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‘Mobbing’, tarot y mucho machismo en el Arcano Mayor

Una sentencia por acoso laboral desvela la explotación de una tinerfeña, a la que pagaban 308 euros por 40 horas semanales
ARCANO MAYOR
Imagen publicitaria principal de la página de Facebook de Arcano Mayor, la empresa condenada por mobbing junto a su máximo responsable, Eduardo Tolaba (Derecha). FACEBOOK

Tenía categoría laboral como dependienta desde 2013, a razón de 10 horas semanales por las que percibía un salario bruto mensual prorrateado de 308,14 euros mensuales, pero lo cierto es que María (nombre ficticio) trabajaba duro a jornada completa, unas 40 horas semanales, tal y como ahora desvela una sentencia firme dictada por el Juzgado de lo Social Número 5 de Santa Cruz de Tenerife. El texto judicial es un compendio sobre el machismo, el uso del WhatsApp y, sobre todo, mobbing, mucho mobbing.

EL MACHISMO

Desde el principio de esos cuatro años de tormentosa relación laboral, el responsable de la empresa en cuestión (Arcano Mayor S.L.), Eduardo Tolaba Barros, se dirigía a María con el desprecio propio de términos como tonta y retrasada. También le indicaba que no sabía hacer determinadas actividades inherentes a su actividad laboral, como ahora se considera probado. “Era su mano derecha, su secretaria para todo”, explica María, para quien el trato vejatorio descrito era “un precio que tenía que pagar por ser una divorciada de 45 años con dos hijas. Hasta que no pude más”.

Sin duda, la clave de la sentencia pasa por los mensajes de WhatsApp. Aunque significativa, el fallo judicial no deja de ser una pequeña muestra de los 380 folios que dan fe sobre los mismos y que fueron aportados al sumario por el abogado de María, Manuel Borges González.

Por si fuera poco machismo el hecho de enviar a su secretaria a comprarle hasta la ropa interior (detallando talla, color, etc.), las muestras de tal conducta se multiplican con la lectura de estas conversaciones por WhatsApp:

-Eduardo: “Esa eres tú?”.
-Eduardo: “La de la foto?”.
-Eduardo: “Estás un millón más buena ahora”.
-María: “Qué foto?”.
-María: La del perfil?”.
(…)
-Eduardo: “Cómo has mejorado”.
-Eduardo: “Estás más vieja”.
-Eduardo: “Pero mejor”.

El asunto degenera hasta límites insospechados en otro cruce de mensajes recogido en la sentencia, también entre María y su exjefe. Eduardo, tras quejarse de los restantes trabajadores de la empresa, le envía este texto: “Y encima ni les he visto el conejo, un día las pongo a todas a que me lo muestren aunque sea. Porque según la India [sobrenombre de la pareja de Eduardo, que también trabaja en la empresa] todas follan conmigo (…) se me desnudan. Y Ana [denominemos así a la extrabajadora que también ganó a la empresa un juicio, aunque por despido procedente] no me folló porque no quiso (…) fue la única”.

EL TAROT

Así era, al menos por WhatsApp, el ambiente de trabajo en una empresa como Arcano Mayor S.L., negocio lo suficientemente boyante como para abrir tiendas en varios puntos de Tenerife e, incluso, otra en Gran Canaria. Con una plantilla aproximada de entre 7 y 9 trabajadores, se publicita como el mejor tarot de Canarias o tu centro esotérico en Canarias. En su página de Facebook se ofrecen soluciones ante asuntos como los problemas para conciliar el sueño o, incluso, por si se escuchan ruidos o se siente que alguien mueve las cosas en casa. Al fin y al cabo, reza la publicidad, “los rituales espirituales de Arcano Mayor contrarrestan cualquier maleficio o Magia Negra”. Otro mensaje singular publicitado en la web de esta empresa dedicada al esoterismo se describe solo: “¿Te sienta mal descargar tus problemas personales con tu familia y amigos? Visítanos, cuéntanos lo que te aqueja, y te diremos cuál de nuestros conjuros espirituales es el que más te conviene”.

