
Por: Dulce Xerach Pérez / Pura Márquez
Veinte años no es nada, pero qué largos han sido para los que nos empeñamos en salvar de la demolición el Espacio Cultural El Tanque de Santa Cruz de Tenerife. Este antiguo depósito de refino de crudo construido en los años 50 del siglo XX ha sobrevivido como huella de patrimonio histórico industrial, convertido ahora en un centro cultural, en su enclave original, en el barrio de Cabo-Llanos de Santa Cruz de Tenerife, después de que, en el año 1997, el crecimiento urbano de la ciudad convirtiera la antigua zona industrial ocupada por la refinería de Cepsa en un barrio residencial.
Nuestra idea, como principales defensores de este espacio (a lo largo de todos estos años de batalla en silencio), fue conservar uno de los depósitos de crudo de la antigua refinería de Cepsa, mostrando la ejemplaridad de una pieza singular de carácter industrial a los ciudadanos. Hoy es un marco insólito e irrepetible de cultura que se ha convertido en un vestigio de la memoria industrial de la ciudad de Santa Cruz que lo acoge (aunque parece que no lo comprende).
El proyecto del Espacio Cultural El Tanque diseñado y construido por Fernando Menis (fue él y no otro quien lo descubrió y lo transformó), y por el que no cobró para ayudar a hacer el proyecto posible, se basó en conservar el aspecto esencial y original del depósito, resolviendo de una forma elemental la necesidad de acceso, buscando una calidad constructiva propia de una obra de carácter atemporal. Para ello se emplearon materiales reciclados de la propia refinería que estaba desmantelándose a su alrededor. Conforme avanzaba el desmantelamiento de la refinería se iban aprovechando otros materiales: grandes chapones que dieron lugar a la puerta pivotante de El Tanque, torres de luz que iluminan el espacio exterior, antiguos bidones de Cepsa convertidos en improvisados lucernarios, y un sinfín de pequeños elementos que encontraron un nuevo uso antes de ir al desguace. Algunos elementos de desecho fueron reciclados incluso para la escalera de la Casa MM, que Fernando Menis estaba construyendo por entonces. Como complemento, la actuación añade otro objeto extraño rescatado, un antiguo finger de pasajeros del Puerto de Santa Cruz de Tenerife, descontextualizado, que sirve de pasarela para acceso desde la calle.
Coincidiendo, en este 2017, con el 20 aniversario de este espacio cultural, declarado en 2014, después de 15 años de lucha, patrimonio industrial (Bien de Interés Cultural de carácter industrial), Fernando Menis ha recibido, por iniciativa de todos nosotros, los Amigos de El Tanque, el encargo del siguiente paso, relativo al proyecto para la rehabilitación del entorno del Espacio Cultural El Tanque y los Amigos de El Tanque, con la única ayuda de Miguel Ángel Clavijo, director general de Patrimonio Cultural del Gobierno de Canarias. Por ahora es un proyecto ignorado por el Cabildo de Tenerife y el Ayuntamiento de Santa Cruz y sobre el que queremos pedirles que por favor lo piensen y busquen los recursos necesarios, pues es, claramente, una de las oportunidades de mejorar un entorno que lo necesita y generar al mismo tiempo un nuevo producto de turismo cultural, simplemente con una acción low cost que dejará un nuevo parque verde en la ciudad. El proyecto del entorno propone la urbanización de todo el perímetro de El Tanque mediante la creación de una plaza-jardín de plataneras en toda la explanada de entrada, como reflejo del paisaje agrícola histórico que existió en esos terrenos previamente a la instalación de la refinería de Cepsa en esta zona, en la década de 1930, intentando algo que va más allá de la mera conservación y reutilización, operando desde una filosofía que permita al visitante leer un orden anterior, las huellas de la historia. Se trata de un proyecto paisajístico con alto contenido botánico que busca un acercamiento mágico, como si la naturaleza invadiera las ruinas industriales, la presencia abrumadora de este antiguo y gigantesco tanque de petróleo.
Resulta difícil encontrar instalaciones culturales en el panorama internacional con las cualidades espaciales, sonoras y sensoriales, así como con la versatilidad lumínica y escénica que lo definen.
Una de sus características más relevantes es la extraordinaria capacidad de inspiración creativa. Además, El Tanque es un espacio cultural que permite que el espectador no se sienta encorsetado y pueda moverse como desee, con absoluta libertad, llegando a formar parte del discurso expositivo.
Ahora queremos que su entorno sea igual de mágico que su interior y por eso, José Bermúdez y Carlos Alonso, les escribimos en nombre de todos los Amigos de El Tanque.
