
Por segunda vez en poco más de un mes se volvió a cerrar la playa de Las Teresitas por la presencia de bacterias. En esta ocasión el cierre duró menos que en el del pasado 24 de mayo, cuando durante tres días se recomendó no bañarse. El martes por la tarde volvió a pasar lo mismo, esta vez en los accesos 1 y 2 de la playa (justo en el lado contrario que la última vez), que permanecieron cerrados al baño hasta la tarde de ayer, cuando se reabrió después de comprobarse que los análisis eran correctos. La clausura de estos accesos se produjo por la presencia de enterococos (bacteria presente en los intestinos humanos) y que ayer ya había desaparecido. Esta situación, reconoció la primera teniente de alcalde, Zaida González, ha llevado a la Concejalía de Sanidad a abrir una investigación para analizar a fondo el origen de los contaminantes que están afectando a la playa. “Se estudiará cuáles son las acciones que hay que adoptar y seguir, así como la intencionalidad de estos contaminantes, viendo de dónde pueden provenir estos focos y así evitar que se sigan produciendo”.
Hipótesis
El edil del área, Carlos Correa, en el anterior episodio de contaminación se dirigió al puerto para conocer si era posible que los barcos fondeados frente a la costa descargaran sus tanques en el mar. Desde Capitanía se le respondió que los barcos procedían a esa operación en puerto, acción por la que además pagaban una tasa, por lo que descartaban que ese fuera el origen de la bacteria detectada en mayo.
La otra opción que baraja la Concejalía es que cuando haya mar de fondo se remueva algún tipo de residuo depositado en el lecho marino y acabe afectando a la playa. En cuanto al incidente del martes, según las fuentes consultadas es posible que se deba a la gran afluencia de gente a la playa con motivo de la celebración de la noche de San Juan.
Pero no solo Las Teresitas está sufriendo esta contaminación, puesto que, tal y como denunciaban la semana pasada usuarios de Las Gaviotas, hasta allí también han llegado manchas de aspecto oleaginoso y de color blanquecino.
En este caso temen que se trate de vertidos procedentes de los barcos que fondean enfrente de la costa, unos contaminantes que incluso, advirtieron, se adhieren a los cascos de las tablas de surf y las piraguas.
