
Llama la atención que teniendo una playa de arena negra a pocos metros de distancia, la inmensa mayoría de los bañistas elijan el Charco Azul para disfrutar del mar en San Andrés y Sauces. No es raro durante el verano encontrar las piscinas naturales abarrotadas de público, mientras en la playa de Puerto Espíndola, que experimentó hace unos años una mejora importante, dotándola de arena, protegiéndola con un dique y ampliando su perfil, solo hay cinco o seis familias, sobre todo turistas.
¿Por qué no ha calado esta playa, de 200 metros de largo, próxima a las instalaciones portuarias, entre la población? El alcalde de la localidad, Francisco Paz, tampoco se explica muy bien esta circunstancia de una zona de baño que se creó como un reclamo potente de la costa de la localidad norteña, en una actuación conjunta que remodeló el refugio pesquero y construyó el paseo marítimo entre San Andrés y el Charco Azul.
“La playa es cómoda y segura”, indica Francisco Paz, si bien señala que existen todavía una serie de deficiencias que están trabajando con Costas para resolverlas.
La realidad es que el dique sumergido que se instaló para la playa no está cumpliendo su función, lo que provoca que se lleve la arena para el interior o la deposite en la misma carretera. Esto genera la aparición de las piedras originales, lo que incomoda el acceso a la playa, pese a que el Ayuntamiento ha procedido a su retirada. Además, en 2015 se llevó a cabo una importante aportación de arena por parte de Costas.
De momento no está definida la solución del dique. En principio, la idea era que creciera en altura para frenar el oleaje, pero desde Costas se ha planteado que lo haga a lo ancho. En cualquier caso, Francisco Paz señaló que se va a efectuar un estudio para conocer cuál es la mejor solución. En esta anualidad, Costas tiene previsto intervenir en la pequeña plaza que se encuentra a la entrada de Puerto Espíndola, de manera que este entorno gane estéticamente y permita tener una visión del mar.
MIX DE RAZONES
José Tomás Rodríguez, ingeniero técnico de Obras Públicas y natural de San Andrés y Sauces, conce bien este entorno, entre otras cosas porque su proyecto de fin de carrera versó sobre Puerto Espíndola. Sostiene que esta desafección hacia la playa frente al Charco Azul obedece a “un conjunto de razones”, que van desde aspectos más subjetivos o culturales a otros más materiales.
“El uso y costumbre de la población del Charco Azul frente a la playa; la comodidad que lleva aparejada no tener que sacudirnos la arena; la seguridad para niños en piscinas frente a bañarse playa; un mayor grado de conocimiento de las piscinas naturales, o el desapego a las playas con oleaje fuerte”, son algunos de los motivos que, a su juicio, inciden en esta clara preferencia de los bañistas por el Charco Azul.
En este último aspecto, incide en la necesidad de levantar la cota del dique en un metro, que se construyó con el fin de sustentar la arena y que cuenta con una longitud de 110 metros. En este sentido, destaca la necesidad de mejorar la protección de la “sobreelevación de olas que se dan en el contorno y entran a la bahía de la playa”.
CASTILLETE
Uno de los motivos que pueden estar influyendo en que la playa de Puerto Espíndola pierda arena es la existencia del conocido como Castillete. Una pequeña construccón, en medio de la playa, que es un vestigio de la protección del antiguo embarcadero.
Costas, según nos ha informado el alcalde de la localidad saucera, entiende que este muro impide el despliegue de la ola, lo que también contribuye a la pérdida de arena.
El ingeniero José Tomás Rodríguez de Paz es partidario de su conservación porque le da “carácter al paisaje”. “El Castillete le da rasgos diferenciales con respecto a otra playa . Creo que es un valor a preservar, habiendo otras soluciones técnicas”.
