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Galindo: “Ilusionarse a diario es jodidísimo, pero resignarse me aterra”

Luis Galindo, conferenciante motivacional internacional
Luis Galindo. | DA

Hace tres años, cuando Luis Galindo firmaba ejemplares de uno de sus libros en la facultad de Psicología de la Universidad de La Laguna, tras ofrecer una conferencia sobre motivación, se le acercó un hombre acompañado de su familia. Cuando estaba frente a él, miró a su mujer y a sus hijos y les dijo: “Gracias a este señor no me suicidé el día que tenía pensado hacerlo; la decisión estaba tomada para esa tarde, y a última hora de la mañana me enviaron un vídeo suyo y me di cuenta de que valía la pena seguir viviendo, así que hoy quiero darle las gracias y que mi familia fuera testigo de ello”. Aquella confesión le marcó y la recuerda cuando le preguntan por alguna experiencia que le haya impactado en los 30 años que lleva dedicándose a ayudar a elegir la actitud con la que la gente camina por la vida “en la apasionante aventura que supone disfrutar del milagro diario que es vivir”.

“El trabajo al que yo me dedico es a potenciar la parte emocional del ser humano, que es clave para la vida personal, laboral y social, además de para la salud. Simplemente trato de hacer ver que todos tenemos muchos motivos para dar las gracias cada vez que nos despertamos, para volvernos a ilusionar, para salir por las mañanas contentos de casa… Cuando estamos anímicamente bien, todo nos sale mejor, y si estamos mal cualquier vientecito nos tira”, afirma a DIARIO DE AVISOS uno de los conferenciantes sobre técnicas de motivación y superación más valorados en todo el mundo. “Cuando estamos fuertes, emocionalmente hablando, la vida se ve de otra manera”, asegura.

Su mensaje está orientado en la doble dirección que, a su juicio, se puede afrontar nuestra existencia: con ilusión o con resignación. La elección depende de cada uno de nosotros. “La vida no es fácil y, por eso, ilusionarse a diario es jodidísimo. No conozco matrimonios ideales, ni hijos ideales, ni padres ideales, ni trabajos ideales. La mayoría de gente madruga todos los días, va a trabajar a un sitio regular y cobra menos de lo que le gustaría. Pero es que la otra opción me produce terror, y es la que encontramos en respuestas del tipo: Aquí vamos, aguantando; a ver si llega el verano; ya me queda menos para la jubilación… Por eso, mis conferencias las suelo empezar advirtiendo de que voy a hablar de ilusión, que es algo muy complicado, pero aclaro que la otra opción a mí me produce mucho temor. A partir de ahí se trata de buscar argumentos entre todos para tener ese chute de motivación”.

Luis Galindo lamenta el “escepticismo social” que detecta y que, en su caso, comprueba en las personas que le reprochan que su mensaje “es muy bonito pero muy utópico”. Él siempre responde con un planteamiento cotidiano, directo y fácilmente entendible. “Hay dos formas de cumplir años: están los que piensan que a medida que te vas haciendo mayor la vida te va decepcionando (“no creo en los políticos, en los bancos, en las empresas, mi familia me ha fallado, un amigo me dejó tirado…”), y están los que, como yo, elegimos cumplir años emocionándonos con cosas importantes: ya sea porque tus padres se hacen mayores, por un beso de tu hijo, por un buen amigo, por un paisaje… No perder la capacidad de emocionarse ante esas situaciones es fundamental.

Desconfianza general

Sus frecuentes viajes a distintos países latinoamericanos, donde llena auditorios de más de 4.000 personas, le han descubierto una realidad a pie de calle muy diferente a la que vive en España. “Voy mucho a México, Colombia, Argentina… que son países en peor situación económica que la nuestra, sin olvidarnos de que aquí hay mucha gente pasándolo mal, y detecto un espíritu colectivo de mayor alegría. Tengo la impresión de que España y Europa están sumidas en una especie de depresión colectiva, de desmotivación, de no creer en nada; yo lo llamo escepticismo crónico”. Afirma que el auge de los movimientos políticos populistas está directamente relacionado con ese descreimiento de la sociedad europea, decepcionada con quienes ostentan el poder. “Esa desconfianza generalizada nos obliga a removerlo todo para llenarnos de moral y mirar al futuro con optimismo”.

