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los realejos

Cruces por el día, fuegos por la noche

El municipio celebra la jornada grande de sus Fiestas de Mayo con unos 300 maderos engalanadas, 90 de ellos en la Cruz Santa y el tradicional pique pirotécnico entre las calles El Sol y El Medio

FOTOS: FRAN PALLERO

Desde los altares más sencillos en patios y viviendas particulares, hasta la majestuosidad de las capillas, Los Realejos vivió ayer con todo su esplendor el día grande de sus fiestas: las Cruces y Fuegos de Mayo.

La celebración no dejó a nadie indiferente. Una veintena de guaguas de turismo peninsular y grupos de visitantes de otras localidades de la Isla, llegaron a la ciudad para recorrer unos 300 maderos repartidos por todo el municipio, de los cuales 90 se engalanan en la Cruz Santa. En este último núcleo es donde más se vive esta manifestación popular en la que todos participan, desde los adultos hasta los más pequeños, y que volvió a sorprender con un verdadero espectáculo floral. Desde la medianoche del martes, los vecinos abrieron sus patios, zaguanes y ventanas al público y lo invitaron a conocer la historia y la tradición de las cruces que albergan.

El evento gastronómico ‘Atrákate 2.0’, para promocionar los productos locales, se desarrolló por segundo año consecutivo con una gran aceptación por parte del público. Éste se concentró en las inmediaciones de la plaza de Viera y Clavijo para comprobar la grandiosidad de la traca pirotécnica en honor a la Santa Cruz tras la salida de la procesión desde la iglesia de Santiago Apóstol.

Fueron seis minutos que presagiaron lo que iba a ocurrir por la noche durante el tradicional pique pirotécnico entre las calles El Sol, representada por los Hermanos Toste, y El Medio, por los Hermanos Caballer. Una rivalidad que se remonta a 1770 y que por fortuna, ha desaparecido hace mucho tiempo.

En el siglo XVIII existían en Los Realejos dos clases sociales bien diferenciadas: los propietarios de las tierras por donde discurría la calle El Medio, y los medianeros y campesinos de la calle El Sol. La disputa consistía en que al paso de la Cruz en procesión, los habitantes de cada una de las vías encendían hogueras, humos de colores y hacían mucho ruido. Ganaba la que mayores fogatas, columnas de humo o más ruido hubiera provocado. El tiempo dio paso a la pirotecnia y las humildes batallas iniciales se transformaron en una verdadera pelea de luces y colores por el cielo realejero.

Actualmente, esta guerra es un motivo de fiesta para los vecinos de Los Realejos. Y ayer no fue una excepción. Miles de personas se concentraron desde el mediodía en los aledaños de ambas calles para disfrutar del mayor espectáculo pirotécnico de España y uno de los más importantes de Europa.

El traspaso de la cruz por parte de los cargadores de la calle El Sol a los de El Medio en la confluencia de ambas vías, en la calle de La Pila dio paso a la exhibición de fuegos artificiales que puso fin a la jornada festiva.

Comenzó pasadas las 22.30 horas y durante más de una hora se dibujaron en el cielo cientos de figuras de diversos colores en una disputa más que reñida, aunque al igual que siempre, resulta difícil saber quien ganó la batalla.

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