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Estévanez, ese revolucionario

El tinerfeño, que fuera ministro en la I República, rechazó el mismo cargo durante la Monarquía, dejó el Ejército por el fusilamiento injusto de unos estudiantes, participó en el atentado contra Alfonso XIII y quiso alistarse en Francia al empezar la I Guerra Mundial
El historiador Nicolás Reyes, biógrafo de Estévanez
El historiador Nicolás Reyes, biógrafo de Estévanez . / SERGIO MÉNDEZ

La figura del poeta, militar y político español Nicolás Estévanez Murphy, un tinerfeño nacido accidentalmente en Las Palmas de Gran Canaria el 17 de febrero de 1838, es la de un revolucionario desde el principio de su actividad pública hasta el fin de la misma, al poco de iniciarse la I Guerra Mundial, en la que quiso participar solicitando su simbólico alistamiento en el Ejército de la República francesa poco antes de que falleciera. Ahora, la trayectoria de este singular personaje vuelve a brillar con luz propia gracias al trabajo del catedrático de Geografía e Historia Nicolás Reyes González (Santa Cruz de Tenerife, 1945), profesor asociado de la Universidad de La Laguna, investigador y presidente de la Asociación Cultural Desde la Sombra del Almendro. Sus dos tomos sobre la vida de Nicolás Estévanez suponen un detallado y riguroso repaso a esta biografía nada común. No en balde, hablamos de quien fuera ministro durante la I República española, pero rechazó tal cargo cuando se le ofreció al retorno de la Monarquía. Los contactos con Secundino Delgado, la estrecha relación que mantuvo con Francisco Pi y Margall, su adiós a la carrera militar por el injusto fusilamiento de ocho estudiantes en Cuba y la aportación que hizo al frustrado atentado contra Alfonso XIII confirman que no hablamos de un personaje convencional, precisamente.

“Participó en el atentado, pero no hay pruebas de que fuera él quien trajera los explosivos o algo determinante para la bomba que utilizó Mateo Morral contra el rey Alfonso XIII el día de su boda”. La conversación con Reyes arranca sin rodeos en el afán de aclarar este controvertido hecho de la vida de Estévanez. Explica el biógrafo que los único probado a ese respecto es la reunión previa celebrada en Barcelona, para la cual Estévanez se desplaza desde París, y en la que también participan el propio Mateo Morral, Alejandro Lerroux (que luego sería presidente de la II República) y Francisco Ferrer y Guardia, posteriormente fusilado como instigador de la Semana Trágica acaecida en la Ciudad Condal. “Es posible que trajera la bomba”, dice Reyes, “pero solo hay constancia cierta de que tal reunión se produjo y nada más, es la realidad”. Para reforzar sus palabras, recuerda Reyes que en el proceso judicial abierto a cuenta del atentado, del que la pareja real salió ilesa, pero se cobró la vida de 25 personas, solo se vieron involucrados Morral y Francisco Ferrer y Guardia.

Las claves para saber cómo llega Estévanez a relacionarse con esta vanguardia del anarquismo en nuestro país pasan por la relación del canario con Pi y Margall, del que fuera mano derecha (“o izquierda”, apunta con sonriente malicia el biógrafo”) hasta el fallecimiento del catalán. “Estévanez, como Pi y Margall, era un federalista convencido, más concretamente, partidario de una confederación donde las naciones tuvieran la libertad de sumarse o de irse, y se encontraba ideológicamente a la izquierda del propio Pi y Margall. La estrecha relación de ambos es el nexo con el anarquismo, dado que Pi y Margall es uno de los primeros que traducen al castellano las obras de Proudhon [Pierre-Joseph, uno de los padres del pensamiento anarquista junto con Bakunin, Kropotkin y Malatesta], ya en año tan temprano como era 1855”, detalla Nicolás Reyes, para a continuación recordar que, por aquel entonces, “el anarquismo y el federalismo presentaban muchos puntos de contacto desde la perspectiva autonómica y del respeto al derecho a la autodeterminación partiendo como base la voluntad popular”.

Incide el historiador al respecto que, para Estévanez, la nación es una creación del pueblo, y solo el pueblo es quien decide si estamos ante una nación o sobre su modo de relacionarse con otras. Llegados a este punto de la conversación, es inevitable preguntar al experto si el tinerfeño se encontraría cómodo con la “nación de naciones” planteada por el hoy secretario general del PSOE, Pedro Sánchez: “Si tenemos en cuenta que Sánchez lo plantea [el concepto de nación] como una creación cultural, podrían entenderse, pero no olvidemos que hablamos de épocas muy distintas. Desde luego, con los que Estévanez estaría en total desacuerdo sería con los independentistas; es más, ya en su época mostraba su rechazo hacia los catalanistas porque no aceptaban el pactismo, que entendía imprescindible en unos tiempos donde no se hablaba más allá del regionalismo, por cierto”.

LA VISITA

Nicolás Estévanez Murphy

Y, sin embargo, Nicolás Estévanez no dudó en visitar a Secundino Delgado en prisión. “Pero no fue una visita de un partidario de la independencia de Canarias o de un nacionalista canario a otro. Porque a Delgado no fueron a visitarle en tropel los nacionalistas canarios, precisamente; más bien lo contrario. Las coincidencias entre Secundino Delgado y Nicolás Estévanez pasan por sus simpatías revolucionarias, su interés por cambiar las cosas en beneficio de todos, no solo de los canarios”.

Estévanez empieza como militar y termina conectado a los círculos anarquistas. Cuestionado sobre si fue evolucionando con los años hacia posturas más radicales, Reyes niega la mayor y afirma con rotundidad que “se trata de un revolucionario, desde el principio hasta el fin de sus días, más allá de que, con el paso del tiempo, fuera más consciente de la realidad sobre determinados temas”. Como ejemplo, el biógrafo recuerda su faceta militar. “Ingresó en la Academia de Toledo, donde curiosamente coincidió con Valeriano Weyler, al que considero en las antípodas de Estévanez personal y profesionalmente. Luchó en Marruecos a las órdenes de Prim, que luego le ofrecería ser ministro, aunque lo rechazó. Se le describe como un oficial preocupado por las condiciones de la tropa y ajeno a las luchas por subir en el escalafón. La mejor prueba de su personalidad fue el episodio de los estudiantes de Medicina cubanos, condenados a un fusilamiento que Estévanez denunció por injusto y, a raíz del cual, puso fin a su trayectoria en el Ejército”.

El fallecimiento de tan llamativo personaje de mediados del siglo XIX y principios del XX se produce en París, al poco de estallar la I Guerra Mundial. “Murió pobre, hubo que hacer una colecta para pagar el funeral, pero seguía siendo el mismo, ya que intentó alistarse en el Ejército de la República francesa para luchar contra los imperios europeos”, resalta Nicolás Reyes.

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