
Para definir a Sami Naïr habría que emplear un término de telenovela: el politólogo francés es un galán. Llega puntual a la entrevista, elegante, simpático, con ganas de ofrecer siempre su visión de las cosas con el respeto propio del bien educado, del sabio. Sobre la actualidad mundial tiene una opinión bien fundamentada, que no se consigue solo con la lectura diaria de la prensa. Se precisa experiencia vital para entender al mundo y a Europa como él lo hace. No es para menos. Fue asesor del gobierno de Lionel Jospin (ex primer Ministro de Francia) de 1997 a 1999 y europarlamentario hasta 2004. Este encuentro con DIARIO DE AVISOS coincide con las cruciales elecciones en Alemania. Establece su residencia en la Isla durante los próximos tres meses, invitado por la Universidad de La Laguna, para ofrecer una serie de conferencias y ser protagonista de algunas mesas de debate. “Estoy muy contento con la Universidad. De verdad agradezco inmensamente el poder estar aquí y espero estar a la altura”, se apura a señalar al principio de la entrevista y lo recuerda al final.
-¿Qué significa Tenerife para usted?
“Tenerife me recuerda mucho a Venezuela y a Cuba, aunque tiene su lado particular. Estamos junto al continente africano, pero al mismo tiempo el fondo europeo es muy notable. Es una mezcla que da idea de lo que podría ser una Europa mestiza, totalmente integrada en sus diversidades. Aquí se siente esa diversidad, y al mismo tiempo, la unidad, el compartir valores comunes. Hay una relación armoniosa entre rasgos culturales diferentes, y eso, para mí, es el porvenir de la civilización: las buenas relaciones entre las identidades”.
-Para usted, que estudia y trabaja precisamente sobre eso, imagino que Tenerife debe de ser entonces un objeto de estudio interesante…
“Así es, Tenerife es un terreno para la experimentación. Me interesa mucho valorar desde aquí cómo es posible una cultura abierta a Europea, a través de la tradición turística. La identidad cerrada es una falsa identidad, es la del odio y la separación; la identidad verdadera, la civilizada, es la abierta, la que considera que la frontera no es el otro sino siempre el yo que debe superarla”.
-Precisamente la identidad es ahora un tema de máxima actualidad en España. ¿Cómo ve usted la posibilidad de la separación de Cataluña del Estado español?
“Este es un tema que siempre me plantea muchos problemas, porque me parece que es, en su fundamento, extremadamente complejo. Es un asunto histórico, cultural, geopolítico, social y económico. Para mí es muy difícil juzgar porque, en este caso, no tengo todos los datos. No obstante, me parece muy peligrosa la polarización. España es un país con identidades diversas y que puede solucionar democráticamente sus problemas a través del diálogo. Lo que veo ahora no me gusta para nada, porque en vez de diálogo, tenemos enfrentamientos, y yo estoy convencido de que así solo se puede llegar a otros enfrentamientos. Soy consciente de la extraordinaria complejidad de las pretensiones de separación en Cataluña, pero no puedo dejar de sentir un gran malestar sobre este asunto”.
-¿Qué sería más democrático en este caso un diálogo político o un referéndum?
“En caso del referéndum, no entiendo si se trata de reformar la Constitución o de decidir sobre la independencia. Si es un referéndum para cambiar la Constitución, deberá entonces convertirse en una consulta nacional; si es un referéndum para la independencia, legalmente, según lo que conozco de la Constitución española, está prohibido”.
-España ha pasado de ser uno de los “patitos feos” de la economía europea, a ser uno de los países que se ha recuperado más rápidamente de la crisis. ¿Augura un mejor porvenir? ¿Se debe a las políticas de derechas, a una cuestión de marketing o a una mejor situación global?
“No comparto la idea de que España sea un motor económico europeo. Creo que se ha recuperado, pero sus fundamentos no son buenos: un país con una deuda que supera el 100% de su PIB no se puede considerar un motor, un país en el que hay más de 5 millones de parados no tiene buena salud, en el que el comercio exterior no es competitivo no se puede decir que vaya bien. No obstante, España tiene muchas capacidades, pero no ha solucionado su problema fundamental. La crisis de 2008 ha generado una desestructuración del sistema económico y social grave, y hace que ahora una generación entera esté trabajando en condiciones peores que en la década de los 90, con sueldos más bajos, con una precariedad salarial muy grande, con grupos cualificados que han tenido que emigrar. Para mí esa consideración de motor económico es tan solo una invención ideológica. Si la situación se ha mejorado un poco, claro está, es por los esfuerzos económicos realizados en los últimos años, pero son esfuerzos en detrimento de la justicia, en detrimento de la integración social, y al mismo tiempo, hay que añadir que la situación ha mejorado porque España está aprovechando la política quantitative easing (expansión cuantitativa): los incentivos financieros del Banco Central Europeo, que cada seis meses da dinero al país, pero eso no va a durar mucho tiempo, porque el próximo año tendremos un nuevo presidente del Banco Central, que será el expresidente del Bundesbank, de Alemania, y ahí veremos si se conseguirá que los alemanes acepten que sigamos con esta política de apoyo financiero a países en situaciones difíciles. Estoy seguro de que España puede ser una potencia importante en Europa, cuando aprenda a repartir con más justicia sus riquezas”.
