
En la calle de Méndez Núñez se percibe un gran malestar con las obras de mejora que acaban de arrancar en esta céntrica vía de la capital, especialmente entre los negocios. Los trabajos llevan en marcha apenas un mes, de los ocho previstos, y las quejas se repiten y multiplican entre la mayoría de estas pequeñas y medianas empresas, algunas de las cuales forman parte del paisaje de esta vía desde hace muchos años. Como el Restaurante Sidrería Mariano, que lleva sirviendo cafés desde hace 28 años, “y este es el peor momento que recuerdo”, relata José, su propietario.
No es el único. El bar que había justo al lado tuvo que cerrar porque “su propietario me dijo que iban a aguantar una semana a ver cómo iban las ventas, y vio que bajaron el 40% y tuvo que cerrar, y a mí también me bajaron”, explica José, quien critica que por la noche esta calle se convierte “en una ciudad fantasma”. “Y cuando levanten las aceras, a ver qué pasa… Yo no creo que haga falta ampliarlas”, sostiene.
Más de un empresario comparte esta opinión, como Andrés, responsable de la tienda 40-15 Sport Padel y Más. “Vemos un poco absurda la obra, porque la verdad es que no hay muchos negocios que vean beneficioso que se amplíe la acera. Hay muy pocos, solo de restauración, y luego, encima, la comunidad de vecinos tiene que dar permiso, con lo que es un poco absurdo -reitera-. Más falta hacen aparcamientos, y no quitar un carril para ampliar unas aceras que ya de por sí son grandes”.
Este es el principal problema del que se quejan los negocios, la falta de aparcamientos, algo que se ha agravado con las obras, porque, con un solo carril operativo, los coches ya no pueden parar un momento en doble fila para realizar compras puntuales, lo que era una dinámica común entre las empresas de la zona.
“La mayoría de los negocios viven de la segunda fila -apunta Andrés-. Ahora nosotros tenemos clientes que nos llaman y nos dicen que llevan media hora dando vueltas y que no logran aparcar, y al final, incluso, les tenemos que dar muchas veces la mercancía en la calle”. Pero el problema de aparcamientos no solo lo sufren los clientes, sino también los repartidores y proveedores de los negocios. “Nosotros tenemos tres tiendas y los repartidores llegan puntuales a las otras dos, pero aquí siempre dos o tres días después, porque no tienen donde pararse”, indica Carla, empleada del Herbolario Naturaleza Sana, quien añade que “hay clientes que venían muy a menudo y que ya no vienen, que tenían hechos encargos aquí y que prefieren recogerlos en otras tiendas porque les viene más cómodo. La gente que acude son los vecinos de la zona pero de fuera apenas nos visitan ya”. Esta misma situación la viven también en una de las farmacias que hay en la calle, donde han tenido que pedir al Ayuntamiento un vado reservado porque “antes todos nuestros clientes aparcaban en doble fila”, señala una de las empleadas, “pero aún estamos esperando”.
Esto también ha obligado a que muchos de los trabajadores de la zona hayan tenido que alquilar un garaje, cuyos precios se han disparado desde las obras. “Para conseguir un aparcamiento ahora prácticamente hay que rezar. Te tienes que ir hasta la parte de arriba de Residencial Anaga. Yo tuve que alquilar uno y son 150 euros al mes, cuando antes estaban entre 80-90 euros; los pocos que hay, porque aquí hay muchos edificios antiguos que no tienen garaje”, critica Mercedes, propietaria de una frutería desde hace seis años, pero que lleva trabajando en el barrio desde hace más de 30. Ella no ve tampoco la necesidad de ampliar las aceras, pero sí de arreglar las tuberías, porque algunos bajos tienen problemas con los desagües.
Y todas estas quejas se empiezan a notar ya en las cuentas. “Aparte de todos los gastos que tengo, ahora debo sumar estos 150 euros para el aparcamiento”, indica Mercedes. “De momento, estamos aguantando porque nosotros vendemos también online y tenemos acuerdos con algunos clubs -apunta Andrés, de la tienda de pádel-, pero en los negocios que solo venden a la gente que entra por la puerta se nota que el tránsito de público no es el mismo. Y ya han cerrado tres negocios”.
A este respecto, al bar antes mencionado que cerró sus puertas hay que sumar también la reciente clausura de un rent a car y un local de alquiler de bicicletas. Pero no hay negocio que no lo haya notado en mayor o menor medida, como Teresa, propietaria de la tienda de ropa Marengo. “La zona nunca ha sido demasiado espléndida, pero yo tengo mi clientela y voy bien, no me quejo; pero ahora sí, lo noto en el negocio”.
Las quejas y críticas no se quedan solo en el ámbito empresarial, sino que se extienden también a los vecinos de esta calle y de alrededores, como el céntrico barrio de El Toscal. Así, la presidenta de la Asociación de Vecinos Urban Centro El Perenquén, Silvia Barrera, vecina de El Toscal, denuncia que la calle de Méndez Núñez “es muy importante y la única para acceder al centro, y nos han dejado atrapados”. Muestra, además, su preocupación por los accesos y salidas a los tres colegios que hay en el barrio y, sobre todo, por el problema crónico de falta de aparcamientos en la zona. “Al vecino no le puedes quitar más”, critica.
El Ayuntamiento no prevé ayudas para los comercios
Desde el Ayuntamiento de Santa Cruz respondieron ayer que no tienen previsto otorgar ayudas o subvenciones a los negocios de la calle de Méndez Núñez, ya que la zona se beneficiará de las mejoras que traerán estas obras. El concejal de Infraestructuras, José Alberto Díaz-Estébanez, recordó que el objetivo es “reimpulsar la zona de El Toscal”. En concreto, estos trabajos supondrán una “remodelación profunda” de la calle, con el mantenimiento de dos carriles, una ampliación de las aceras, nueva señalización, semáforos y luminarias, la instalación de contenedores soterrados y la mejora de las redes de agua potable y saneamiento, entre otras. Además, una vez remodelada la zona, “se buscarán mecanismos de impulso del pequeño comercio”, apuntó el edil, quien recordó que el proyecto fue debatido con los vecinos y comerciantes, de quienes se incorporaron varias sugerencias.
