
Yo, periodismo fue el lema de la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad de La Laguna (ULL) cuando se implantó la titulación de Grado gracias al Plan Bolonia. La expresión era tan sencilla como acertada. Yo, periodismo. Dos palabras que no invitan, precisamente, a cursar cuatro años de carrera, sino a reafirmar la vocación del que sueña, como diría García Márquez, con ejercer “el mejor oficio del mundo”.
Al portuense Juan Cruz Ruiz lo convirtió en periodista la página de un periódico que su madre le hizo leer una y otra vez cuando era pequeño. “Ten cuidado, Juanillo, que los periodistas siempre llevan los calzones rotos por el culo”, le advirtió su padre cuando él se sintió identificado desde joven con lo que envuelve eso de Yo, periodismo.
Después de tantos años dedicados a la profesión (más de medio siglo), fue ayer cuando se preguntó ¿Por qué demonios queremos ser periodistas?, ante una sala casi llena de jóvenes alumnos, en su facultad, la de La Laguna. Intentó resumir su respuesta en una charla que duró más de una hora. El escritor y periodista, uno de los fundadores de El País en 1976, se encuentra en la Isla impartiendo el taller Vale la pena vivir para este oficio, un curso dirigido a una treintena de colegas “en formación”. Mientras Cruz hablaba, la sala tomaba notas. El ruido de los teclados hacía de banda sonora a su intervención. Eran los alumnos de primero de Grado, que redactaban los apuntes sobre los que serían examinados en la asignatura de Comunicación Audiovisual. “Solo soy un viejo, que quiere aprender del joven a ser mejor periodista”, les ayudó a resumir Juan Cruz.
Aprender. Quizá el verbo más utilizado en la conferencia. “Aprender se hace juntos y se hace siempre”. “Aprender no acaba nunca, es lo más extraordinario de este oficio, que todos los días es diferente, variado e interesante”. “Escribir bien es aprender de lo que otros han escrito: la poesía y el ensayo son fundamentales para contar historias”. “¡Hay tanto que aprender para dar una noticia! No basta con estudiar, hay que saber, hay que tener curiosidad”. “El periodismo no se estudia una vez, se aprende día tras día”. Y así, hasta el infinito. Frases que, a pesar de ser tan evidentes para el gremio, necesitan ser dichas en alto, para que no se olviden nunca, y más en estos tiempos de tanto desprestigio y de competencia desmedida.
Cruz habla con optimismo, porque cree, de verdad, que este oficio tiene futuro. Para él, la clave está en comprender que, si se estudia, si se contrasta, si se lee y si se da rienda a la creatividad, “el periodista siempre encontrará su espacio”. Él es su propio ejemplo. A pesar de los temores del padre con respecto a los calzones agujereados, el joven Juan Cruz fue valiente. Cursó Historia, trabajó en varios periódicos locales, estudió la carrera de Periodismo, se fue a Madrid, escribió para El País y lo sigue haciendo, firma numerosas obras literarias, redacta, investiga, busca, contrasta, lee. Hace todo aquello que un periodista debe hacer. “Soy un profesional con esencia vieja”, prefiere calificarse a sí mismo, pese a que el periodismo -o mejor dicho “el buen” periodismo- sea de la época que sea, se perfuma siempre con la misma esencia de responsabilidad.
“Todos los días, cuando afronto el tema que voy a tratar, cuando me siento ante la página, lo hago como si fuera la primera vez”, relata. Lleva a la duda como pareja y la defiende siempre. “Hay que preguntar y preguntarse para poder contestar al lector o al espectador con la verdad, porque la noticia no es cualquier cosa, es nuestra mayor responsabilidad con la sociedad”, reflexionó para todos los reunidos en la Pirámide.
En la conferencia, Juan Cruz dio sabiduría para manejar las armas con las que vencer al “mal entendido periodismo”: el de los rumores. “Si algo debe diferenciar al profesional del resto, es que nosotros no tomamos como cierto lo que viene a continuación del me dijeron que. Eso no tiene que ver con el periodismo”, subrayó enérgico. Y acusó a las tertulias de ser una bomba de relojería para la profesión. “Hay que tener claro siempre que comentar no es hacer periodismo”.
Para el portuense, las tertulias televisivas son espectáculo, y las que se abren a través de las redes sociales, una auténtica plaga. “La barra del bar se ha trasladado a Internet”. Con sus palabras espera que los que vienen ayuden también a ganar la batalla, como la ganó Albert Camus, con la publicación de Combat, en la clandestinidad, bajo la dominación nazi. Y como él, alzar la copa para festejar que “¡vale la pena vivir para este oficio!”. Una frase que dice siempre y que ya es su marca de identidad: es el título del taller que imparte hasta mañana en la ULL y también el nombre de su último ensayo, publicado en 2016. Cruz cuenta con el Premio Canarias de Literatura, el Premio Nacional de Periodismo Cultural y otros muchos reconocimientos a una carrera que siempre será, por los siglos de los siglos, para los mejores fondistas. Él, periodismo. Y como él, buscamos ser todos los demás.