-Alemania elige hoy su futuro político. Merkel lidera todas las encuestas. ¿Qué supondría para Europa un nuevo mandato de la canciller?
“Lo que ocurra hoy es la cuestión más importante en Europa. Todo depende de los márgenes con los que Merkel gane. Si gana con amplios márgenes, sobre todo, a las fuerzas de extrema derecha como la Alternative für Deutschland (AfD) un partido euroescéptico, probablemente no habrán grandes cambios y Wolfgang Schäuble siga siendo el ministro de Hacienda, que es el piloto de la política económica europea. Si gana con unos márgenes débiles, eso puede provocar un cambio hacia una política social que llamaré de chovinismo económico. El gran pensador alemán Jürgen Habermas criticaba, ya en los años 90, el chovinismo de la prosperidad alemana. Podemos volver a una situación igual, en la que los alemanes pueden decidir pensar primero en sus intereses y en sus propios conflictos con la extrema derecha y ya “el resto se verá”. Puede ser, en definitiva, un repliegue. Si gana con márgenes importantes, creo que seguirá con las mismas políticas matizadas con las sugerencias de Macron, sobre todo, en cuanto a la gestión del euro y de la política financiera europea, y la creación de un ministerio de Hacienda europeo, probable profundización del proceso europeo y un fortalecimiento en las relaciones franco-alemanas, de la coordinación de ese eje. El caso es que nadie puede decir lo que va a pasar. Los sondeos exponen a una Merkel victoriosa y yo creo que va a ganar, pero no sé con estos márgenes. Lo que es seguro, es que no podemos seguir así”.
-¿Cómo no puede seguir Europa?
“El bloqueo actual no puede continuar. Hay desacuerdos en todos los grandes problemas. Existen desacuerdos sobre la manera de gestionar el euro, y en este sentido, habrá que tener una discusión franca después de las elecciones alemanas. Hay desacuerdo grave sobre la política de austeridad que está ahogando a países como España, Italia, Grecia, Francia, es decir, una política que hace de los tres criterios de Maastricht (de la inflación, del crecimiento y de la deuda pública), unos criterios demasiado rígidos que para respetarlos tenemos que destruir cada vez más las políticas públicas de cada país y eso no puede seguir así. En Francia es imposible que las cosas sigan así. Han destruido una parte importante del sistema sanitario, del sistema educativo, y no se puede cortar y cortar, y no crear puestos de trabajo en nombre de la austeridad presupuestaria”.
-¿Es un hecho consumado el brexit?
“El brexit es una cuestión interesante. Creo que la Unión Europea tiene tres problemas graves y el más grave ahora no es la situación económica, es el brexit. Los medios de comunicación y los gobernantes europeos han enmascarado ese problema, lo esconden, pero es gravísimo, porque es la segunda economía de la UE, es una potencia clave en el proceso geopolítico europeo y lo que hay que entender es que si Gran Bretaña puede irse de Europa, relativamente hablando, Europa en realidad no puede irse de Inglaterra. Inglaterra puede, incluso estando fuera de la UE, coaccionar en muchos sectores. Necesitamos entonces salir de esa visión de revancha, de esa visión de enfrentamientos, y encontrar un acuerdo de salida digna o de mantenimiento de condiciones específicas con Gran Bretaña. Nunca Europa tendrá la seguridad suficientemente desarrollada para poder decir que puede vivir sin Gran Bretaña. Les necesitamos, dentro o fuera, pero les necesitamos. Y por eso, el papel de las élites políticas no es incrementar el odio, el pueblo ha decidido y hay que respetar su decisión. Ahora hay que buscar un acuerdo”.
-En uno de sus últimos artículos de opinión usted sentenciaba que “el ISIS estaba perdiendo la guerra”. ¿Qué le lleva a esa conclusión?
