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Desequilibrio geográfico

En teoría, la globalización e internet deberían haber permitido descentralizar geográficamente las actividades económicas.

En teoría, la globalización e internet deberían haber permitido descentralizar geográficamente las actividades económicas. Se produce sin embargo la paradoja de que no sólo no es así, sino que cada vez más las poblaciones se van concentrando en los grandes núcleos urbanos, que van reforzando su protagonismo al concentrar población y economía y acaparando las inversiones públicas en infraestructuras, centros de decisión, sanidad y escuela.

Este desequilibrio geográfico va pasando a ser también ideológico y político. Los populismos crecen en aquellas geografías abandonadas por la acción pública. Algunos ejemplos para ilustrar la hipótesis. Trump ganó con el voto rural americano, ganando Hillary en la gran mayoría de las zonas urbanas. En Londres perdió el brexit, siendo por si solo la ciudad el 23% del PIB del Reino Unido. En Barcelona, con el 33% del PIB catalán, es mayor el voto españolista que en el resto de Cataluña.

Lo curioso es que son estos grandes centros urbanos, que aumentan población, economía e impuestos, quienes financian al resto. Las ciudades hacen economía de escala agrupando actividades, donde las empresas privadas se concentran. En catalán diríamos el “campo nos roba”. Sólo la acción consciente de las Administraciones públicas puede reequilibrar la geografía. Lo curioso es que en la crisis éstas no han funcionado como mecanismo anticiclo, habiéndose dedicado a salvarse a sí mismas y luego a los bancos, olvidándose del ciudadano.
A ello debemos buena parte del impulso de los populismos, alimentados en España por la demolición de las clases medias. La corrupción es un indicador del mal reparto del poder en este periodo.

Canarias es un campo de pruebas para valorar los desequilibrios geográficos. El primero, el pacto político que sostiene la autonomía. La triple paridad de provincias, islas mayores y menores e islas menores entre sí. Con ella el 18% de la población de islas menores tiene el 50% del poder político. Análogo desequilibrio geográfico el que atiende el reparto económico entre autonomía, 42%; cabildos, 34,8%, y ayuntamientos, 23,2%.

Luego de estos desequilibrios, que en teoría debieran favorecer a los pequeños, la realidad nos dice que los ayuntamientos de Canarias y las islas menores están desequilibrados en capacidad de inversión, en relación a la autonomía y los cabildos. Canarias mantiene al tiempo un déficit fiscal con España, situado en torno a los 3.000 millones de euros/año. Su desequilibrio geográfico se manifiesta en su elevado nivel de paro, altas tasas de abandono y fracaso escolar y, como vemos en este trimestre, la confianza empresarial retrocede en Canarias, mientras avanza la nacional. Incido específicamente en el fenómeno de las islas menores o verdes, El Hierro, La Gomera y La Palma. Teniendo una ley singular desde el 2002, actualizada el 2016, la realidad es que no ha funcionado. Hasta la fecha con cargo a ella se han realizado solo 120 plazas turísticas.

Se mantiene la situación económica diferencial, el envejecimiento de la población y la emigración de los jóvenes mejor formados. Caso único en Canarias después de la posguerra, La Palma perdió 1.500 habitantes de derecho en 2014. Sólo la inversión pública puede revertir el fenómeno del desequilibrio geográfico canario, por la doble vía de liberalizar y flexibilizar las normas para emprender, donde debemos incorporar las reducciones impositivas y la propia acción pública dirigida a descentralizar en islas infraestructuras, sanidad, escuela y capacidad de decisión e inversión propia.

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