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La violencia machista que no cesa

A plena luz del día y frente a numerosos testigos en la zona turística de Los Cancajos, un hombre sacó a su pareja a rastras del coche y la golpeo en el suelo frente a su hijo de apenas tres años. En La Palma siete mujeres y cinco menores viven protegidos

Un violento frenazo, el sonido de las ruedas quemadas sobre asfalto y humo. Todo en cuestión de segundos en plena avenida de Los Cancajos. Lo que parecía una accidente o el intento de colisión con otro vehículo no es tal: un hombre joven de no más de 40 años grita “sal del coche… que salgas del coche”. El hombre, delgado y con una estructura casi frágil es ahora un monstruo de implacable agresividad. Tira con fuerza de la cabellera larga y rojiza de la mujer, su compañera, que al mismo tiempo agarra al niño de no más de tres años, su hijo, su familia. “La tira contra el suelo y comienza a darle patadas en todo el cuerpo”. La ira es terrible.

Todo ocurre deprisa. Frente a numerosos testigos que toman algo en una terraza desde la que el drama se ve como un cuadro en movimiento que casi parece irreal. La mayoría de la gente se levanta, dos hombres cruzan la carretera, tratan de detener la agresión, algunos gritan que deje de pegarle. El hombre huye después de agotarse, y su mirada es ausente, como si su alma le hubiera abandonado. Una de las testigos ha llamado al 112. La joven mujer, la madre golpeada se incorpora llorando, busca a su hijo, al hijo de ambos y huye andando del lugar gritando que no llamen a la policía. Que nadie se meta.

La agresión se produjo a plena luz del día, frente a numerosos testigos. La policía fue avisada. | DA

“Los que la vemos ir pensamos en qué estado estará el niño, no tiene más de tres años, y ya hemos dado parte a la policía a la Guardia Civil y esperamos a que lleguen. Otras dos chicas jovenes que aún seguian en la terraza y que no dan crédito a lo que acaba de ocurrir, deciden ir por su coche para buscar a la mujer que acaba de ser brutalmente agredida por su compañero, pero especialmente a su hijo. Dónde habrán ido, dónde dormirán esta noche, volverá ella con su agresor. Solo se puede sentir miedo e impotencia y poner una denuncia, claro, que creo que la víctima no quiere que se ponga. Pero hay que hacerlo, hay que dar la cara”.

Así relata una de las testigos de la agresión los hechos. La policía no ha podido localizar el vehículo pese a la descripción, al parecer uno de los números o letras de la matrícula que la testigo dio no se corresponden con ningún vehículo de la provincia de esas características.

Quizás esta mujer – quieren pensar los que presenciaron la agresión- sea una de las 138 mujeres que el año pasado marcaron el teléfono del Dispositivo de Emergencia para Mujeres Agredidas en La Palma; quizás tras la agresión ya acompañe a las siete mujeres y los cinco niños que están protegidos, aislados, en el centro de acogida inmediata para mujeres ante situaciones de violencia de género que existe en la Isla. Pero también saben, a juzgar por su actitud, que es bastante improbable. Quizás pueda llegar a pedir ayuda antes de que, un día, sin más, su compañero y padre de su hijo, pueda arrebatarle la vida o golpearla hasta dejarle secuelas irreversibles, antes de que deje a su hijo huérfano y con la obligación de seguir viendo, en virtud de la legislación vigente, a su padre pese a ser su  asesino.

En La Palma existe, como en el resto del país, un problema de gran trascendencia con el maltrato, y parte de esa situación deriva de la aceptación de roles sexistas cronificados, que ven con peores ojos una falda muy corta que un “cállate la boca” pronunciado por un hombre a su pareja en la cola de un supermercado.

El silencio es cómplice del maltrato. Por eso el incremento del número de casos denunciados y atendidos ante los servicios de información de atención al maltrato no es necesariamente algo negativo, sino el reflejo de que cada vez más mujeres en La Palma eligen ser informadas y atendidas en el inicio de un camino que puede llevarlas al objetivo de dejar de vivir con su agresor.

Aunque los técnicos especialistas en la materia quieren evitar señalar a grupos de edad específicos a la hora de evaluar la situación, lo cierto es que de forma general se evidencia, y así lo afirman en privado algunos expertos con los que ha charlado este periódico, un alto grado de conformidad y hasta de transigencia entre los jóvenes con actitudes machistas de las que viene derivada la violencia machista y de las que pueden derivarse hechos delictivos.

Muchas jóvenes palmeras, como ocurre en el resto de Canarias y de España, toleran y consienten ser controladas por sus compañeros y novios. Pese a que la condena social por este tipo de actitudes de control sobre la mujer cada vez son más reprobadas socialmente, los comportamientos persisten, en muchos casos y por llamativo que pueda parecer, con pleno conocimiento por parte del entorno de las potenciales víctimas.

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