“Creo que el ISIS hubiera podido perder la guerra mucho antes, la cuestión es saber por qué está perdiendo la guerra ahora. Y es una cuestión muy sencilla: un acuerdo entre los rusos y los americanos, nada más, porque Trump ha decidido dejar a los rusos solucionar el problema con el ejército de Al-Asad. Antes, los americanos no querían eso. Ahora cada uno bombardea en su parte. Los sirios por una parte, los americanos por otra y los rusos van por tierra. Así que el ISIS tiene unos meses de vida, nada más. Es un conflicto que hubiera sido solucionado muy rápidamente pero no hemos hecho lo suficiente para ello, las grandes potencias no se pusieron de acuerdo. Vamos a llegar, probablemente, en Siria, a una paz rusa, porque son ellos los que aportan la mayor dimensión militar, en términos de intervención en el terreno y han reconstruido al ejército sirio. El ISIS se va a diseminar en dos direcciones: primero mantendrá los atentados, porque es un enemigo imposible de identificar, y por otro lado, se van a replegar en Afganistán, donde los americanos están de vuelta. No obstante, es un problema que no se puede solucionar sin atacar antes a las causas del terrorismo. Causas que son bien conocidas: la destrucción del estado iraquí por parte de los EE.UU. en 2003, de ahí sale al-Bagdadi, el emir del ISIS. Luego se han aprovechado de la Primavera Árabe y de la crisis en Siria para albergarse ahí, porque el Estado sirio no tenía forma de luchar contra ellos”.
“Hay que reconstruir un sistema regional sólido, en Irak y Siria, eso supone un gran acuerdo entre las grandes potencias, esencialmente entre cuatro: Rusia, Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia, que son las que intervienen militarmente ahora. Y, por supuesto, con Irán. Ahora lo que hace Trump, de intentar renegociar el acuerdo nuclear con Irán es peligrosísimo, porque si volvemos a este tema, Irán se colocará como un nuevo agente en la carrera nuclear, y son los iraníes un elemento clave en el conflicto en Siria, pueden desatar una guerra civil con los chiítas. Hay que integrar a Irán en el acuerdo para conseguir la estabilidad de toda la región”.
-Y en cuanto a la cuestión nuclear. Estados Unidos y Corea del Norte parecen ser otra bomba a punto de explotar…
“No sé todavía cuál es la parte de juego y la parte que va en serio en este asunto. La que va en serio es la posibilidad para Corea del Norte de conseguir rápidamente la capacidad balística para alcanzar a los países occidentales. Ahora la tiene para Japón, para la Isla de Guam y probablemente para otros objetivos, pero no es competitiva. La parte teatral es lo que se llama en estrategia nuclear, “la subida a los extremos”. Subimos en enfrentamiento verbal, con amenazas cada vez más fuertes, hasta llegar a un punto en el que no se puede aguantar más y se produce el estallido. El problema de Corea del Norte es económico, quieren acabar con el embargo. Las sanciones económicas han tenido efectos dramáticos en su gente y su militarización del conflicto solo busca reducir esas sanciones”.
-¿Hay que quitarle el Premio de la Paz a Aung San Suu Kyi?
“Este es un tema que sale ahora a la luz, pero que siempre ha existido. Se habla ahora de los rohingya porque la ONU los ha calificado como la comunidad más oprimida del planeta, sobre todo, desde la dictadura en 1970. En ese año, y este dato es fundamental para entender la situación actual, le quitaron la ciudadanía y prácticamente todos los derechos a esta comunidad. Hay allí un racismo confesional desarrollado, en gran medida, por los militares, apoyados en el clérigo budista. Aung San es emblema de la ideología común de su país, esto es, una persona que no quiere a los rohingya. Ella ha llegado a la presidencia gracias al apoyo del clérigo y, en consecuencia, gracias a las relaciones de estos con los militares. Aceptó ser presidenta en un período de transición hacia la democracia, pero estoy seguro de que eso no llegará”.
“Tengo la convicción de que Aung San, con sus maniobras, un poco sucias, terminó cayendo en la trama de los militares, que siguen matando a niños, mayores, mujeres y hombres rohingyas. Pobre mujer, poco política, que solo responde cuando la ONU criticó su labor. Hace unos días aparecía muy molesta en los medios de comunicación diciendo que iban a aceptar la vuelta de los rohingyas, y aquí la trampa: podrían volver los ciudadanos. Recordemos que ellos no tienen ciudadanía desde 1970, por lo que no podrán entrar. Ella políticamente ha muerto, y no es la primera vez que un premio Nobel de la Paz muere antes de fallecer literalmente hablando”.
