrito un ensayo, que me enorgullece, A caso la consciencia es una coincidencia cósmica. El Big Bang y la consciencia, dos cuestiones relevantes para mí”.
