
Por Sergio Moreno
“No, Julio ya no está aquí; los dueños somos ahora nosotros”. Igor y Marta, quienes regentan ahora Flor de Tartas, no saben cuántas veces tienen que decir la misma frase cada día desde que reabrieron este emblemático local de Santa Cruz. Los antiguos clientes de La Alicantina llegan a su pastelería confiando en que el añorado Julio ha vuelto, y buscando los mismos postres de antaño.
Pero esta pastelería ya no es La Alicantina. Ahora se llama Flor de Tartas, abrió hace unas pocas semanas y se ha convertido en la comidilla del barrio. Incluso, sus propietarios han anunciado que “La Alicantina vuelve al Toscal como Flor de Tartas y con la misma esencia”. Es una joven pareja de italianos que lleva en la Isla unos diez años trabajando: Igor de camarero y Marta de pastelera. Aunque la relación era inexistente hasta que compraron el local, Igor cuenta cómo el antiguo dueño les está ayudando con el negocio. “No tenemos nada que ver con él, no somos familia ni éramos amigos, pero la verdad es que Julio nos ha ayudado mucho con el negocio, incluso, prestándonos la maquinaria para los postres”.
La situación les resulta cómica, pues todo el que entra a su pastelería da por hecho que el negocio es el mismo. Los efectos que esto provoca son enfrentados, según nos cuenta Igor. “La verdad es que nos da mucha publicidad de forma gratuita y es algo que tenemos que agradecer, pero por otra parte queremos diferenciarnos un poco de él”.
En cuanto a cómo será la pastelería a partir de ahora, admiten que su apuesta no puede diferir de la anterior. “Hay muchas pastelerías pero muy pocas tienen productos de calidad y menos aún tienen productos cien por cien naturales. Nosotros hacemos aquí todos los productos, todo es natural y no utilizamos ningún producto precongelado”.
Además, los postres estrella de La Alicantina tendrán su hueco también en la nueva Flor de Tartas, aunque algunos de ellos aún no los pueden preparar porque no tienen toda la maquinaria necesaria, pero esperan recibirla en unas semanas.
La contradicción no quita la admiración de los jóvenes pasteleros italianos, quienes aseguran que les habría encantado aprender de su predecesor en este local emblemático de Santa Cruz. “Sabemos que antes de cerrar, Julio estaba buscando alguien a quien enseñarle para no cerrar, pero nosotros no lo sabíamos. Marta ya era pastelera desde antes”, cuenta Igor, mientras su compañera prepara galletas. “Pero desde luego -concluye- nos habría encantado aprender de él; se nota que la gente le quiere mucho por aquí”.
