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sobre el volcán

Casa por cárcel

Leopoldo López no está en libertad. Continúa preso, aunque ahora en su domicilio. Casa por cárcel, así se conoce en Venezuela esta medida de gracia, que también aplicaron el año pasado a Manuel Rosales, exalcalde de Maracaibo y líder de Nuevo Tiempo, cuando estaba en marcha la maquinaria de la oposición para convocar el referéndum revocatorio contra el presidente Nicolás Maduro.

Ahora, la oposición lleva tres meses de protestas en la calle, en una confrontación que se ha cobrado la vida de casi un centenar de personas. El Tribunal Supremo de Justicia, la trinchera donde el Ejecutivo se ha refugiado para contrarrestar a la oposición, toma además esta decisión la víspera del arranque de la campaña para la Asamblea Constituyente, cuya convocatoria se sacó de la manga el presidente para terminar de desactivar el Parlamento.

La salida de prisión de Leopoldo López es una buena noticia, pero creo que su objetivo no es otro que reducir la presión interna y externa que padece el Gobierno para ganar tiempo y perpetuarse en el poder, con una reforma constitucional hecha a su medida. No columbro razones para pensar otra cosa a pesar de este gesto, que más bien parece un golpe de efecto para intentar reanimar un Ejecutivo moribundo, que tiene sumido al país en la más absoluta miseria.

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