
La situación geográfica del Archipiélago y sus características ambientales provocan que el número de enfermos de asma en Canarias sea mucho más elevado que la media nacional. De hecho, la tasa de incidencia en las Islas triplica a la del resto del país y se sitúa como una de las más elevadas en el continente europeo. Así lo explica a DIARIO DE AVISOS José Luis Trujillo, neumólogo del Hospital Universitario Nuestra Señora de Candelaria (Hunsc). El experto señala que “el asma afecta en Canarias al 15% de la población, superando la prevalencia del resto de España, según datos del estudio European Comunity Respiratory Health Survey (ECRHS) y del International Study of Asthmaand Allergy in Childhood (ISAAC)”. Con este índice, se puede hablar, por tanto, de unos 330.000 isleños.
Trujillo añade que en el resto del país, la incidencia aproximada es del 5% de la población, con un coste que puede oscilar entre el 2% y el 2,5% del total de los recursos sanitarios. “El 50% de este gasto se emplea en tratar a los paciente con asma grave mal controlada”, añade. “La incidencia de sensibilización a los ácaros es mayor entre la población canaria (21,7%), mientras que en el resto de España oscila entre el 4,8% y 17,5%, precisa el neumólogo a la hora de explicar los motivos de la elevada tasa del asma en el Archipiélago.
De hecho, puntualiza que el clima subtropical de las Islas y los niveles de humedad absoluta, que se mantienen estables a lo largo del año, propician que la población de ácaros sea elevada y constante. “Por el momento las condiciones meteorológicas y ambientales se postulan como la principal causa de la mayor prevalencia de asma en la población regional, una de las más altas de Europa, similar a la de otras islas, como Nueva Zelanda, Reino Unido o Irlanda, pese a las diferencias de temperatura”, recalca el especialista.
El neumólogo afirma que los principales síntomas de esta enfermedad son las sibilancias, dificultad respiratoria, opresión torácica y tos, que varían a lo largo del tiempo en cuanto a su presencia, frecuencia e intensidad. Añade que hay factores que pueden desencadenar o agravar estos problemas, como es el caso de las infecciones víricas, alérgenos domésticos o laborales (por ejemplo, ácaros del polvo, polen, cucarachas), humo del tabaco, ejercicio y estrés. “Estas respuestas son más probables cuando el asma no está controlada”, matiza. Sobre el perfil del enfermo, explica que se trata de “un trastorno frecuente que afecta a toda la sociedad. Deportistas olímpicos, líderes reconocidos y personas famosas, así como personas normales y corrientes, todos pueden llevar una vida activa y satisfactoria pese al asma”.
Trujillo incide en que el tratamiento para controlar los síntomas y reducir el riesgo engloba medicamentos de control y sintomático, tratamiento de los factores de riesgo modificables y, estrategias no farmacológicas. “Con el objetivo de obtener los mejores resultados, se debe iniciar el control diario regular lo antes posible, tras establecer el diagnóstico, mediante tratamiento inhalado (corticoides inhalados a dosis bajas y broncodialatores inhalados); este se ajustará de forma continua con el fin de que el paciente esté siempre controlado”, explica. Sobre el control ambiental, dice “que los pacientes asmáticos fumadores presentan síntomas más graves, una peor respuesta al tratamiento y una pérdida acelerada de la función pulmonar, siendo este el primer objetivo del control ambiental”. Para el caso del asma alérgica, recomienda medidas dirigidas a disminuir drásticamente los niveles de exposición.
El neumólogo destaca que los nuevos tratamientos suponen un gran avance. “Se trata de anticuerpos monoclonales fabricados a través de ingeniería genética que bloquean determinadas moléculas responsables de la respuesta alérgica”. De hecho, hoy en día se administran dos fármacos en los hospitales para asma severo de difícil control, con óptimos resultados.
Una enfermedad crónica que dificulta la expulsión del aire
El neumólogo José Luis Trujillo explica que el asma es una enfermedad inflamatoria crónica de las vías respiratorias, en cuyo origen intervienen varias células y mediadores de la inflamación, condicionada, en parte, por factores genéticos y que cursa con hiperrespuesta bronquial y obstrucción al flujo de aire de los bronquios, es decir, dificultad para expulsar el aire.