Además, añade otro factor que le transmiten muchos jóvenes universitarios latinoamericanos que estudian en nuestro país. “Les llama la atención que en España nos quejemos tanto. Ellos valoran que a la una de la madrugada puedas tomarte una cerveza tranquilamente en una terraza, algo que no pueden hacer en sus países; que tengamos unas infraestructuras muy modernas o que el modelo sanitario sea único en el mundo. Es que es verdad. A mí, si esta tarde el corazón me da un susto en Santa Cruz de Tenerife, me llevarán a un hospital magnífico, me operará un señor muy bueno, y mañana veremos si lo paga la Comunidad de Madrid o quién, pero me operarán esta noche. Eso no pasa en ningún país del mundo. Es un ejemplo para exclamar: ¡qué suerte tenemos!”

Ejemplos no le faltan para ver siempre la botella medio llena. “Hoy tenemos una herramienta potentísima, que es Internet, que nos permite tener el Museo del Prado en casa, la NASA y las estrellas, la mejor música clásica… Es un disfrute impresionante, una maravilla”. Pero también tiene muy claro que esta exquisitez tecnológica se convierte en comida basura si no se usa adecuadamente, y cita específicamente los casos de la pornografía y los juegos y apuestas, los contenidos más demandados hoy en la Red.

Luis Galindo es uno de los líderes de motivación más solicitados por las grandes empresas españolas. Podemos decir que su aportación a la buena gestión de los Recursos Humanos cotiza claramente al alza, ya que trabaja con 29 empresas del Ibex 35. Desde esa visión privilegiada de la realidad empresarial española, asegura que en los últimos años “se ha avanzado muchísimo, hay ganas de hacerlo cada vez mejor, pero aún queda bastante camino por recorrer”. A su juicio, el principal problema es la exigencia de las compañías en obtener resultados cortoplacistas.

“Si hablamos de grandes empresas como Repsol, La Caixa o Banco Santander, los accionistas exigen rentabilidad y piden que ganen mucho dinero. Si toda su preocupación es esa, las prioridades ya no son tanto el horario de los trabajadores, su salud o la conciliación familiar, porque el gran objetivo es ganar más dinero que el año pasado. Todo lo relacionado con la calidad humana empresarial va lento, aunque, insisto, hay avances significativos”.

Luis Galindo, que participó la semana pasada en La Laguna en un encuentro sobre liderazgo y motivación, organizado por el Hispanic-American College, afirma que el secreto de la motivación está en sacar lo mejor de cada uno. “Todos tenemos familiares y amigos que nos cargan y nos quitan energía. Motivar es generar un entorno que nos permita dar nuestra mejor versión”.

Del ‘gracias por venir’ al ‘gracias por haber venido’

“Mi vida no ha sido, precisamente, un camino de rosas”, explica Luis Galindo. El último mazazo personal es la metástasis que sufre su hermana, un revés que exige afrontar esta realidad con la actitud más adecuada. “Su oncólogo le ha dicho que no tiene garantías de que con una actitud positiva y valiente vaya a salir adelante, pero sí le asegura que es el primer paso para poder salir adelante”.
Lo cuenta como un ejemplo, cercano y doloroso, para hacer ver que la resignación conduce a un camino sin salida. “Muchas veces la actitud o las ganas no te van a salvar de una enfermedad grave, pero sí van a hacer que vivas el tiempo que sea con plenitud, sin lamentarte las 24 horas de que te vas a morir. Ese es el objetivo”.

Su mujer, psicóloga y voluntaria de cuidados paliativos en un centro hospitalario, le recuerda a diario cómo los pacientes oncológicos valoran “cada paseo, cada amanecer, cada atardecer, cada paisaje, cada luna llena y cada vaso de agua”.

“Parece mentira que la vida nos tenga que dar un susto o nos amenace para valorar lo cotidiano”, lamenta. De un reciente viaje a Santiago de Chile guarda una imagen que no olvidará nunca. “Hay dos carteles en la puerta de entrada de un hospital que me impactaron. En la zona de nacimientos se lee: Gracias por venir; y en la zona de paliativos, Gracias por haber venido. Es la gratitud para quienes se van. Fíjate que filosofía más bonita”.

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