EL ‘MOBBING’

“Te acostumbras a arrastrarte, él piensa que, porque es el jefe, puede hacer lo que quiera”, describe María sobre lo acaecido desde que en junio de 2013 comenzó a trabajar en la empresa. Y a sufrir, como detalla su abogado.

“El trato hacia la trabajadora era denigrante, lo que se podía comprobar por los mensajes de Whatsapp que intercambiaba con ella en los que se dirige, a la misma, como tonta, retrasada, mierda, etc., cuestión que se agrava con el tiempo. También le hace ir a comprar ropa interior y le hace alusiones a su físico de forma lasciva, así como hacia el de sus compañeras”, recuerda Manuel Borges.

Pero hay un antes y un después en esta historia: el juicio celebrado el año pasado por la demanda de otra trabajadora, a la que se le reconoció que había sido despedida de forma improcedente. “Me llevó al juzgado engañada y, cuando me di cuenta, me negué a declarar”, recuerda María. El resumen del abogado a ese respecto es que “le echan la culpa por negarse a declarar (con falsedad en testimonio) contra ella en el juicio. AI respecto, además de las charlas de WhatsApp, hay una grabación en la que se le recrimina el no cometer perjurio, así como que le va a descontar dinero del salario, todos los meses, para pagar el importe de la condena”.

Fue entonces cuando María, que ya se ha decidido a poner su propia demanda, se da de baja temporal por depresión y ansiedad “ante la presión sufrida”, recalca el letrado.

Para el juzgado, no cabe duda de que se dan todos y cada uno de los elementos necesarios para apreciar la existencia de una situación de mobbing o acoso laboral. En la preceptiva argumentación de la sentencia se considera probado que Eduardo, “prevaliéndose de su posición de superioridad con respecto a la trabajadora y en el centro de trabajo, lleva a cabo conductas que atentan contra la dignidad de esta, menoscabando su integridad psíquica y causándole un notable perjuicio, dando lugar a una situación de presión en la trabajadora que llega incluso a cortar su libertad, reprochándole incluso que hubiera perdido un procedimiento judicial de despido a otra trabajadora por su culpa”.

No resulta baladí para el juzgador que incluso se recrimine a María no solo directamente a ella, sino también a través de un grupo de WhatsApp colectivo, con la intención de ridiculizar a la trabajadora y generar un ambiente de hostilidad en su contra, al reprocharle, incluso, que no mintiera en juicio”.

El mensaje en cuestión era el siguiente: “Quiero que sepan que se celebró un juicio injusto en mi contra por Ana hace dos meses. Donde en el juicio había una testigo clave que se presentó ante el juez y dijo que no pensaba declarar porque se sentía indispuesta. Por ese motivo el juez dedujo que [María] estaba siendo obligada. Le resultó muy sospechosa esa acción y dio plena razón a (…) Ana va a terminar ganando sus aproximadamente 9.000 euros gracias a su denuncia y a la colaboración de María en el juicio”.

OTRA CONDENA EN 2016 POR DESPIDO IMPROCEDENTE DE LA MISMA EMPRESA

El mobbing que nos ocupa no es el primer revés que sufre la empresa Arcano Mayor S.L. en un juzgado de lo Social, ya que el año pasado se condenó a dicha firma por un despido improcedente que guarda relación directa con este caso.

SENTENCIA Y EFECTOS

Lo cierto es que Arcano Mayor y Eduardo han sido condenados a abonar a María 3.070,32 euros en concepto de indemnización por extinción de la relación laboral y de otros 6.000 euros por daños y perjuicios, pero el calvario sufrido no se lo quita nadie. “Al principio me cogía unas llantinas… Pero luego eran vómitos, diarreas… Al final hasta llegué a tener disfunciones en la menstruación por el pánico que me daba tratar con el que era mi jefe”.

La sentencia es firme, dado que no se ha recurrido.

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