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Pablo Carbonell: “Cuando canto ‘Mi agüita amarilla’ me creo una diva”

Pablo Carbonell llegará a la Isla este mes con su banda Los Toreros Muertos, tan relevantes durante La Movida madrileña en los 80 y autores de clásicos como Mi agüita amarilla. En el marco de su Nuevo Chou, pasarán por Tenerife el viernes de la próxima semana, día 28, en La Cascada, en la capital tinerfeña. Así lo contó ayer Carbonell al DIARIO:

-¿Qué traerán Los Toreros Muertos a Tenerife?
“Nuestras pretensiones siempre son las mismas: desenroscarle la cabeza a la gente y que se vayan a casa dándole pataditas. Después de todo este tiempo juntos, seguimos presentando música desinhibida, una actitud diferente en el escenario. Yo suelo transitar de un personaje a otro, enloquezco. Todo puede pasar, si salimos al escenario y vemos a gente mayor de 80, pues presentamos un concierto de boleros. Queremos que la gente se lo pase bien”.

-¿Interpretarán temas tan populares como Mi agüita amarilla? ¿Cómo nació este clásico?
“Ya lo pensaremos. Cuando hice esa canción era payaso en Rock-Ola. Entonces se me ocurrió hacer un grupo que se riera de los conceptos habituales de las canciones y los estilos. Escuché un grupo, la Orquesta de las nubes, que decía que hacía música acuática, y para definir ese género, para reírme de eso, hice esta canción. La gente ha llegado a comprender que Mi agüita amarilla es una reflexión sobre la propia creatividad, una burla al autor solemne. Yo cuando la canto me creo que soy una diva de la canción”.

-¿La locura para sobrevivir es mejor?
“Y no te creas que me esfuerzo mucho para no parecerlo. Lo que pasa es que me encanta expresar todo aquello que me gusta. Por esa razón subo al escenario, para contar lo que pienso y siento, para criticar algo o, al menos, para mofarme. La gente suele decir que estoy loco, pero ya se va reconociendo el grado intelectual de Los Toreros Muertos y su capacidad demoledora”.

-¿Cómo podríamos definir a Los Toreros Muertos? ¿Un grupo de rock, una compañía de clown?
“Es un grupo iconoclasta que se burla de los patrones habituales de los grupos. Somos unos sátiros”.

-¿Qué pasó en 1992 para que se separaran y qué pasó hace unos años para que volvieran?
“En el 92 yo tenía una fuerte depresión por muchas razones, a parte de la crisis del petróleo [ríe]. Pero, en general, no era capaz de superar las propias expectativas que se crearon con el propio grupo, después tuve enfrentamientos con las radiofórmulas y estábamos con una actitud muy negativa. Habíamos girado en exceso, nuestros cerebros estaban arrasados, la negatividad parecía una actitud diligente y hubo que echar el cierre. Luego llegó el aniversario y no se nos ocurre otra cosa que grabar un disco en directo, entonces descubrimos que el público seguía ahí y que el humor había sido una especie de conservante. Desde entonces seguimos disfrutando”.

-Dentro de la locura de la década de los 80 y La Movida madrileña, ¿hay algo de lo que se arrepienta?
“La vida es demasiado corta para arrepentirse de cosas. Volvería a hacer exactamente lo mismo, pero intentaría saber mucho antes que tenía que tomar clases de canto, habría aprendido a tocar la guitarra y me habría bebido 5.000 güisquis con Coca-Cola menos, habría intentado aprovechar un poco mejor el tiempo. Es una enfermedad propia de la adolescencia creer que la vida es eterna y ahora que he pasado los 50 me doy cuenta de que pude haber aprovechado mejor el tiempo”.

-¿Es filosofía en Los Toreros Muertos eso de “sexo, droga y rock and roll”?
“Sexo sí, pero droga no. Para como estaba la gente en aquella época, ni punto de comparación. Afortunadamente, entendí muy rápido que si se mezclaba esta profesión con las drogas sería mi muerte. He podido escribir algunas cosas en las bajadas de algunas sustancias, pero, por ejemplo, la cocaína a mí no me ha funcionado. Me como mucho el tarro como para consumir una droga que me vuelva más cerebral. Yo subo al escenario para sentir y eso me resta”.

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